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Dover graba su quinto disco en Madrid y lo presentará en directo a finales de noviembre. Octubre 2003

Ante todo… concisión

Corto, conciso. Son las palabras que utilizan los miembros de Dover para definir su reciente “The flame”. El disco, que se pondrá a la venta a finales de octubre, apenas supera los treinta minutos e incluye doce cortes que evitan cualquier arreglo superfluo. Además, ha sido grabado en Madrid, rompiendo la norma de la banda de cruzar el Atlántico para realizar sus álbumes una vez que firmaron con Chrysalis.

Evolución. Esa parece ser la palabra mágica que siempre utilizamos quienes escribimos acerca de los grupos musicales. Es un término tan abstracto que igual lo usamos para presentarlo como virtud que como defecto. Básicamente, sirve para decir que una banda no se repite cuando hace un álbum, que no se limita a copiar fórmulas exitosas que ya han sido probadas. Cuando el resultado mejora (a nuestro gusto, claro) decimos que la evolución es buena; cuando muestra un cambio de rumbo sin veleta en el que el artista va picoteando para ver lo que vende o no vende lo consideramos malo. Sí: es una palabra “recurso” de ésas a las que nos aferramos por mala costumbre. Y es lógico que aparezca por algún lado cuando se habla de Dover.

Los madrileños son de quienes ya no tienen problemas para considerarse consolidados y su reto, en buena lógica, es ir mejorando en cada entrega reafirmando un estilo propio y ampliando su repertorio con temas que puedan quedar. “The flame”, su último álbum, acierta en ese sentido. Después de entregas que apuntaban hacia un terreno guitarrero y poderoso como “Late at night” (99) y “I was dead for seven weeks in the city of Los Angeles” (01), “The flame” es una pildorita que rompe con el esquema y que apunta al esqueleto de las canciones. “Queríamos ser más concisos. Creo que ésa es la palabra: concisión. Pasar de irnos por las ramas y evitar cualquier rollo superfluo. Queríamos ir a la canción, a la melodía, evitar todo lo que ésta no pidiera”, dice Cristina Llanos, la vocalista de la banda y una de sus principales compositoras. El disco es como una fusión entre pasado y presente: cuenta con temas apisonadora (“My fault”, “Die for r&r”…), pero abunda en piezas de medio tiempo que no evitan, ni siquiera, el tratamiento acústico (“Someones else’s beb”). Es una colección que deja con ganas de más (el disco no llega a los cuarenta minutos y ninguna canción supera los tres) y que ha supuesto el regreso de los madrileños a los estudios españoles, algo curioso si tenemos en cuenta que sus dos últimos discos (grabados, como éste, con medios de multinacional) fueron realizados en Estados Unidos. “Nos resultaba más cómodo y era una cosa que ya habíamos pensado alguna vez. De hecho, ya lo intentamos en otra ocasión y fue el productor anterior, Barret Jones, el que no quiso trasladarse a España. Fuimos para allá y, después de cómo lo pasamos con la grabación de ‘I was dead…’, decidimos que el siguiente queríamos grabarlo aquí. Hay veces en las que es conveniente aislarte para trabajar; te reconcentras y todo eso, pero esta vez deseábamos lo contrario: queríamos ir a dormir a casa, que los amigos pudieran pasar por el estudio… Se lo dijimos a Rick ¡y él pretendía que nos fuéramos tres semanas a grabar a Australia! Le dijimos que no: que se viniera para acá, que habíamos encontrado un perfecto estudio casi al lado de casa”. Quien habla así es Amparo, la hermana de Cristina y la segunda parte (tanto monta, monta tanto) del proceso de composición de Dover. Y a quien se refiere es a Rick Will, el responsable de la producción en “The flame”. “Siempre ha sido igual; es como tener un pálpito. Cuando elegimos al productor es porque conocemos su trabajo y hay algo en él que pensamos que puede conectar con nuestra música. A Rick le conocimos cuando mezcló ‘I was dead…’ Nos gustó muchísimo su trabajo y, además, nos cayó bien. Llevarte bien con el productor es fundamental porque sabes que siempre, en la grabación, van a surgir cosas y vas a tener tus más y tus menos”.

Juntos, grupo y productor, han terminado de dar forma a unas canciones que se empezaron a componer en el mes de noviembre pasado y que han necesitado, entre pitos y flautas, casi un año para ver la luz. Al final del proceso, todo se ha planteado directo, sin concesiones, mucho más fácil para el oyente y con reminiscencias de canciones anteriores que fueron creando ese estilo Dover tan característico. “Estuvimos componiendo desde finales de noviembre hasta abril. Luego, como se retrasó la grabación, hicimos otras tres canciones que nos salieron con facilidad y que decidimos incluir en el disco. ‘The flame’, por ejemplo, la canción que es primer single y que da título al álbum, salió de las últimas. Con eso se nos han quedado tres canciones fuera, de ésas que, al elegir, nos planteaban dudas sobre si las habíamos terminado bien o no. Una de ellas aparecerá como cara B del single”.

En esta ocasión cambió la dinámica de composición. Jesús Antúnez es el batería de la banda y el único en el grupo que ejerce de papá tras el nacimiento de su primera hija. Es, además, el más fan de los ordenadores del cuarteto y el que se ha preocupado de interesarse por eso del ProTools y del software de ayuda para la grabación. Hace tiempo instaló en su Mac portátil una versión del programa y, desde entonces, lo utiliza como “mínimo estudio móvil” que sirve para la creación de las maquetas de la banda. En contraposición al hacer habitual del grupo, en esta ocasión las canciones fueron retocadas y miradas para poder entregar a Rick una segunda demo con los temas perfectamente orientados hacia el trabajo final de estudio. “Necesitamos el punto de vista de fuera, pero no el de tus padres. Un productor siempre te da ideas, te anima a probar cosas que a ti ni se te habrían ocurrido… Nosotros solemos controlar mucho las grabaciones y, en este caso, incluso llevábamos esa segunda maqueta en la que habíamos incorporado ya muchas de las cosas que pueden parecer novedad en este disco”.

Dover, aunque pueda parecer lo contrario, también tiene sus señales de inseguridad. Apunta siempre a la figura del productor como a un “solvente profesional” que corrobore las ideas de la banda y que ayude a sacarles más partido. Eso sí: tienen muy claro en la cabeza cómo desean que queden sus composiciones incluso antes de ponérselas delante al encargado del asunto. Llama la atención, en ese aspecto, que miren tanto la elección y que, en sus últimos álbumes, ésta siempre recaiga en un productor extranjero. “Así le puedes criticar sin que él te entienda. Siempre puedes darte la vuelta y decir: ‘¿qué quiere el cabrón éste?’ No, en serio: solemos elegir en base a su trabajo anterior. Encuentras discos que te llaman la atención y te quedas con el nombre del productor. Luego lo proponemos y… unas veces sale y otras no. Quizás el hecho de no trabajar con productores españoles es más por no conocer su trabajo: sólo hay dos a los que vemos que podrían cuadrarnos dentro de nuestra música. Uno es Dani Alcover, por ejemplo, y también le elegimos después de verle trabajar: grabamos un tema para un recopilatorio de Subterfuge y vimos que podríamos trabajar con él para hacer el ‘Devil’. Es un tío encantador”.

“Me parece un disco perfecto, probablemente el mejor que hayamos hecho. Ya sé que esto se suele decir siempre, pero es que siempre es verdad. Cuando tienes canciones nuevas y ves cómo quedan tienes la impresión de que has mejorado lo hecho anteriormente. A mí, en este caso, me parece que éste es el álbum en el que no sobra nada. En los anteriores, aunque me parecen buenísimos, veía que había demasiada diferencia entre unos temas y otros, como que el disco no tenía la unidad necesaria. En éste ocurre justo lo contrario: es corto, conciso y tiene solamente lo que tiene que tener”. Cristina habla con pasión de madre (de las canciones) y, a la hora de echar la vista atrás, considera que la evolución (bendita palabra) del grupo es evidente: “Todos los artistas tienen errores en su trayectoria que no ven en el momento, pero eso es lo que le da gracia a una carrera: el ver que te equivocaste y que, ahora, podrías hacerlo mejor. Pienso que todos nuestros discos están a un buen nivel (a mí me gustan mucho), pero soy consciente de que en todos habrá algo que mañana me parezca mejorable”.

Ni Cristina ni Amparo son de las que se conforman con la primera idea de una canción. De hecho, componen muy poco (casi nada) cuando giran, y mantienen un calendario orgánico que les hace surgir la creatividad en el momento oportuno: “En principio no cuesta trabajo ponerse a componer, aunque luego el proceso es tan intenso que agobia un poco. Cuando tenemos que hacer el álbum llevamos más de un año de gira y sí te apetece parar y ponerte a hacer nuevas canciones. A partir de ahí sueltas todas las ideas que tienes y vas viendo que, entre ellas, de vez en cuando, aparece una especial, que nos gusta a todos y que puede terminar siendo una buena canción. Cuando pasa el tiempo es cuando aparece el agobio: se acerca el día de grabar, quizás no tienes todos los temas y no por ello te conformas con cualquier cosa que salga. Eso sí: cuando has terminado el disco te ocurre justo lo contrario. Es un proceso muy intenso que dura unos meses y, al acabar, sí que no puedes hacer una canción nueva hasta que no pasa un tiempo”.

“Mi sombrero”, “All my money”, “Honest”… todas son canciones que, una vez desnudadas y vueltas a vestir con ropa sencilla, han ido pasando el corte e integrándose en el resultado final de “The flame”. En ellas aparecen, como por debajo de la puerta, referentes escondidos que no se podían encontrar antes. Amparo apunta que “durante el invierno escuché mucho ‘Turn on the bright lights’, el disco de Interpol, y creo que se me ha quedado algo de ahí. Al escuchar ‘The flame’ noto que he utilizado recursos de guitarra que habitualmente no uso y que probablemente se me ocurrieron tras machacar aquel disco: delays y esas cosas”. Jesús, por su parte, apunta a puentes más lejanos: “Los discos de los Beatles. Y no es una tontería. Ultimamente hemos escuchado mucho los primeros discos de los Beatles”.

Ni Jesús ni “Tripi” (Alvaro Díez, bajista del grupo y el más callado de los cuatro) entran demasiado en los terrenos de composición del grupo. Se involucran en sus papeles y cumplen como el que más, pero son conscientes de que, en Dover, hay un “algo” por encima que ellos, de momento, no pueden alcanzar: “Componer una cancioncita lo hace cualquiera. No creo que para hacer eso de ‘haciendo el amor’ nadie se haya tenido que abrir la cabeza. Pero las cosas que se nos pueden ocurrir no están a la altura de Dover. En este grupo el nivel está muy alto y no es cuestión de que nosotros participemos en la composición sólo para salvar nuestro ego. Nunca hemos tenido ningún problema a la hora de proponer cosas, pero nos resulta obvio que las canciones de Amparo y Cristina son muy, pero que muy, buenas”, comentan.

“The flame” aparece en el mercado español en un momento no demasiado boyante. Dover pertenece a una generación de la música española que ha visto evolucionar la industria desde sus mismos alambres, lo que les concede propiedad para hacer su propia evaluación de las circunstancias actuales. Su primer álbum, “Sister” (96), apareció en una compañía independiente (Everlasting) que, aparte de publicarles el disco, no apostó un duro por ellos. “Devil came to me” (97) encontró acomodo en otra indie (Subterfuge) que planteó mejor el trabajo y que se encontró con la mayor sorpresa de la música española de la década de los 90. El grupo se encontró entonces ante unas posibilidades de crecimiento que le hicieron saltar a Chrysalis, una multinacional integrada en el grupo EMI que les facilitó mejores producciones y un mayor apoyo promocional. Con ellos hicieron “Late at night” y “I was dead…”, disco que apareció cuando el concepto de “compañía multinacional” empezaba a resquebrajarse por las nuevas circunstancias aparecidas en el mercado. “Lo que nos afectó no fue la crisis general, sino el hecho de que nuestra compañía entró en crisis. Lógicamente, también afectaría el hecho de que, cuando apareció el ‘I was dead…’, ya existían la mantas que no estaban cuando se lanzó ‘Late at night’, pero no creo que fuera demasiado. En ese aspecto no podemos sino deshacernos en agradecimientos hacia la gente que nos sigue. Nosotros tocamos en directo el mismo día que Rosa estaba en Eurovisión y llenamos. En ese momento nos parecía genial, sabíamos que teníamos suerte y que vivíamos un privilegio dado que muchísimos conciertos y actividades se vieron afectados ese día”, comenta Amparo.

Aparecen en la conversación los problemas actuales: las piraterías, los programas “OT”, internet… “El 35% de los discos que se venden ahora se venden en la manta. A nosotros no nos afecta tanto porque somos el polo opuesto a esa clientela. Es como lo de los conciertos de OT: para nosotros son, si se puede llamar así, la misma competencia que antes era gente como Rosana. Tenemos públicos diferentes”. Jesús toma la palabra con convencimiento; no ve peligrar lo ganado con trabajo y no ve nada claro que circunstancias ajenas puedan tirar abajo lo conseguido: “Si algo de eso nos afectara podríamos seguir tocando en clubs y salas. Otra cosa que nos ayuda es lo que estamos labrando en Europa: nos estamos currando el ampliar nuestro público aun sabiendo que para salir fuera no nos ayuda nadie”.

Se le ocurre a uno que, de un tiempo a esta parte, están apareciendo nuevos “fantasmas” que se añaden a los citados. La proliferación de suspensiones de conciertos por causas ajenas a la música parecen ponerse al orden del día mucho más que en épocas anteriores. Dover ya sufrió la circunstancia cuando, en la gira generada por el éxito de “Devil came to me”, algún ayuntamiento les canceló el concierto a última hora acusándoles nada menos que de “satánicos”. La historia se ha repetido estos últimos meses con artistas como S.A., SuTaGar, Manu Chao o Fermín Muguruza. “Son cosas que siempre pueden pasar porque, en este mundo, nunca sabes con quién te puedes encontrar. Son cosas puntuales. A mí me parece más problemático lo de la piratería porque, al afectar a la industria, se genera una situación en la que nadie firma a los grupos nuevos. La gente está con el agua al cuello y no puede apostar nada”, comenta Amparo. Ella fue la más involucrada en la historia “Loli Jackson”, el sello dirigido por Dover para dar salida a bandas nuevas a las que el cuarteto quería ayudar. La historia salió mal y apuntalaba otra de las máximas que parecen haberse estandarizado en la industria: aunque tengas mucha ilusión… con eso no basta: “¿Que si fueron causas de la industria o incompetencia nuestra? Las dos cosas. No teníamos experiencia y, para trabajar, nos fijábamos en lo que habíamos hecho nosotros mismos. Algunas cosas las hicimos bien y pienso que, en el 94 o el 95, alguno de esos grupos habría vendido suficientes discos como para consolidarse. Pero nos tocó la crisis y eso se nota. Se nos hacía imposible que la gente escuchara a los grupos. Para conseguir eso las compañías pagan a las radios, pero nosotros no disponíamos de esos medios”.

Dover volverá a la carretera muy pronto. A finales de noviembre (para el 28 ó 29) tiene prevista la presentación en Madrid de sus nuevas canciones. A partir de ahí iniciará un periplo que le llevará por las grandes capitales en base a promocionar, principalmente, su nuevo trabajo. A principios de año volverá a asaltar Europa, un terreno en el que los madrileños se sienten cómodos y en el que se ven crecer a un paso mucho más comedido del que sufrieron en España: “Es algo de lo que estamos muy orgullosos porque lo vamos haciendo poquito a poquito. Al principio no pensábamos en nada y cada concierto nos lo montábamos nosotros, ya que la compañía, en estas cosas, no nos hace ni caso. En Alemania ya tocamos ante mil quinientas personas, algo que no nos imaginábamos ni por asomo cuando salimos la primera vez”.

A su vuelta volverán a disfrutar de la comida española y darán inicio a su gira 2004, algo que simultanearán con el resto de sus actividades. Una de las últimas a las que se han adherido a sido la colaboración con Oxfam, una plataforma que apoya el comercio justo y con la que Dover colabora aportando su apoyo presencial. “Ellos proponen y nosotros ayudamos en lo que podemos. Usan nuestra imagen, organizan conciertos, vamos a mesas informativas… El asunto es que el nombre de Dover, o nosotros personalmente, llamemos la atención hacia su actividad”.

E.P.

Dover. “The flame”. Chrysalis

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