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Peter Cincotti sorprende en el panorama del jazz vocal. Octubre 2003 La gran esperanza blanca
Convendría recordar que, dentro de este arte, los vocalistas blancos quedan apartados hasta el último rincón del cuadrilátero: en el centro está el actual ejército de cantantes pálidas como la nieve, un poco más hacia los lados la élite histórica de las vocalistas negras; algo más allá los chicos y, casi fuera del recinto, los blancos. El jazz vocal no ha sido terreno abonado para esta raza si exceptuamos los casos extraordinarios de Frank Sinatra o Tony Bennett. Peter Cincotti, un neoyorquino que aún no ha alcanzado la veintena de años, ganó por K.O. técnico a dos de los más grandes aspirantes al título actual de los pesados: el propio Bennett (aún en activo y en un momento fascinante) y a la todopoderosa Diana Krall, absoluta dominadora del ranking desde que bajó a los States desde su Canadá natal. ¿Estamos ante un nuevo superdotado? ¿Un genio? Mirándole mientras se toma un refresco no lo parece. Pero las apariencias engañan: “A los tres años me regalaron un piano de juguete y un año más tarde ya estaba dando clases. Eso hizo que, cuando cumplí mi quinto cumpleaños, me regalaran un piano de verdad”, cuenta. Su talento parecía natural, tanto que sus profesores particulares aconsejaron a su familia para que le orientaran hacia la música clásica. El chico prometía. Pero, como bien se sabe, la calidad técnica poco tiene que ver con el éxito a conseguir dentro del mundo de la música. Muchos instrumentistas de nivel glorioso se han quedado en el camino y sobreviven dignamente como músicos de sesión ante la imposibilidad de que alguien serio se atreva a lanzar sus propios discos. En el caso de Cincotti no sucedió eso; los grandes nombres del género empezaron a atravesarse en su vida aun antes de que el chico supiera qué era, realmente, eso del jazz. Uno de sus profesores, por ejemplo, resultó ser Ellis Marsalis, pero aquello fue una anécdota de una semana. Un poco más tarde Harry Conick Jr. vino a consolidar el hecho de que este muchacho había sido tocado con el dedo de la suerte. “He trabajado y estudiado duro, pero no puedo negar que he estado afortunado a la hora de encontrarme con la gente adecuada. Probablemente lo que me ha llegado ha sido como resultado de una combinación de ambas cosas”. El "contacto" empezó como uno de tantos. Asistiendo con su padre a una actuación de Conick Jr., el crío tuvo la oportunidad de acercarse a él. Su progenitor empezó a contar sus virtudes y Harry se vio en la obligación de decir dignamente aquello de “mándame una cinta con tu música, anda”. Lo hizo y, a partir de ahí, todo fue como la seda. Cincotti tenía entonces siete años. Connick Jr. le presentó públicamente en algunos de sus conciertos, le proporcionó un papel en una comedia musical centrada en la música de Sinatra (“Our Sinatra”) y, finalmente, lo apadrinó ante uno de los popes del jazz actual, el productor Phil Ramone. Por aquel entonces ya había dejado boquiabiertos a los más escépticos participando en dos ocasiones en el concurso para músicos noveles organizado por el Festival de jazz de Montreux. “Puedo decir que empecé a ser profesional como a los doce años. Para mí todo era un poco extraño porque tenía que compaginar esa actividad con mis estudios. Mi madre me ayudaba a conseguir los conciertos y era, de algún modo, mi manager. No he tenido un manager profesional hasta hace un par de meses”. Ramone se quedó tan asombrado con el crío que se lo propuso al sello Concord asegurando que él mismo se encargaría de producirle su debut discográfico. “Estoy muy contento de cómo me trata”, dice un Cincotti con cara de adolescente. Y no es raro: el álbum ha contado con todos los recursos que podría desear una estrella y, encima, se ha encaramado a lo más alto de las listas nada más salir a la calle. Ni siquiera una figura tan emblemática del jazz actual como Wynton Marsalis consiguió eso con su primera grabación. “Estoy muy satisfecho con el resultado”, añade. “Es un álbum muy honesto y me retrata exactamente cómo era hace un año y medio, cuando lo grabé. Me gustaría que todos mis discos fueran así, que mostraran cómo soy en el momento en que los hago”. El álbum, homónimo, abunda en standards, pero también cuenta con cuatro composiciones suyas. “Phil y yo buscábamos un hilo conductor para el disco y decidimos que lo mejor era realizar una unión entre lo nuevo y lo viejo. Hay también cosas mías e híbridos, como ese meddley entre el 'Fool on the hill' de los Beatles y el 'Nature boy' de Nat King Cole. Aunque dimos muchas vueltas a las versiones a incorporar, finalmente fui yo el que decidió las que incluiríamos. Se trataba, fundamentalmente, de que me encontrara lo más cómodo posible a la hora de grabar”. En el disco, si bien hay un acercamiento a algunas canciones pop (versiones de Blood, Sweat & Tears o los ya citados Beatles), éstas están realizadas con evidente toque de jazz clásico. “La música está mucho más allá de una etiqueta; es libertad y expresión, y eso tiene poco que ver con la edad de la persona. Puede que, con los años que tengo, pudiera haberme acercado más a los estilos que actualmente copan las listas de éxito y los programas de televisión, pero lo cierto es que, en mi casa, casi todos los discos que hay son antiguos. Me gusta lo diferente y tengo que admitir que no aprecio demasiado lo que se hace ahora. El arte de componer está deteriorado y se da mucha más importancia al aspecto del show que a la melodía y la calidad de las canciones”. Si bien el éxito de Peter Cincotti en su país natal ha sido inmediato (ha llegado, incluso, a meter su disco entre los doscientos más vendidos de todo Estados Unidos, una lista que no diferencia géneros musicales y en la que sólo los más grandes del jazz entran muy ocasionalmente dejando los puestos de privilegio para los más grandes del pop, el rock y el country), no es previsible que la situación se repita en Europa. En este continente el jazz vocal está a la baja y la contratación en festivales suele considerar únicamente a las grandes damas clásicas de color. En cuanto a ventas, sorpresas como las de Diana Krall, Jane Monheit o la más popera Norah Jones hacen indicar que el mercado aquí, cuando hace caso al jazz vocal, parece fijarse únicamente en las chicas. “No sé por qué ahora casi todo quien tiene éxito cantando jazz es una chica. Supongo que habrá una reacción y, tarde o temprano, también nos tocará a nosotros”, apunta Peter dando un nuevo sorbo a su bebida sin alcohol. E.P. Peter Cincotti. “Peter Cincotti”. Concord
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