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David Bowie

“Reality”. Columbia. Noviembre de 2003

No hay ninguna duda de que siempre hay que confiar en los buenos músicos. Algunos artistas de éxito no son más que personajes de temporada que deambulan por el mercado con más o menos suerte. Otros, quienes cambian la historia de la música, tienen un talento especial, una magia que no se enseña, y, aunque tengan malas épocas, siempre terminan volviendo a hacer obras de esas que hacen honor a su nombre.

Desde que sacara “Earthling” (97), Bowie había ido perdiendo concreción en sus discos posteriores. “Hours” (99) resultó un intento baldío de vuelta atrás y “Heathen” (02) un disco demasiado oscuro como para ser apreciado canción a canción. Ahora, con este “Reality”, el “Camaleón” vuelve a un estilo y una forma en la que es un maestro. Aquí desaparecen los ambientes conceptuales o los experimentos sonoros; el asunto fundamental es entregar canciones que puedan ser representadas en directo y, como tales, que lleguen al oyente sin que éste tenga que hacer ecuaciones de tercer grado.

El resultado es, sencillamente, fabuloso. Abierto, variado y variable, elegante, festivo, lúdico, sutil… todos esos apelativos que pueden aquí hacerse compatibles porque, entre canción y canción, hay amplias diferencias. Tony Visconti, con el que Bowie volvió a entablar relación a partir de “Heathen”, vuelve a ejercer en una labor que se le da bien, la de unificar todo el material en cuanto a sonoridad sin ocultar, para ello, las peculiaridades de cada canción. El conjunto, que incluye versiones de Jonathan Richman (“Pablo Picasso”) y George Harrison (“Try some, buy some”), es estupendo y gana en cada escucha.

E.P.

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