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Pretenders

Aqualung. 16 de septiembre de 2003

Probablemente, esto es lo que se define actualmente como “un concierto para gente mayor”. Hace algunas décadas, tras ese apelativo, aparecían conciertos de copla, de la banda municipal o de tenores de zarzuela. Hoy, un concierto para gente mayor, es uno de rock con canas. Canciones de época, volumen rebajado para poder hablar, guitarras ablandadas… lo que plantearon los Pretenders en su última visita a Madrid. Ni parecido con el concierto que dieron abriendo para los Rolling en el pasado verano.

Es como si Chrissie Hynde hubiera decidido, tras aquella serie de actuaciones, encerrarse en un entorno más íntimo, más adulto (aunque parezca mentira) y más relajado. Todo pierde velocidad, potencia y sonoridad. Se asemeja a un rock ambiental, insípido, pero siempre agradable cuando suena de fondo. Hasta las canciones más emblemáticas de la banda se reconocían aquí en una versión tan light que gran parte del público ni siquiera las disfrutó. Habría que apuntar, por si fuera necesario, que los Pretenders nunca fueron una banda que se caracterizara por posturas excesivamente duras o por sonidos cercanos al hard, pero, cuanto menos, tenían sus guitarras como referencia y arropo para la voz de su líder. Hoy en día, éstas han desaparecido de la primera línea y se han convertido en puro atrezzo.

Lo más curioso de la noche fue el cartel que la banda llevaba tras de sí, con la leyenda de “No a las corridas de toros”. Aun cuando la causa es noble, no deja de mostrar que las preocupaciones de Hynde y sus compañeros no son, actualmente, las de hacer una música contundente, sino las de involucrar a su público, con cierto poder adquisitivo, en “causas nobles” antes que en revoluciones.

E.P.

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