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Azkena Rock Polideportivo Mendizabala. Vitoria. 12 de septiembre de 2003 Cualquiera que haya visto a Iggy Pop con anterioridad sabe de la capacidad para escupir testosterona y sudoración embrutecida que tiene el maduro y legendario cantante, manojo de venas y músculos que hace palidecer de envidia a cualquiera por la buena forma que mantiene, a pesar a su edad, encima de un escenario. Esta vez no fue diferente, sólo que el encuentro tenía un valor añadido. Por primera vez desde hacia casi treinta años, los míticos hermanos Ashenton estaban de nuevo con él, de ahí el valor histórico y único del evento. Scott a las sólidas baquetas y Ron a la dañina guitarra de vocación serial killer. No estaba Dave Alexander, el bajista original de The Stooges, pero el sustituto era Mike Watt, un hombre de prestigiosa alcurnia underground. Iggy, en su papel de provocador, se meneó, babeó, se contoneó y, chillando en esta ocasión gorrinamente más de la cuenta, tentó al publico a que se subiese al escenario (cosa que los seguratas se encargaron de impedir a toda costa). Los miembros de la banda ejercieron de secundarios de lujo, algo habitual teniendo a un frontman desenfrenado e histérico como Iggy al mando de los aparatos. El concierto, de un insuficiente hora escasa, se dividió en dos partes. La primera comenzó de forma arrolladora: “1969”, “No fun, not right”, “I wanna be your dog” (uno de los momentos más salvajemente pogueros de los que se han vivido últimamente en unas primera filas), “TV eye”… Algo que ya se sabía era que sólo interpretarían temas de los dos primeros discos dado que para el tercero, “Raw power”, el guitarra solista era James Willlianson y en el ego de Ron no entraba tocar material de una época en la que él pasó a un segundo plano. La segunda etapa del concierto estaba dedicada a las partes más pantanosas del repertorio (“Dirt”, “L. A. blues”, un tema nuevo…) y tuvieron a bien sacar a un saxofonista a soplar con suciedad por encima de las canciones (¿sería el miembro original Steven Mackay?). El público fue menos agradecido con esta parte, más difícil, del bolo y el saxo tampoco consiguió la peligrosidad innata que tenían esas canciones, aunque Iggy seguía meneándose como una bailarina de ballet poseída por Satanás. El previsible final, con otra apoteósica ración de humeante caña brava, no llegó nunca y el bolo acabó teniendo que conformarnos con una segunda interpretación del “I wanna be your dog”, eso sí, demencial y única. Ahora… a morir tranquilos. El resto de actuaciones de ese primer día de festival se saldó con una entregada y tóxica ración de The Cramps, con un Lux Interior imparable que acabó con el culo al aire, pirándose a gatas del escenario tras haberse pimplado dos botellas de vino tinto a morro durante la actuación y tumbar todo monitor que se le puso a tiro. The Jayhawks templaron el ambiente con una actuación de marchamo acústico y lírico, pisando sólo en el final ese pedal “neilyoungesco” que tan bien les sale cuando quieren. La sorpresa la dieron las máquinas demoníacas Fireball of Freedom, a quienes les tocó bailar con las más fea y salir después de The Stooges, pero que demostraron ser tremendamente incendiarios, con un sonido corpulento que bebía de lo mejor del legado de Detroit. Kike Babas & Kike Turrón
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