Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Raimundo Amador lanza su quinto disco con el título de “Isla Menor”. Noviembre 2003.

El poeta que no escribe

Y ya van cinco. Si alguien se planteaba si Raimundo Amador podría mantener una carrera en solitario al lanzar “Gerundina” (95) tendrá que admitir que, en el fondo, la idea no era tan descabellada. El guitarrista y cantante acaba de poner en la calle “Isla Menor”, un álbum en el que ya se muestra como un artista maduro y consciente de sus posibilidades. Mucho más que un simple aderezo al panorama musical de hoy en día.

“Cuando hago un disco no me planteo nada, lo que salga. No fuerzo los temas y hago sólo lo que sale. No fuerzo la máquina”, dice mientras lía uno de sus habituales. Raimundo ya se ha acostumbrado a hablar con la prensa aunque, como él reconoce, no es hombre de muchas palabras. Puede que sea por ello por lo que su faceta como autor de letras es un peso menor en todos sus discos. En su nuevo trabajo se surte con textos de Santiago Auserón, Pablo Carbonell, Los Delinqüentes y, sobre todo, Antonio Rodríguez, el cantautor urbano que antaño fuera conocido como “El Pulgar”. “El se me viene allí y, si tengo un tema, le saca una letra en un momento. Y el caso es que mola”, apunta Raimundo sin dejar lo suyo.

“Isla Menor” es su quinta entrega en solitario, un álbum que consolida una carrera que no estaba muy clara desde el principio. Y no lo estaba porque, como comentan muchos, los discos de Raimundo no terminan de ser en solitario. Cuentan con tantos acompañantes y colaboradores que todos parecen discos colectivos. El se defiende: “No es que necesite tantos colaboradores, pero es que me trae buena suerte y me da buen rollo. Si estás solo, grabando, todo es tan frío… Ahí, en el estudio, me falta ambiente. Además, que todos los que están son auténticos, no están sólo por estar”. En el nuevo disco aparecen Antonio Carmona, Guadiana, Horacio Icasto, Kiko Veneno y… una sorpresa: Rosendo. “Hace veinticinco años que nos conocemos, desde los tiempos de Veneno. Y siempre hemos dicho de hacer algo juntos. Mucho hablar pero… hasta ahora. Me dieron un rock’n’roll y lo vi clarísimo: esto es para Rosendo. Así se ha cumplido el deseo. El tío lo hace muy bien, y eso que tocó sin su ampli y sin su guitarra. Mira que me dijo: ‘Es que no me apaño…’, pero ná. Al final le insistí y lo grabó con la mía”.

Primero fue “Gerundina” (95), un debut curiosón que dejaba dudas. Luego llegó “Por la esquina de Las Vegas” (97), más enterito. “Noche de flamenco y blues” (98), grabado en directo en la Plaza de Toros de Las Ventas con el acompañamiento de B. B. King, volvió a crear el entredicho: demasiado pronto para hacer un directo y demasiado poco repertorio. “Un okupa en tu corazón” (00) es el disco más inmediato a este “Isla Menor”, que parece corregir lo dudoso y colocar a Raimundo en un territorio propio que no es sino la evolución de lo aprendido a través de más de veintiocho años de carrera profesional. “Tiene buena pinta, aunque es muy pronto para que yo opine. A los niños, sobre todo los de uno, se les quiere mucho”.

Y es que, por haber, no hay demasiadas cosas nuevas. Si acaso una mejora en el modo de abordar las cosas que hace previsible un mayor entendimiento con el público. “Hay temas como ‘Frito’, que son muy Pata Negra y muy Veneno. O el ‘Tango de los gitanos’, que es muy flamenco. Ahí ya tienes dos cosas diferentes. No sé… otras están en una onda… Hay bulerías, un toque diferente… muchas cosas”, dice, si bien, a la hora de concretar, todo se queda en que “el estilo es igual, el mío. Igual las letras son más Pata Negra, más heavies”.

Estamos hablando de un personaje que destila personalidad y cuya mayor virtud parece ser la de dar gracia (en el buen sentido) a aquello que toca. “Todo el mundo escribe sobre lo que digo, pero yo no tengo ese arte de ponerlo en una canción. Tiene que ser algo muy raro para que yo lo escriba y, aun así, no son letras complicadas. No es por vaguería, porque me tengo por trabajador, sino porque soy poeta pero sin saber escribir”, dice. Y tiene razón: su mayor virtud es su halo de guitarrista, su buen entendimiento entre el cruce musical que genera todo lo que puede escucharse. Raimundo, nacido flamenco y criado como un acólito más de la música gitana, conoció el mundo cuando su padre empezó a trabajar en la base americana de Rota. Fue allí donde vio que la música era más que la guitarra de palo y los palos del flamenco. Y aun así le costó: “A mí me gustaba tocar desde muy crío. Si hasta mi padre me regaló una guitarra de cartón para que pudiera hacer cositas. Yo, al principio, soñaba con el flamenco. Era, como yo digo, flamencólico y criticaba a los rockeros, que me parecían unos moñas. Pero fue escuchar el ‘Red house’ de Jimi Hendrix… y también yo me hice moña. Desde siempre he escuchado a Traffic, los Rolling… en las ferias, pero no sabía que eran ellos ni los conocía. Eso lo he sabido después. Quizás me llegó antes el jazz que el rock, cuando esos negros que tocaban nos veían mirándoles y nos soltaban veinte duros para caramelos. ¡Veinte duros de aquella época!”, recuerda.

El caso es que, de alguna manera, aquello caló y Raimundo se vio envuelto en alguno de los experimentos mestizos más gloriosos que ha dado la música española en su historia: Veneno, Pata Negra, Arrajatabla… “Veneno lo disfrutábamos, pero era un tema más a lo loco. ‘El blues de la frontera’ ya era más nuestro, ya tenía el speed de Pata Negra. Me acuerdo que Paco de Lucía estuvo viéndonos grabar. Probablemente Pata Negra ha sido el grupo más mío mientras Veneno era más de Kiko. Nosotros adornábamos los temas de Kiko”.

Ahora, más de veinte años después del debut de Pata Negra (el disco homónimo publicado en el 81), todo es diferente. Raimundo hace los discos en su casa y los expone en la carretera con una enorme banda que le respalda. “He hecho el disco en el veranillo. Tenía ideas. Lo fui desarrollando y dando vueltas y lo grabé casi todo en mi casa. Todo lo compuse allí: las guitarras, los teclados, los coros… Luego, en Sonoland, con Miguel de la Vega, metimos los bajos y la batería. El productor es Fernando Illán, que es un monstruo, pero también he contado con Arturo Soriano. Nos conocemos mucho los dos”. Entre una y otra cosa el guitarrista ha tocado con Lole y Manuel (“Lole y Manuel” 77), Toti Soler (“Lonely fire”, 79), Camarón (“Calle real”, 83), Radio Futura (el maxi de “Semilla negra” en el 84)… con gente tan diversa como el espectro que se recorre entre la emblemática Juana la del Revuelo y los pop rockeros Los Rodríguez. Si tiene que ponerse a elegir no tiene una elección fácil: “Lo de Rosendo me ha calado mucho, pero también lo de B. B. King. Cuando grabó conmigo en el primer disco yo no podía ni soñar que un tío así aceptara. Y luego, claro, Kiko, Antonio Carmona… con mucha gente me he encontrado a gusto”, dice.

El caso es que su universo musical nunca se ha limitado ni al lolailo ni al blues aflamencado. En él caben poperías, músicas de “polígano” andaluz o elementos de concierto propios de manos de oro. En su último álbum, incluso, se permite hacer un homenaje a un guitarrista tan emblemático del jazz como es Django Reinhardt, un gitano belga que creó escuela con su estilo aun cuando un accidente le hizo prescindir de dos de los dedos de su mano izquierda. “Es que yo soy como él; si hasta me compré una caravana. Yo tenía mi parcela y la casilla y vivía en la caravana. A Django primero lo escuché y luego me enteré de que era gitano. Mira que ha influenciado a gente y, sin embargo, sigue siendo el primero, ¿eh? ¡Con los dedos que tenía y la que montaba!”, apunta Raimundo sin ocultar su admiración.

Ahora el geniecillo sólo piensa en volver a trabajar. Una vez hecho el disco, grabado y empaquetado, su mente se coloca, sin dudarlo, en volver a la carretera. “Prepararemos cuatro o cinco temas nuevos y haremos algunas presentaciones. Después, en Sevilla, formaremos el grupo, haremos el repertorio y empezaremos a tocar para primavera del año que viene”. En buena lógica, lo que se ofrezca será mejor. Ya son cinco discos para elegir repertorio (cuatro en realidad) y una carrera que cuenta con más clásicos que los que se pueden señalar con los dedos de la mano.

E.P.

Raimundo Amador. “Isla Menor”. Universal

Arriba