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Medina Azahara graba con orquesta en “Aixa”. Noviembre 2003. El rock de Córdoba
Al tomar el taxi que me lleva de vuelta a la estación no puedo evitar ver la enorme cantidad de carteles que anuncian la presentación del álbum. -- “¿Te gusta a ti Medina Azahara?”, le pregunto al taxista. -- “¿Las ruinas o los músicos”? -- “Los músicos”. -- “Sí, claro. Son de aquí. Yo los escuchaba mucho cuando tenía catorce años. Lo que ocurre es que ahora tengo cincuenta. Ahora los escuchan mis hijos”. Al taxista le falla la memoria. Y no es extraño. En Córdoba da la sensación de que los Medina siempre han estado ahí. Aparecieron en 1980 y, después de veintitrés años, han culminado una obra que se va hasta los quince álbumes al margen de otras entregas discográficas, vídeos y DVDs. Han pasado por cambios de formación, por momentos bajos en los que ninguna compañía les hacía caso y por recuperaciones milagrosas que les han permitido realizar giras de hasta doscientos cuarenta conciertos sin salir de España. Y siguen estando ahí, con un público fiel que les sigue y con un estilo personal que ahora resulta ser alabado por una enorme cantidad de músicos andaluces, desde la mediática Rosa de España hasta Alejandro Sanz pasando por el popero Antonio Orozco, que participa como invitado en una canción de “Aixa”. “Medina siempre ha marcado, desde el principio, una forma personal de hacer música. Primero fue una mezcla de rock sinfónico con flamenco, luego entramos en la influencia árabe… Nosotros vamos marcando nuestro camino y, aunque alguna vez hayamos tenido algún punto de conexión con la moda que se lleve, lo normal es que vayamos por delante. Ahora se nos reconoce y resulta que somos nosotros los que estamos de moda. Ya ves… resulta que, sin tú saberlo, hay mucha gente que te mira”, comentaba Paco Ventura, el guitarrista del grupo, en la rueda de prensa que servía de presentación a su nuevo álbum. La cita es indiscutible. Te podrá gustar o no, pero el estilo de los Medina es absolutamente identificativo. Su productor, Carlos Martínez, señalaba en el mismo acto la dificultad de superarse y de hacer algo diferente y nuevo cuando tienes ese currículum a cuestas. Pero lo han conseguido. “Aixa” es un híbrido constante que, dentro de las formas de los cordobeses, concede amplios espacios a diferentes mares musicales. Está el eco sinfónico en la colaboración con la orquesta, el rockerío virtuoso de doble bombo, la balada sentimental, el eco de la copla andaluza, el pop de guitarras… Por estar está hasta una versión del “Wind of changes” de Scorpions en la que participa un coro de quince críos. “Es un disco de ‘juntos pero no revueltos’, muy variado”, señala Manuel Martínez, la característica voz de la banda. “Habitualmente siempre hacíamos los temas entre Paco y yo, pero aquí se han involucrado en la composición otros componentes del grupo. Eso es lo que hace todo más abierto, lo que facilita que salgan ideas diferentes. Cada tema se presentaba y si gustaba, lo hubiera escrito quien lo hubiera escrito, se trabajaba y se hacía. No sé si mantendremos esta dinámica de trabajo en discos posteriores porque nosotros ni tenemos una fórmula concreta para esto ni pretendemos tenerla”. El caso es que “Aixa” es considerado por todos los miembros del grupo como un nuevo punto de partida. “Este disco puede significar el comienzo de una nueva etapa para el grupo. Es lo mejor que hemos hecho desde ‘Sin tiempo’ (92). Ha surgido una serie de acontecimientos que lo han hecho especial”, dicen con razón. El más llamativo de dichos acontecimientos ha sido su participación con la Orquesta de Córdoba, una historia buscada desde hace tiempo y que tiene su precedente cuando la banda bajó a Marruecos para grabar, en el 98, con la orquesta Taktula Yeblia y teñir sus canciones de modos árabes. “Gente como Scorpions o Deep Purple ya lo habían hecho y nosotros no queríamos ser menos, pero queríamos hacerlo con la Orquesta de Córdoba. Intentamos que se lo tomasen con el corazón, pero una orquesta la compone mucha gente a la que le tienes que hacer digerir algo en lo que, posiblemente, no cree. La directora, Gloria Isabel Ramos, se lo tomó con mucho empeño y el resultado final ha quedado realmente bien”, comenta Manuel, quien, hablando del nuevo disco, añade: “Hemos tenido más libertad para trabajar, sobre todo más tiempo. Eso nos ha permitido hacer muchos inventos y grabar nuestro mejor disco en los últimos diez años. Mira, por ejemplo, el caso de la orquesta. Cuando grabamos con la de Taktuka Yeblia para ‘Tánger’ fue casi una aventura, mientras que la colaboración con la de Córdoba ha sido una cosa muy premeditada. Queríamos usar una orquesta y vimos que temas como ‘Córdoba’ o ‘Puerta al mundo’ se adaptaban estupendamente para ello. Se lo propusimos a la compañía y se consiguió cerrar fecha y presupuesto cuando ya nosotros habíamos grabado nuestra parte”. El avance, la evolución o, simplemente, el cambio de rumbo es lo que más destacan de su nueva obra los componentes de Medina Azahara: “Es diferente. Sigue sonando a Medina, pero hay un paso adelante que no es tampoco un salto de locos. El cambio se percibe más a lo largo de una carrera y nunca es bueno que sea brusco. La gente lo notará porque ese cambio está en los temas, pueden hablar de lo mismo que siempre, pero están hechos de diferente forma”. El secreto de cambiar y de hacer siempre lo mismo, de mantener un estilo y no repetirse, lo circunscriben simplemente a seguir viviendo cerca de su público. “Cuando haces el primer disco te parece suficiente, simplemente, el que salga publicado. Nunca te planteas que pueda llegar a tener relevancia. Sin embargo, cuando ya vas por el tercero, te das cuenta de que si sigues grabando es porque a alguien le interesa tu música. En la evolución de un grupo influyen muchas cosas: su personalidad, el cambio en los componentes, la aportación de ideas que puedan traer los miembros nuevos, lo que captes de la gente que está en la calle… Hasta la música que escucha tu hijo ejerce algún tipo de influencia. La música que haces va cambiando, pero lo importante es mantener tu espacio. Eso es lo que te mantiene involucrado en cada momento”, explica Manuel. El grupo se completa con otro Manuel (Reyes, batería) y con un alegre José Miguel Fernández (bajo) que, curiosamente, ese día celebraba su cumpleaños. Manuel Ibáñez, aunque no es parte formal de la banda, se incorporó como colaborador en el 2000 y sigue encargándose de los teclados en una música que cuenta definitivamente con ellos. A estas alturas, con veintitrés años de carretera a sus espaldas, los miembros de Medina Azahara son conscientes de su situación, de sus posibilidades y de lo que pueden ofrecer. El panorama musical y discográfico ha cambiado considerablemente en este tiempo y ellos han pasado por importantes picos dentro de una curva irregular que, al igual que un día les ensalzaba, otro les hundía en lo más profundo del gráfico. Amanerados de heavy en el escenario, calzados siempre con cuero negro, amantes del virtuosismo en lo instrumental (Paco llegó a comprarse dos guitarras Gibson para la grabación de “Aixa” aunque comenzó este trabajo con dos Parker), han sabido, sin embargo, aglutinar en su estilo influencias de su tierra que exhiben con soltura y que crean la marca de fábrica de estos cordobeses. “Nuestra música tiene tanta influencia de la copla como del flamenco”, comenta Manuel sin miramientos. “La copla tiene su valor y dentro de ese estilo hay muy buenas canciones. A mí no se me caerían los anillos por hacer alguna versión de una canción de copla. De ‘Miedo’, por ejemplo”. Con la misma naturalidad recogen el comentario de que en “Aixa” aparece un amplio componente de pop. “Nunca escribimos teniendo en la mente el que una u otra canción resulten más comerciales. Es, simplemente, una cuestión de gusto: si nos gusta, la grabamos. Luego, el que quede más o menos fuerte depende de cómo esté el grupo en el momento de tocarla”. La afirmación, la autoestima, da paso a otro tipo de mirada cuando se compara el reconocimiento que, durante la mañana, les ha concedido la ciudad de Córdoba y el caso que los medios de comunicación les han dispensado a lo largo de su carrera. “Siempre tienes algo de envidia de lo que tienen los guiris y del caso que se les hace, pero somos conscientes de dónde estamos”, afirman. El grupo volverá a girar, probablemente, en noviembre, con el tiempo justo de cerrar los compromisos aún vigentes de la gira “Tierra de libertad” y de ensayar el nuevo repertorio. Su altísimo nivel de contratación (el año 2002, el del fenómeno “OT”, ellos tocaron aún más que en el año anterior) no es óbice para seguir asumiendo que hay que estar presentes en cualquier sitio si quieres mantener la fidelidad de tu público. “No siempre hay alguien que te contrate y alguna vez hay que jugársela. Hasta ahora siempre nos ha salido bien, así que, en la próxima gira, intentaremos llegar a sitios a los que no hemos ido hace tiempo: Barcelona o Galicia”. Pues… que sigan. E.P. Medina Azahara. “Aixa”. Avispa
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