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Nacho Vegas. Mayo de 2003

Música que no amaina vicios

Blanco y negro granulado, virado a un tono indefinido, el rostro de Nacho Vegas para su nuevo disco (el doble, completo y fantástico “Cajas de música difíciles de parar”) es un reflejo perfecto de lo que el oyente se va a encontrar en su interior: canciones inmensas, melancólicas y dramáticas, llenas de claroscuros, de alcohol, de heroína, de personajes que se saben perdedores, de sentimientos que no saben si buscan la aceptación o el desprecio. Serenos y ordenados, mordientes y cabareteros, los veinte temas que componen el trabajo son un placer para los sedientos de música sería, hecha con corazón, cojones y alma. Medios tiempos que se balancean entre efluvios “leonardcohenianos” y “nickdrakeianos” e hijos putativos de éstos (de Smog a Walkabouts). Incluso en el pseudocountry “Monomanía” puede recordar al emotivo y sentimental líder de los Flying Burrito Bros, el desaparecido y mítico Gram Parsons. Esta vez no pesan las comparaciones. Si acaso sobran.

A la hoja promocional le acompaña una nota escrita por el propio Nacho explicando todo el disco y a ella recurriremos para dotar de mayor enjundia las declaraciones del asturiano sobre este álbum que tiene de todo excepto relleno: “con este álbum espero dar cuenta de la mayor parte de las canciones que he escrito en los últimos años, algunas realmente antiguas en su génesis, como ‘Por culpa de la humedad’, otras muy recientes, como ‘Gang-bang’ o ‘N. V. por la paz mundial’. Sin embargo, creo que lo que dota al álbum de unidad, lo que actualiza cada una de las canciones, es el momento en que han sido grabadas”. Lo cierto es que la unidad es absoluta a lo largo del disco; la banda suena compacta y engrasada pese a notarse que son canciones que han nacido en la soledad de una voz y una guitarra. “Sí. Las canciones nacen en la intimidad, pero cuando empiezo a tocarlas con el grupo es casi como si se produjera un nuevo nacimiento. Descubres cosas en ellas, se reinventan cada vez que se tocan”… Y continúa explicándose: “Jairo Moreno, Iker González, Manu Molina, Diego Yturriaga y yo registramos este álbum como un grupo de rock mucho más que como un cantautor con una banda ‘de apoyo’, grabando en directo y dejando que las canciones se hicieran con nosotros en lugar de nosotros con ellas y sacrificando --algo para mí muy necesario-- la perfección en beneficio de la urgencia. De la banda, sólo Manu, a la batería, había estado presente en ‘Actos inexplicables’”.

En el disco aparecen, puntualmente, elementos ornamentales cercanos al universo de Nacho, músicos admirados o arreglos de cuerda, que ponen la guinda a un trabajo de por sí ya completo. “Poco antes de la grabación del álbum coincidí una noche con J, tras un concierto de Los Planetas, y le invité a colaborar (o tal vez se invitó él mismo). Sabía que quería una segunda voz para el tema ‘Noches árticas’, pero no estaba seguro de la melodía ni de la letra. Pensar en J haciendo esa voz fue lo que me acabó dando la melodía. La voz de J, entre tímida y perturbadora, me dio la clave para construir la breve coda que cierra el álbum. Beatriz, de Nosoträsh, cantó en ‘La plaza de La Soledá’, una de mis canciones favoritas del disco y, sin duda, gracias a su voz, el estribillo que más me gusta volver a oír. Thalia Zedek, después de su actuación en Benicàssim, fue invitada por Paco Loco (el productor) y su mujer Muni a pasar unos días en su casa del Puerto de Santa María, por lo que se encontraba por allí cuando comenzamos a grabar el disco. Suyo es el clarinete en ‘Gang-bang’ y viene a demostrar que no sólo es una de las mejores singer-songwriters actuales, sino que, en general, posee una gran sensibilidad musical. Para las grabaciones adicionales, fundamentalmente partes de cuerda y viento, me reuní con Carlos José Martínez, con quien ya había trabajado en ‘Actos inexplicables’ y que, además, es responsable de arreglos en discos como ‘La pena máxima’ (de Sr. Chinarro), ‘Los diarios de petróleo’ (Chucho) o ‘Esperanza’, de Manta Ray. Creo, sinceramente, que los arreglos de este disco, lejos de hacer las canciones más bonitas o más dramáticas, pasan a formar parte integrante de ellas, poniéndose a su servicio, del mismo modo que lo hacen los personajes de una obra”.

Literatura y heroína

Más allá de unas canciones solemnes y majestuosas en lo musical, inquietantes, como el fondo de un sereno mar al que no se le ve el fondo, los temas del disco están plagados de historias en primera persona que no son necesariamente autobiográficos, sino que Nacho se ha transmutado en los diferentes protagonistas de esos cuentos, donde pululan otros personajes que responden a nombres como El Hombre Gordo, Dodo, El Buen Miguel, Mona o Ezequiel. “La mayoría tienen un referente real, pero eso da igual. Luego, en la canción, es como si tuvieran otra vida”, explica el autor, al que, en sus formas de desarrollar la trama de las canciones, se le presupone ávido lector: “no creo que la influencia literaria tenga tanto peso en mis canciones. Carver tal vez sí. El título del disco lo saqué de ‘El ruido y la furia’. Faulkner me gusta mucho. Fue el último verso que escribí de todo el álbum, así que tomé la frase literal de la que había surgido y se me antojó como posible título, que a la sazón fue el definitivo”.

Otra referencia continua a lo largo del disco es la del consumo de heroína y la asociación de esta droga al concepto “duermevela” (ejemplos: “Me fumo plata a plata la jodienda de vivir” en “Mark Spitz”, “Sabe dulce ente’l fumo de la heroína” en “La canción de la duermevela”, “¿No comprendéis que yo ya no soy yo cuando ella entra en mi sangre y me pone a morir?” en “En el jardín de la duermevela” o “ya luzco en mi antebrazo una purpúrea cicatriz” en “Monomanía”): “Me atrae ese estado de duermevela que media entre la consciencia y la inconsciencia. Es como poder estar contigo mismo y descansando de ti a la vez. La heroína te sume en un estado parecido”, confiesa Nacho sin tapujos.

Cambiando de tercio, le pedimos que nos haga una muy breve semblanza de toda su discografía en solitario hasta la fecha (recordemos que antes estuvo en Manta Ray y también en el proyecto paralelo Diariu). “Mi primer disco, ‘Actos inexplicables’, fueron diez actos inexplicables y reveladores. El EP ‘Seis canciones desde el norte’ eran tres nuevos actos inexplicables al lado de Aroah y el EP ‘Miedo al zumbido de los mosquitos’ cuatro dramáticos actos inexplicables más”. En cuanto le preguntamos por otros compañeros de oficio, que hacen gala de hábil verbo y buenas ideas musicales, Nacho se muestra igualmente esquivo: “sólo conozco bien a Javier Corcobado y a Fernando Alfaro (también personalmente), y me merecen respeto y admiración”.

Sólo queda presenciar en directo el que está constituyendo uno de los más grandes placeres del pop actual estatal, un trabajo que, escucha a escucha, macera en el corazón del oyente como un sabio licor. “Hemos añadido un nuevo miembro, Fernando, que toca el violín. Como decía, las canciones tienden a reinventarse a medida que se van tocando, por lo que algunas suenan diferentes al disco. Lo único que me interesa es que tocar una misma canción no llegue a resultarme algo rutinario, un puro trámite. Para ello la implicación total del grupo es muy importante. En la gira nos presentaremos como Nacho Vegas y Las Esferas Invisibles”.

Kike Babas & Kike Turrón