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Avalanch. Mayo de 2003 La madurez de un grupo heavy
Cedemos el turno de palabra a un recién llegado a Avalanch presentado anteriormente. Antes de ponerse al micro ya estuvo de pipa girando con el combo asturiano. “Cuando se fue Víctor García yo ya conocía a Alberto de haber estado grabando en su estudio (Bunker, por la zona de Oviedo) con mi anterior grupo, Paco Jones. Hubo amistad y pasé a trabajar con ellos como técnico durante la gira de sus dos anteriores discos”. Seguimos dando vueltas a la reestructuración de la banda y dejamos que sea el recién incorporado quien nos cuente la versión, digamos que con un poco más de perspectiva y con una visión privilegiada: “siempre he sido cauteloso con estas historias. Además, como grupo, Avalanch siempre han sido muy discretos, al máximo: es algo que no se debe notar. Cuando se acercó la salida de los dos primeros componentes (voz y batería), y tras haber estado conviviendo con ellos en la carretera, me habían dado pie a pensar: hay ciertos comportamientos o situaciones que te sorprenden, modos de entender lo que es una banda. A última hora la cosa estaba clara: Alberto era quien estaba tirando del carro en solitario y había gente que ya no disfrutaba con lo que estaba haciendo”. Y la verdad es que Alberto Rionda sigue siendo un pilar fundamental para las composiciones de Avalanch. “Prácticamente desde el principio yo he sido quien se ha encargado de eso. En este disco Ramón fue tomando mi línea compositiva, siguiendo los arreglos. Siempre hemos sido un grupo de estudio; nos gusta poder grabar la magia que surge en ocasiones. Más que estar en el local ensayando cada tarde, se trata de generar música. En este disco es donde eso brilla más. También se marcharon el bajista y el guitarra (ahora están Francisco Fidalgo y Daniel León, respectivamente) por lo que quedamos cuatro trabajando el disco, algo que lo hace más íntimo”. Ramón apuntala las declaraciones de Alberto: “al haber tantas bajas creo que hicimos más piña, y eso se nota en todas las canciones: hay mucha unión”. Alberto es el propietario de los estudios Bunker, que le permite currar en otra cosa sin dejar de estar en contacto con la música. Por supuesto que todos los discos de Avalanch han sido registrados en esa casa: “todo vino porque nuestra primera experiencia como grupo fue pasar por un estudio para hacer la típica maqueta. Ocurrió lo de siempre: demasiado dinero para el resultado final. No es que los estudios te sajen: es algo caro, cierto, pero la inexperiencia o una mala preparación a la hora de afrontar el estudio es una clave y a nosotros nos pasó con aquello. Tras eso me lancé a la piscina, me metí en el estudio y, aunque fui un inconsciente, salió bien. En este disco hemos estado un año entero encerrados, tranquilos, sin mirar el reloj, sacando sonidos, buscando la inspiración”. Este nuevo disco, “Los poetas han muerto”, tiene algo de conceptual y mucho de épico, una marca de la casa y, casi, del genero heavy metal en general. Ellos vienen a explicar, entre tanto, que puede ser, juntando el sentido de las canciones, la narración de la vida de una persona haciendo incisiones profundas en los valores espirituales del alma humano: “Creo que toda persona se puede identificar. Hablo del amor, de la familia, de cosas íntimas que todos, creo, sentimos”, remata Ramón. El sexteto asturiano, por inercia, se va acercando al momento de grabar un disco completo en directo, estación casi obligatoria para todo grupo que se precie de serlo. “Hicimos aquel minidirecto y estuvo bien: era la conclusión de una gira y queríamos dar algo a los fans. Hacer un directo es complicado. Creo que ese afán del músico por eliminar o borrar las gambas es un error. Puede que desvirtúe el sonido de la banda, pero todos las metemos y con eso debería haber permisibilidad. No sé cuándo lo haremos, pero, como fan, me mola ver algunos directos de mis grupos favoritos donde se metan gambas”. Su origen geográfico, por otro lado, no parece haberles supuesto obstáculo alguno a la hora de proyectar su carrera: “la única dificultad que encuentras al ser de Asturias es que no te encuentras abundancia de músicos o contacto directo con los medios y compañías. Pero lo demás es mejor: tranquilidad. Creo que te permite concebir la música de otro modo, pensar diferente”. Claro, que no todo van a ser alabanzas para la tierra que vio crecer sus melenas: “musicalmente, creo que nunca hemos sido respaldados. Nadie es profeta en su tierra, pero, poco a poco, nos han ido acogiendo, muy poco a poco”. Kike Buitre Avalanch. “Los poetas han muerto”. Avispa
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