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Andana. Mayo de 2003

Lentos pero seguros

Pocos grupos existen en el panorama nacional que se dediquen a recrear la música tradicional catalana. Andana es, quizá, su máximo exponente cuando se habla de un terreno contemporáneo. Son un grupo formado por seis músicos (Simone, Marc, Josep, Manel, Quim y Jordi) de amplio currículum y que, con su segundo disco, “Tren directe”, trazan ruta hacia dónde quieren ir, lentos pero seguros (como los trenes, por los que sienten debilidad). En este disco realizan una nueva interpretación del folk catalán más ortodoxo con el fin principal de hacer bailar, “de montar la fiesta”.

Convencidos de que la música tradicional tiene, en este siglo XXI, largo recorrido, este disco supone, según nos cuentan, “la consolidación de la banda como tal y un regreso a los planteamientos musicales originales. Decimos: ‘ésta es nuestra forma de ver y poner al día unos temas que salen de la tradición para lo de siempre: montar una fiesta’”. Así, mientras su primer trabajo (“Andana + Víctor Pi”) era una adaptación del folk más internacional junto a su amigo Víctor, en este disco se aprecia su gusto rockero y su apuesta por el sonido duro, por la modernidad, por los recursos que brinda la tecnología en este nuevo milenio. Culpa de mucho de lo que dice su música a la primera escucha lo tiene estar incardinados en el llamado “Gràcia territori sonor”, que, según nos explican, es “una organización ubicada en el barrio de Gracia de Barcelona que promociona y difunde la música experimental contemporánea, especialmente a través de un festival anual al que llaman L.E.M. Estas son unas siglas mutantes que tienen un significado distinto en cada edición. Aunque el discurso de Andana no responde exactamente a sus planteamientos, somos grandes amigos por vecindad: ésa es una de las razones por las que se da una cierta contaminación de recursos e ideas entre nosotros y que a menudo nos provoca estados de locura lúdica bastante saludables artísticamente”.

Ya metidos en harina nos cuentan que el elemento central en el que se basa su reinterpretación de la música tradicional catalana es “la fiesta y la música de baile. El folklore de Cataluña disfruta de un repertorio de canciones y romances espectacular en cuanto a belleza y lirismo. Nosotros jugamos con él, a veces para dar un respiro poético y otras para girar ese calcetín y convertir un tema romántico en rhythm&blues. Otro recurso importante es la instrumentación. El violín y el acordeón cantan y desgranan diabólicas melodías mientras una sección rítmica clásica de guitarra bajo y batería construye la base de cemento y metal. Sólidamente agarrada a la tierra, sobre esa vía ruedan a placer los solistas y sus ideas. El elemento tensionante es nuestra inevitable escora hacia la distorsión, el gamberrismo musical y el ruidismo en general, sea digital, electrónico, sólo eléctrico o puramente físico”.

Con la misma proporción de investigación y estudio que de innovación y experimentación en los temas que firman, la música de Andana es, según dicen ellos mismos, para verla en directo, aunque tengan ciertas limitaciones en su puesta de largo. “El trabajo en estudio te permite sutilezas o barbaridades difíciles de reproducir en directo. Como todos llevamos ya unos cuantos escenarios pisados, intentamos comunicar esa energía a base de sangre y sudor, aunque no renegamos de ayudas tecnológicas. A lo mejor un día metemos un ordenador ruidista en la banda”.

Firmes en su determinación, creyendo en lo que hacen, explican que, en la actualidad, el estado de salud de la escena del folk tradicional catalán es bueno. “Salvo contadísimas excepciones, la música tradicional desapareció de Cataluña durante el franquismo. Eso fue la causa de que, entre finales de los 70 y principios de los 80, los artistas que decidieron trabajar en ese campo, que ya no era popular, tuvieran que partir de cero. Con mayor o menor acierto y aceptación, hemos ido saliendo adelante hasta el día de hoy y creemos superado el bache. Ahora mismo hay un buen número de grupos y artistas haciendo cosas muy interesantes, intentando convencer al gran público --lanzado sin piedad a la comunicación globalizada del siglo XXI-- de las bondades de nuestras raíces y nuestra historia. El tiempo dará la razón a unos y se la quitará a otros. Mientras tanto, nosotros hacemos lo que creemos que tenemos que hacer”.

Oscar Santamaría