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Zebda Aqualung. 11 de abril de 2003
Tres cantantes en primera línea y un arsenal sonoro detrás que, lejos de abrumar, siempre es capaz de poner el matiz adecuado en cada canción. Zebda, en directo, es como un teatrillo ambulante con la velocidad metida siempre en la última marcha. Pieza tras pieza, lo que comienza asomándose a una pachanguita callejera se va adornado con los sonidos del acordeón, del violín… con todo un tejido festivo que parece como una anfetamina que pega el subidón a los cantantes. Son armas sencillas, eficaces, pero nunca evidentes, aunque pueda parecerlo en un primer momento. Y es que la gente que los tiene delante no puede sino contagiarse de su vitalidad; es asomarse los primeros compases de una nueva canción y sentir que tus pies están deseando dejarte tirado para irse de farra con los del compañero de delante. Es cuando llega el hip hop con el bajo metiendo presión, cuando surge el aire argelino con el violín taladrándote los oídos, cuando aparece el guitarreo del rock, cuando las percusiones te trasladan de continente… En su paso por Madrid, Zebda pudo pecar de ofrecer un repertorio que no premia, precisamente, su faceta más lírica, su música más íntima. Pero… es que ellos lo entienden así: los conciertos son fiesta. Y, a la hora de organizar una, el septeto va sobrado como anfitrión. La primera parte de su set abundó en los temas de “Utopie d’occase”, su último trabajo discográfico, pero siempre se encontraba el momento adecuado para echar una mirada al recuerdo de los viejos temas. Más adelante, cuando el ambiente ya era el propicio, el combo desarmó cualquier prejuicio con el arsenal de sus canciones más conocidas. Y aquello se vino abajo: las paredes del Aqualung empezaban a temblar como queriendo incorporarse al baile, las barras se quedaban vacías y todo el mundo comenzaba a skatalizarse levantando las rodillas, una a una, a la altura del pecho. En el escenario había comenzado una bacanal que ya no terminaría hasta que el tenderete tuvo que cerrar. Una noche estupenda que vuelve a consolidar a Zebda como una oferta de primera línea cuando tiene al público cara a cara. Espectacular. E.P.
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