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Jackson Browne

La Riviera. 7 de abril de 2003

Resulta casi increíble ver cómo, aunque el tiempo pase, Jackson Browne parece tener siempre la misma edad. Se viste y se peina igual que cuando rompió aquí con “Running on empty” (77) y sigue trabajando dentro de los mismos esquemas musicales que le vieron nacer. Nadie diría, a estas alturas, que este hombre es alemán de nacimiento y que ya va por los cincuenta y cuatro. Pero el caso es que el público sigue respondiéndole, guardándole un pedazo de su corazoncito, aunque solamente sea por agradecerle lo que hizo sentir a una generación entera con su versión de “Stay”.

Actualmente, el directo de Browne, que ya toca con el público sentado y con un sonido impoluto desde el principio hasta el fin, se centra en el repertorio de su reciente “The naked ride home”, un álbum que vuelve a colocarle donde siempre ha estado pero que está falto de canciones que sobresalgan por arriba. De ese modo, cuando caían desde el escenario “The night inside me”, “Casino nation” o la canción que da título al álbum, la gente se conformaba con disfrutar de lo sencillo esperando que, con el tiempo, aparecieran las canciones históricas.

Y es que Browne tiene su baza en la sencillez. Es como el perfecto adolescente universitario con síndrome de Peter Pan: está contra la guerra, intenta hablar en castellano y se sienta a su piano como pidiendo perdón por no poderlo tocar de pie. Y, como buen hijo y amigo, invita a sus compañeros a colaborar con él a fin de darle a todo un aire íntimo de reunión familiar. Alvaro Urquijo, Angel Petisme y Kiko Veneno aparecieron por el escenario reconociendo la influencia de Browne en su música y dispuestos a colaborar a ese sentimiento tan bondadoso que se respiraba en la sala. Jackson es de los que siempre se han movido dentro del folk rock americano y eso le ha generado que, generación tras generación, los nuevos músicos acústicos le reconozcan por sus virtudes. Cada cuatro o cinco años aparece una nueva etiqueta que siempre elevará a músicos de este tipo: country rock, nuevo rock americano, americana, neo country… Como él siempre ha estado ahí, no hay aprendiz que no sepa tocar sus canciones de los 70 y los 80.

El público español, sin embargo, no está tan entrometido en la obra de este hombre: le recuerda, le aprecia y, de vez en cuando, se da el gusto de verle en directo como si fuera un compañero del instituto que todos dejamos hace mucho tiempo. El siempre tiene guardado ese “Running on empty” capaz de generar recuerdos de juventud y, tras salir y volver a entrar, suelta el “Stay” para que quien se va a dormir lo haga contento. No necesita mucho más, y es por eso por lo que el concierto pierde ritmo y por momentos se hace largo.

Pero como el público estaba, mayoritariamente, sentado… pues estupendo.

E.P.

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