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IPD + Mask + Bubble Gum + Ratio Clamores. 10 de abril de 2003 Hay que tomar las cosas como lo que son. El concierto conjunto que hicieron las cuatro bandas que, recientemente, han lanzado disco en el sello STKM no puede ser valorado como cuatro actuaciones diferentes. La noche era más una puesta de largo de la nueva etapa de la etiqueta que un festival en sala cerrada. De ese modo, la colocación de los grupos en el escenario hubo de adecuarse a las posibilidades de espacio y la puesta en escena de los diferentes shows sufrió las limitaciones de tiempo y lugar que eran necesarias para organizar lo que, en el fondo, no era sino una fiesta de bienvenida. STKM presentaba, como sello, cuatro propuestas bien diferenciadas pero agrupadas, en el fondo, en un terreno neutro a reivindicar: lo negro, lo oscuro, lo que huye de los colores artificiales y banales que se han entroncado siempre con el pop de divertimento. La cuestión quedó clara con la primera actuación de IPD, el proyecto liderado por Justo Bagüeste, nada apto para mentes triviales. Su último trabajo discográfico abunda en la poesía surgida de la carne más que de la piel, y eso es difícil ponerlo en escena sin los elementos necesarios para crear el ambiente adecuado. Un pelín más tarde cogió el escenario Alex Bujas al frente de Mask, un proyecto paralelo que el cantante y compositor mantiene al margen de Stereoskop, su otra banda. Con Mask, Alex intensifica su creación arremolinando en torno a sí lúcidos efectos sonoros y melodías cargadas de tensión. El sonido, estupendo, favoreció su rock intenso y facilitó que sus canciones llegaran plenamente al público. Bubble Gum era la oferta más distendida de la noche, pero no por eso menos llamativa ni apta para el descanso. Francisco Planellas y Alicia Willen, quienes antaño colaboraran como Projecto Mirage, mantienen ahora la teoría de que, en el escenario, no son necesarias demasiadas cosas a la hora de ofrecer un techno pop sincero. Con abundancia de programaciones, y con la pareja sola sobre las tablas, fueron desgranando canciones de medio tiempo que, aptas para bailar, nunca desembocan en la simpleza. La versión que realizaron para cerrar su set, uno de los míticos temas de Parálisis Permanente, sí contó con una guitarra de apoyo, pero su sonido apenas fue perceptible más que como testimonial. Cerraba la noche Ratio, la oferta más dura de las cuatro que se presentaban. La banda, que es de las que gusta de las caras pintadas y de la imagen siniestra, es de las que lleva el sonido al extremo, retorciendo las guitarras y dejando casi de lado la melodía en sus canciones. Era el toque de fuerza de la noche, la oferta más difusa, pero también la más contundente. Las cuatro bandas, si bien danzan en lo oscuro, no plantean una estética tradicionalmente gótica o siniestra. Lo suyo es, más bien, abrir el camino sonoro que últimamente domina la escena con ofertas más densas y cargadas, con virajes hacia dentro en lugar de hacia fuera. El resultado, teniendo en cuenta lo que se decía al principio, resultó enriquecedor, aunque más justo sería ver a cada grupo con su show en un escenario dedicado específicamente a ellos. E.P.
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