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Dwomo

Caracol. 4 de abril de 2003

Me habían dicho que estos chicos eran la repera en directo, que se montaban unos espectáculos tan divertidos como vibrantes y que con ellos te podías llegar a mear de risa a poco que fueras predispuesto. Y puede que sea verdad. Yo, el caso, es que tampoco estuve boquiabierto en su concierto ni lloré de carcajadas. Pero quizás alguien sí.

Dwomo recuperan, musicalmente, la estética de ese pop divertido que abunda en lo intrascendente. En muchos momentos te recuerdan a la gente de la movida o de la nueva ola. La gran diferencia entre aquéllos y éstos es que Dwomo se salta los pasos intermedios que antes se consideraban necesarios para conseguir hacer una canción. ¿Una batería? Pues… bueno: alguna vez aparece una por allí, pero la mayoría de los temas tienen percusión programada y no pasa nada. ¿Una letra? Pues… no, mira: esta gente se marca una canción con el discurso de un binguero (tres, cinco, sesenta y nueve…¡bingo!) y se queda la mar de tranquila. ¿Músicos? Lo dicho: tres que andan por allí y que, con un solo dedito, justifican el uso de un teclado. Dwomo pone en escena más gente dándole al montaje de vídeo que tocando instrumentos musicales.

Lo que realmente propone este grupo no es tanto un concierto musical como la excusa para montar una fiesta: se visten de una manera pintoresca, se colocan gafotas de las que llevaba Elton John cuando era joven, llenan el escenario de muñequitos y, eso sí, te dan vídeo y más vídeo hasta que decides que ya es hora de mirar para atrás.

A mí eso del vídeo es que no… no sé: salgo de casa para evitarme la tele y, cuando voy a un concierto, dale que dale con el rollo catódico. Y encima, como esto es de vídeojockeys, no se conforman con ponerte una cinta de lo que sea y ya está. ¡Qué va! Que si para alante, que si para atrás, que si fundidos y que si colorines… Un tostón, vamos. Aunque es una opinión, porque lo cierto es que había mucha más gente mirando a la pantalla gigante que tratando de ver a los Dwomo. Para gustos hay colores, que decía el otro.

E.P.

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