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Celtas Cortos aportan nueva formación y nuevas ideas en “C’est la vie”. Mayo de 2003 Nueva etapa
Ahora son más. A la pareja saliente le toman el relevo Antonio Enrique (Antuan para los amigos) como vocalista y Jesús González y Oscar Medina con las guitarras. Junto a ellos permanecen Carlos Soto (flautas), Oscar García (bajo), Nacho Castro (batería), Alberto García (violín y trombón), Eduardo Trilonte (teclados y acordeón) y Goyo Yeves (saxo y percusión). “No fue una elección muy difícil”, comenta este último; “Jesús ya estuvo en el Alquimista Loco (el proyecto instrumental que apareció sin Cifu en el 98) y le conocíamos muy bien. Sabe mucho, viene del clásico y del jazz y se adecua perfectamente a lo que necesitábamos, alguien con nivel armónico. Para elegir el cantante escuchamos a unos once, pero todos dentro de nuestro círculo, sin necesidad de poner anuncios o buscar fuera de nuestros amigos. Antuan se lo ha tomado con mucha responsabilidad y ha quedado estupendo en la grabación. Oscar, por su parte, es mexicano, con un ochenta por ciento de sangre india, y resulta encantador. Musicalmente es la hostia: toca un montón de instrumentos y eso se nota en las sonoridades de las nuevas canciones”. Estas son las incluidas en “C’est la vie”, un disco mucho más ecléctico que los que han caracterizado a Celtas Cortos a lo largo de su andadura. En él hay piezas que recuerdan a charangas balcánicas (“C’est la vie”), viajes de Cuba a Centroeuropa (“Y después qué”), skas saltarines con guitarras rebajadas (“Baila”), reggaes melódicos (“Soledad”) que pasan por el Magreb y añaden hip hop (“Alicia”)… un amplísimo abanico que puede recordar, por momentos, a formaciones como Mano Negra, Seguridad Social (“Sin papeles”) o a alguna formación de heavy folk que no pusiera las guitarras delante de todo (“Como saber”). “Ahora repartimos mucho la autoría de las canciones. Siempre hemos trabajado muy unidos en el plano musical, pero de las letras se encargaba Jesús sobre todo. Ahora intentamos colaborar todos; lo hemos trabajado mucho y eso ha supuesto que nos juntáramos con un montón de temas. Hemos tenido que hacer muchas preselecciones hasta decidirnos por los que incluiríamos en el álbum. De todos modos, no pensábamos demasiado en el resultado, sino en que los temas pudieran ser defendidos y asumidos por todos. Eso nos ha llevado, al final, a una cierta unidad en las letras y a algo diferente a lo que solíamos hacer, algo más mestizo, con toques de rock latino y mucha sabrosura. Alguien dice que se parece más a lo que hacíamos en los primeros discos”. Cosas que se pueden concretar para el aficionado expectante son el cambio considerable que tiene la presencia de las guitarras o la variación en las temáticas de los textos. “Quizás las guitarras son más limpias porque Jesús era más rockero. Hemos intentado endurecer el sonido en algunas canciones, pero no todas lo pedían. Las letras… no son tan directas como antes: reflejan más una parte íntima de cada uno de nosotros. Siguen mostrando una lucha, pero a un nivel más personal, desde la honestidad y la dignidad de la persona individual. Jesús era, en ese aspecto, mucho más ácido y directo”. Dada la importancia de la pérdida dentro del grupo (no se puede obviar el referente de Jesús en todos los discos de los Celtas) es lógico ver que su marcha afecta al nuevo concepto formal de la banda. La separación, que no ha venido sino por unas ganas bárbaras de cambiar de formas, ha ido acomodándose a las necesidades de la amplia formación: “El quería abordar otro camino y, a lo largo de los últimos años, ya se venía fraguando el hecho de que prefería intentarlo en solitario. Es una opción válida que todos hemos respetado con naturalidad. De hecho, la última gira que hicimos fue una especie de autohomenaje que nos dábamos para celebrar todo lo pasado. Ahora, al igual que Jesús iniciará su proyecto, nosotros iniciaremos el nuestro. Es interesante y creo que va a sorprender porque todos tenemos las mismas energías que teníamos cuando empezábamos en esto. También nos ha influido la sangre nueva y el incluir a un cantante joven. Puede que nos hayan contagiado entre todos e internamente hay una fuerza impresionante”. Todo el proceso de dar carpetazo a un asunto y abrir una nueva carpeta para otro ha hecho que, aunque el último álbum de estudio de los Celtas se remonte hasta el 99 (“Tienes la puerta abierta”), la banda no haya parado su actividad ni un solo momento. Con “Grandes éxitos, pequeños regalos” (01) apareció el recopilatorio que servía de excusa para la gira en la que se despedían Jesús y Sendino. Y tras ella tuvo que abordarse el proceso de concretar el nombre de los nuevos músicos y su incorporación al equipo. “No se puede decir que hayamos tenido descanso. El único que ha habido ha sido a nivel de medios, de desaparecer un poco a nivel público, porque, en el creativo, hemos tenido que asumir un nuevo método de trabajo que nos ha costado bastante tiempo. Cada uno de nosotros ha pensado por su parte y ha expuesto sus cosas a fin de que las valoraran los demás, algo que ha hecho el proceso lento porque queríamos afinar mucho. En el disco hay, por ejemplo, canciones que se compusieron hace dos años. Todos tenemos ganas, unas ganas enormes, de ponernos otra vez en funcionamiento de cara a la gente. A ver si sale ya el disco y volvemos a los escenarios. Eso es lo que nos da vida. El trabajo en el estudio está bien, pero… no es lo mismo”. Al preparar la nueva gira (veinte fechas confirmadas sin que el disco esté aún en la calle) los actuales componentes de Celtas Cortos tienen claro que un nuevo proyecto ha de tener su consiguiente repercusión encima de las tablas. “Sabemos que nos vamos a enfrentar al problema de desprendernos de canciones que no casan tan bien con lo que hacemos ahora. ’20 de abril’, por ejemplo, es un tema que quizás no volvamos a hacerlo y eso será difícil de entender por parte del público. Pero es una decisión que hay que tomar: queremos ir a otro camino y, aunque seguiremos tocando canciones antiguas, también iremos, poco a poco, centrándonos en lo nuevo”. La mirada atrás no resulta, en esta situación, nada dura. “Estamos súperorgullosos de lo que hemos hecho como grupo: de las canciones, de los directos… de todo. Ten en cuenta que, a lo largo de nuestra carrera, hemos hecho más de mil conciertos y eso, el contacto con la gente, es lo que nos pone. Por naturaleza”. Aun así, los pucelanos no son autocomplacientes: su enorme listado de conciertos y los nueve discos puestos en la calle a lo largo de estos últimos quince años no son motivos para pensar que ya está todo hecho: “Al contrario: aún nos quedan muchas cosas por hacer. Este disco es solamente el primer paso de una nueva aventura y habrá, como siempre, que esperar a ver qué opina el público. Si funciona nos animará para experimentar más y más cosas que tenemos en nuestras cabezas. Otra de las cosas que queremos hacer y con la que estamos muy ilusionados es intentar, por fin, ser alguien en el mercado francés. Hemos trabajado mucho en ese país y creemos que es el momento para dar un empujón a todo. Ese es el motivo principal por el que hemos grabado el single de este nuevo álbum en francés. También queremos trabajar este año por Portugal; pensamos que nuestra propuesta puede gustar allí”. Otro punto de atención dentro de la actividad de los Celtas es la aparición de “Gente distinta”, un nuevo recopilatorio que Dro, su compañía discográfica, ha lanzado dentro de la serie que conmemora sus veinte años de actividad. Aunque el álbum no aporta material novedoso tiene la característica de añadir un hermoso libreto en el que la biografía del grupo es narrada con exactitud aderezada con curiosas fotografías. Celtas Cortos proviene, de alguna manera, de lo mostrado en su día por grupos como Almenara, cuyos componentes entraron en contacto con otros músicos que estaban haciendo sus primeros pinitos en el ambiente folkie de Valladolid. El grupo se concretó tras ganar un concurso bajo el nombre de Colectivo Eurofolk y su primera grabación llegaría como resultado de otro triunfo en un certamen cuyo premio era, precisamente, el lanzamiento de un disco. La discografía de los Celtas como tales se inició en el 89 con “Salida de emergencia”, disco que les proporcionó su fichaje con Dro y que desembocaría, posteriormente, en tres álbumes exitosos (“Gente impresentable” en el 90, “Cuéntame un cuento” en el 91 y “Tranquilo majete” en el 93) antes de un parón logístico en el que abundaron los conciertos en directo. Tras un nuevo álbum de estudio (“En estos días inciertos” en 1996) la actividad del escenario se mostró, discográficamente, en “Nos vemos en los bares” allá por el 97, y posteriormente el grupo cerró la etapa con “Tienes la puerta abierta” (99). Tras él llegaría el recopilatorio “Grandes éxitos, pequeños regalos” en 2001 y la gira de separación de la cual ya hemos hablado. Como proyectos paralelos hay abundantes colaboraciones de diferentes miembros del grupo en discos de lo más diverso, pero lo más llamativo son los álbumes que realizaron en solitario Jesús Cifuentes (“El caimán verde”) y Nacho Martín (“La noche de las once lunas”). A ello habría que añadir el disco de El Alquimista Loco, un proyecto instrumental que, seguido de una pequeña gira de teatros, vio la luz en 1995. E.P. Celtas Cortos. “C’est la vie”. Dro
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