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La violinista Annbjørg Lien pasó por España para presentar “Aliens Live”. Mayo de 2003 Cruzar fronteras
Comenzó a grabar cuando tenía doce años, en 1983, y lo hacía mostrándose ya como una virtuosa del violín. Como niña bien criada y obediente, se dedicó a ganar todos los torneos de técnica que se celebraban en Noruega para asombro y dicha de sus orgullosos padres. En 1987 volvió a mostrar su sonrisa de niña en otra cassette, “I seiserstakt”, en la que ya hacía notar su gusto y soltura a la hora de interpretar música tradicional. Un año después apareció “Kjellstadslattar”, un álbum en el que ya aparecía arropada con los músicos más relevantes de Sunmore, su ciudad natal, y en el que marcaba diferencias con respecto a los demás. “Annbjørg” (89) fue su primer CD, un álbum en el que, junto a la ya adolescente virtuosa, una compañía de discos colocó a la élite del jazz noruego. “¡Estaba loca de contenta!”, recuerda. “Era la primera vez que veía mis grabaciones en un CD”. Obviamente, no sería la última. El nombre de Annbjørg Lien comenzaba a ganar enteros. En 1987 había entrado a formar parte de Burkkene Bruse al lado de Arve Moen Bergset, Steinar Ofsdal y Bjorn Ole Rash y su pertenencia a dicha formación le había posibilitado conocer las giras internacionales que, con su carrera en solitario consolidada, ya no dejaría de realizar. “Felefeber” (94) volvió a presentarla, discográficamente, en soledad y acentuaba el gusto innovador de la violinista al encerrarse con un flautista, un guitarrista y un organista en una vieja iglesia a fin de aprovechar toda la rica acústica que desprendían sus paredes. A mediados de los 90 Annbjørg dio el paso definitivo: montó su propia banda y colocó como su mano derecha a Rash, uno de sus compañeros de Burkkene. El sería su teclista, su productor y su compañero a la hora de componer. El primer fruto de dicha colaboración fue “Prisme”, un álbum grabado en Suecia con equipos analógicos donde Annbjørg firmaba la mitad del material. La actividad con Bukkene Bruse no la dejó volver al estudio para hacer una obra propia hasta 1999, momento en el que conquistó el mundo con “Baba Yaga”. “Llegaba el momento de preguntarme: ‘¿qué quiero hacer? ¿A dónde quiero ir?’ Había realizado muchos viajes y había desarrollado una inspiración que aglutinaba lo moderno y lo tradicional. Rash me ayudó mucho y me bombardeó con enseñanzas sobre las posibilidades de creación sonora que ofrece un estudio. Compusimos juntos, abrimos todas las ventanas y nos permitimos absolutamente todo dentro del plano musical”. Recientemente ha aparecido en el mercado “Aliens live”, su primer álbum en directo y excusa para que Annbjørg y su banda se dieran una vuelta por España. El hecho nos permite acercarnos a ella y repasar su obra, una de las más sugerentes llegadas del frío y que, poco a poco, va calando también entre el público de aquí. Cualquiera diría que está desayunando, pero su ritmo vital llamaría de otro modo al plato de tortilla que se está metiendo entre pecho y espalda. En Noruega, dice, cenan a las cuatro de la tarde y no hacen más que dos comidas diarias. La inclinación de la tierra en algunas zonas del país hace que los días se prolonguen veinticuatro horas en algunas fechas de verano y que en invierno nunca aparezca el sol. Luce orgullosa su primer embarazo y se muestra sorprendida de que nuestro interlocutor le comente que una revista como ésta atiende todos los géneros de música. Dicharachera, comienza, entre bocado y bocado, a contestar nuestras preguntas obligándose a hacer memoria: -- “Empecé a los seis años. Aprendí a tocar el violín clásico y el tradicional. Mi padre me enseñó a tocar el tradicional y luego estudié el clásico en un conservatorio. Era muy pequeñita. Estuve interpretando música folk y clásica hasta los dieciséis años y, entonces, paré. Llegó el momento de decidir si quería hacer una cosa u otra. Ambas eran cercanas… pero diferentes. El folk me permitía una libertad que no me aportaba el clásico y eso me facilitaba realizar lo que yo, realmente, quería. Me decidí por esa opción”. -- En España te estás empezando a dar a conocer. ¿Cómo le explicarías a la gente que no te conoce cuál es el tipo de música que haces? -- “Son muchos colores, como cruzar fronteras… Es difícil de explicar. Cuando ves cine, escuchas música o lees un libro te das cuenta de que cada persona experimenta una situación diferente con cada obra: mientras unos ríen, otros lloran, y mientras uno ve el blanco, otros sólo ven el negro”. -- Es algo diferente de lo que haces con Bukkene Bruse… -- “Bukkene Bruse es, realmente, un compromiso entre cuatro personas. Siempre es difícil describir lo que haces, pero, a la hora de hablar de Bukkene, podría decir que hacemos una música más tradicional y más centrada en la voz del cantante que lo que yo hago en solitario. La mayoría de la música que tocamos es puramente tradicional, arreglada para flautas, hardanger fiddle y teclados. Hay muchos sonidos de órgano también… No sé: es una música más desnuda que la que grabo a mi nombre”. -- Explícame algo sobre los instrumentos que usas. Por aquí no es muy frecuente oír hablar de “hardanger fiddles”… -- “El hardanger es el instrumento nacional noruego. Proviene de una localidad que se llama, precisamente, Hardanger y la música asociada a él siempre se relaciona con escalas pentatónicas o con formatos orientales, casi hindúes; no sabemos cómo puede entenderse este tipo de relación. Es un instrumento barroco con cuerdas bordonas y eso permite tocar dos de ellas al mismo tiempo. La técnica de este instrumento está muy relacionada con la música antigua y tiene una gran riqueza de acordes. El nyckelharpa, sin embargo, es sueco. El que yo uso me lo regaló un grupo de música dance de ese país y es una absoluta casualidad que terminara en mis manos; me gustó. Tiene un sonido entre el chelo y la viola, un cuerpo muy grande y un timbre muy oscuro. Me gusta poder elegir qué instrumento escojo para interpretar uno u otro tema”. -- Tú has estudiado arte y diseño. ¿Cómo afecta eso a la hora de entender la música? -- “Es lo mismo, pero con diferentes herramientas. Cuando buscas tu expresividad hay veces, tanto en el arte gráfico como en el escenario, en que llegas a un momento en el que dejas de pensar, en el que tu cabeza está con la puerta cerrada a cualquier otra cosa. Ese momento es como tocar el cielo y cuando vislumbras eso reconoces un momento al que siempre quieres volver. Lo malo es que ese momento no aparece cuando quieres o cuando lo buscas. Es al contrario: cuando liberas tu mente y te concentras en tu obra es cuando puede volver a aparecer. Esa es la búsqueda”. Nos entretenemos un poco en revisar su discografía. Sonríe al recordar sus primeras grabaciones y recuerda su enorme alegría al disponer de su primer CD en la calle. Echa mentalmente cuentas sobre su situación en cada una de las fechas en las que los álbumes aparecieron y, en poco tiempo, advierte lo prolífico que puede ser una persona cuando ha llegado a la edad de treinta y dos años: -- “Cuando echas la vista atrás te puede gustar o no lo que has hecho, pero siempre tienes constancia de que lo importante ha sido, precisamente, hacerlo. Todo es parte de ti, de tu evolución, y una muestra de hacia dónde quieres dirigirte. En mi caso considero cada álbum como una exploración, como una ventana tras la que veo el momento en el que me encontraba cuando lo grabé. Cada disco tiene un antes y un después”. -- En “Annbjørg” grabaste con músicos de jazz y en un terreno poco relacionado con el folk. Sin embargo, luego te decantaste por ese género sin echar la vista atrás… -- “Me escribieron todos los arreglos y todos ejecutábamos lo escrito. Estaba muy orgullosa de poder tocar con esos compañeros, y más cuando éramos conscientes de que estábamos haciendo uno de los primeros discos de música experimental que se hubieran grabado en Noruega. El resultado de cara al público fue muy diferente: los puristas me declararon la guerra y me dijeron algo así como: ‘Cállate. No vuelvas a coger un violín nunca más’. Me odiaban”. -- También grabaste con orquesta, algo que a los puristas les gusta algo más… -- “Muchos músicos noruegos han escrito para hardanger y orquesta. Es como la música clásica, pero partiendo de nuestro folklore. No es como Grieg, por ejemplo”. -- Dentro de tu obra también aparecen colaboraciones con gente como los Chieftains o Secret Garden. Incluso has compuesto para algunas obras de teatro. ¿Qué te aporta todo eso? -- “Todo me aporta. Nadie puede decir que se inspira solamente en sí mismo; te inspira tu entorno, tu alrededor. Escribir para una obra de teatro, por ejemplo, supone pensar en la escenografía, en los colores, en la coreografía… en muchas cosas que tienes que relacionar con los temas. Tocar con otros artistas también es una gran inspiración, sobre todo cuando lo haces con gente que sólo ama la música. Lo bueno que tienen el folk o el jazz es que no nos entendemos como artistas: lo hacemos como músicos”. -- Se suele decir que publicar un álbum en directo supone algo así como cerrar una etapa y abrir otra. ¿Es éste tu caso con “Aliens live”? -- “Decir algo así, en mi caso, es prematuro. Para mí era importante grabar en directo y descubrir los resultados, cómo queda plasmado un momento como ése. Creo que en el próximo disco habremos aprendido mucho de éste y que eso se notará de alguna manera. ‘Aliens live’ es una especie de recopilación de mis tres últimos discos, pero con diferentes arreglos. Es una experiencia nueva y fantástica dado que, trabajando en el estudio, muchas veces te vuelves loca tocando y retocando las cosas. En un directo puedes dejar los errores e irte a los extremos”. -- Ya sea en tus giras en solitario o como parte de Burkkene Bruse, has recorrido el mundo de punta a punta. Supongo que, si lo que más te gusta es la música tradicional, esos viajes te habrán permitido aprender mucho. ¿Afecta eso también a cómo abordas tus composiciones? -- “Cuando trabajas en el folk no hay fronteras. Si todo el mundo fuera músico de folk no habría guerras. Te inspiras en la vida, en la comida, en el clima, en la gente, en sus mitos y sus leyendas… El folk es muy parecido en todos los sitios: es la música de la tierra y todos entendemos que la tierra es de todos”. La trascendencia de la obra de Annbjørg es difícil de resumir. Echando un vistazo a un resumen de su carrera uno se encuentra con cosas tan pintorescas como su actuación en una edición de los Juegos Olímpicos… aunque no como deportista. Junto a sus compañeros de Burkkene Bruse, fue una de las artistas que puso banda sonora a los eventos de 1994 y tomó parte en la ceremonia de clausura de los Juegos de Invierno de Lillehammer. Otra curiosidad poco frecuente dentro de la vida de esta mujer es su colaboración con Redd Barna, una asociación humanitaria unida a la ONG Save the children: -- “Actualmente seguimos teniendo relación con ‘Save the children’, aunque a nivel individual. La función que nos encargaron a Bukkene Bruse terminó y, actualmente, no estamos vinculados a la organización como grupo. Nuestra labor pasa, primordialmente, por llegar a gente que necesita ayuda o comunicación. Con Bukkene Bruse estuvimos en Mozambique haciendo una especie de taller en la que colaborábamos con chavales para que hicieran música. Nos resultó sumamente extraño y nos enriqueció una barbaridad a nivel personal: Mozambique es el tercer país más pobre del mundo y los chavales que teníamos delante cantaban y bailaban sin darle importancia a eso mientras que nosotros nos sentíamos como unas enormes y rígidas piedras”. -- ¿Tienes otras actividades “secretas” cuando no estás trabajando en la música? -- “Lo cierto es que, cuando trabajas en esto, la música te come las veinticuatro horas del día. Cuando no estás tocando estás componiendo o arreglando. A veces, cuando tengo un cierto tiempo libre, doy paseos por el campo procurando vaciarme de todo aquello que me influye en mi vida diaria. Es tiempo que dedico a meditar sobre mis cosas y, de alguna manera, a purificarme. ¡Hay tanto dinero puesto en enseñarte en cómo debes pensar…! Hay veces que puedes sentirte confuso y necesitar un tiempo para valorar las cosas en su orden”. -- En los últimos años se ha visto cómo la música escandinava ha dado un salto cuantitativo en su repercusión europea. Ya no es raro ver músicos nórdicos, dentro de cualquier estilo, que son reconocidos fuera de sus países. ¿Cómo contempláis esto desde Noruega? -- “Suecia y Finlandia siempre han estado ahí, pero Noruega, en ese aspecto, es un país joven, ya que conseguimos nuestra independencia en 1905. Eso supone que tardáramos más en incorporarnos a todo. Si te fijas, excepto músicos como Garbarek o A-Ha, no hay tantos noruegos conocidos a nivel internacional. Lo que sí hay es interés y actividad, gente que compone y que gana su espacio con su trabajo. Es probable que esa explosión de la música nórdica llegue como resultado de una actividad de años, pero, en el caso noruego, aún nos falta crear nuestra propia identidad. Se trata de sentirnos orgullosos de lo que hacemos más allá de lo que hagan o dejen de hacer los demás”. -- Quizás a nosotros nos pasa un poco lo mismo. ¿Conoces algo de la música española? -- “Demasiado poco. En Noruega apenas se importa música folk de otros países. Yo procuro comprar música cuando viajo, pero, en el caso español, tengo que admitir que mi conocimiento es muy limitado. Sé, o tengo idea, de que su folklore despliega mucha energía y he oído decir que aquí es como en Noruega, que hay muchas y muy variadas formas de entender el folk. Noruega es un país muy largo y con muy poca gente, lo que supone que tu vecino más próximo siempre esté a un montón de kilómetros. Ello lleva consigo que haya muchos solistas, con su propio dialecto y sus propias particularidades. Pienso que en España es algo así, aunque estoy deseando ver al público cara a cara y ver su reacción”. -- Cuéntame qué es lo que harás próximamente. ¿Tienes algún proyecto preparado para los próximos meses? -- “Bueno… El niño decidirá. Creo que durante un año y medio todo será relajado, algo que, para mí, supone una experiencia nueva. Espero que sea bueno y que eso sirva para inspirarme de cara a dar mis nuevos pasos. Estoy tan sana que seguiré trabajando hasta que tenga que parar, aunque asumo que, por cuestión del embarazo, no podré volar y solamente tocaré en mi país. Esta es mi última gira internacional por ahora. Me dedicaré a escribir con Rash y descubriré cómo es la vida de una madre. Por un lado sé que tener un niño no es como estar de vacaciones, pero volver a tener una rutina de comer a unas horas y acostarme a otras me vendrá bien”. E.P. Annbjørg Lien. “Aliens live”. Galileo
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