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Ana Torroja
Partamos de la base de que, para mí, Ana Torroja será siempre uno de los iconos y referentes del pop español. Quiérase o no, su paso por Mecano la coloca como una vocalista protagonista de tremendas canciones y de obras absolutamente reconocibles por cualquiera que no ponga impedimentos para disfrutar la música venga ésta de donde venga. Ahora bien: otra cosa es su carrera en solitario. Sus, hasta ahora, tres lanzamientos han resultado absolutamente decepcionantes, deudores del seguidismo y sin ninguna pieza que reivindique el considerarla como personalidad dentro de la música española. Ahora llega “Frágil”, un disco en el que, por fin, la chica se plantea unas formas y estilos que no argumenten su pasado y que no remitan inmediatamente a lo ya hecho. Es un adelanto, pero, con todo, algo realmente mínimo cuando alguien se plantea pagar por ello. Ana sigue cantando con formas amaneradas, con textos infantiles y con recursos tan simples que la convierten, en el mismo disco, en un elemento que apenas llega a poder ser considerado como “decorativo”. Bien es cierto que su pasado puede avalarla en la carrera mediática, que dispone de una compañía fuerte que la defiende en el mercado y que, gracias a su pasado, goza de una inmensa popularidad. Pero eso no justifica el lanzar al mercado un disco mucho más que mediocre en el que la vulgaridad es la nota predominante. Si Ana disfruta con esto allá ella, pero, realmente, da la impresión de que cada disco que hace en solitario no hace sino desmadejar y desprestigiar su carrera en la historia del pop español. Simpleza, sonatinas y arreglitos de cámara para una absoluta falta de canciones con entidad. Y, por lo menos, ya se ha quitado la voz de pajarito que tanto partido le ha dado. E.P.
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