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Red Hot Chili Peppers Palacio Vista Alegre. 28 de enero de 2003
No hace mucho se pasaron por el Circulo de Bellas Artes, los Red Hot digo, y verles frente a frente me había dejado el listón alto. Paparruchas, se lo curraron por su sitio durante dos días petados hasta el banderín. Varios precios, aunque creo que te quitaban, como mínimo, un papel morao de los de antes. ¿Teloneros? ¿Podían ser los Toiled Boys? Imposible averiguarlo: durante horas se hacen colas y, si te vas a la cerveza fuera del bar (dentro una lata de cerveza calentorra valía tres euros y medio, ¡toma morenoo!), pues sacrificas eso. Volviendo al Frusciante y al papel morao… En uno de esos arranques que le dan a lo Kabezabolo (guita, voz y pa’lante mientras los demás lo contemplan) se marcó el “All the young dudes” de Bowie con equivocación incluida y reconocida. Luego se harían todos la revisión del “Fire” de Hendrix, ya mostrada en su versión de estudio hace un siglo. Acertadas luces y proyecciones al fondo del escenario (normal con lo que se llevan de caché) apoyaban en todo momento el repertorio. Kiedis no andaba muy suelto con sus saltitos de siempre y su limitada tabla de acrobacias con el pie del micro. Cabría, si llegara el caso, preguntar al chiquillo por qué no usa inalámbrico. Por su lado derecho estaba Flea, que sacaba una vez la cara para, desde su voz de pitufillo, lanzar arengas con el castellano que refrescó la noche anterior. Me gustaron más que la otra vez que los vi en Las Ventas; en aquella ocasión tenían más mamoneo sobre las tablas (disfraces y lucecitas), pero musicalmente me tiraron menos. Para el repertorio tiraron de “By the way” y de la caterva de hits que mantienen, invariables, siempre a punto y encerados para su numeroso y variopinto público. Yo estaba al Frusciante, que me contaron que el primer día la tuvo gorda con un roadie que le dio la guitarra equivocada en un tema y con uno de sonido que no le subió su monitor. ¡Al Frusciante! En fin: que terminan su hora y cuarto de bolo con Flea y el guitarra haciendo una ensayada improvisación a la que les acompañó durante un buen rato el batera, parte durante la cual “Frus” sacaba jugo a su mueble de distorsiones, hipnótico y masivo. La peña decía que qué poco había durado y que ésa no era forma de terminar un concierto. Yo les respondía que la manera de terminar era acertadísima y que yo, como no había pagado… Kike Buitre
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