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Molotov regresa a España con su tercer disco debajo del brazo. Marzo de 2003.

Más punk, menos metal

“Dance and dense denso” es el nuevo trabajo de los mexicanos. En él abren miras y se dirigen, específicamente, a la gente más joven. Dejadas de lado las polémicas que generó su primer álbum y amparados en el éxito internacional de su segunda obra, el cuarteto tiene ganas de seguir trabajando y… aprendiendo.

Ante todo hay que admitir que los miembros de Molotov son gente simpática. Surgieron casi como de la nada y en muy poco tiempo se encontraron dando la vuelta al mundo dándose cuenta de que cualquier país les entendía mejor que su México natal. Y es que, como dice Micky (Huidrobo, uno de los dos bajistas del cuarteto), “nadie es profeta en su tierra”. Probablemente, el hecho ha conseguido que ninguno de los cuatro componentes de la banda (Tito Fuentes, Paco Ayala y Randy Ebright son los otros tres) tenga delirios de grandeza.

Cuando Molotov vio la luz la casualidad y la suerte se aliaron con ellos, y eso trajo consigo el que pudieran conocer un universo que, hasta entonces, estaba prácticamente vetado para quien vive en un país como México. Por aquellos tiempos no eran más que una panda de rufianes juveniles capaces de apuntarse a un concurso organizado por la Coca Cola con el único afán de poder beber gratis en los bares. El sorprendente triunfo en aquel certamen trajo consigo la posterior grabación de “¿Dónde jugarán las niñas?” y un escándalo que les proporcionó una enorme popularidad. Sus letras eran tan provocadoras como el mismo título del álbum: una evidente burla a la famosa canción de Maná (“¿Dónde jugarán los niños?”) que se complementaba con una portada en la que una quinceañera aparecía, con las bragas bajadas, dentro de un coche.

Aunque el asunto no cayó muy bien en México (las mayores cadenas de tiendas del país se negaron a vender el álbum) lo evidente era que el grupo había encontrado un esquema musical con más aciertos que fallos. Recogían las formas del rap metal norteamericano y las exponían con un toque latino que lo hacía enormemente asequible para quienes no iban por la vida con la etiqueta de “militantes del metal”. Fue salir de su país y encontrarse una respuesta abrumadora: “¿Dónde jugarán las niñas?” terminó siendo disco de oro en dos países y llegó al platino en otros cuatro (en España consiguió colocar, finalmente, más de doscientas mil copias).

En aquellos momentos parecía esencial que Molotov se distanciara de la, por entonces, verborreica y comercializada moda del rock latino. Ellos, evidentemente, poco tenían que ver con los grupos que nos llegaban de Sudamérica (más centrados aún en formatos clásicos y urbanos), con los solistas legendarios allí y completamente desconocidos aquí o con las bandas que aterrizaban desde México con un evidente acento en el caramelo y el baile (¿alguien entendió ya cómo se podía ubicar a Maná dentro del rock?).

Su decisión fue asaltar Estados Unidos y llevarse, con ello, su primer chasco. “¿Dónde jugarán las niñas?” consiguió colocar quinientos mil discos en la tierra, pero esas cifras no parecen tener consideración ya cuando hablamos de un mercado como el norteamericano. “Eso es distinto: a ellos no les gusta consumir producto gringo, no es su prioridad, y hasta los ingleses, que usan su mismo idioma, no consiguen tener a ningún artista que funcione en ese país. Es un problema cultural que les cuesta superar: piensan que los raperos tienen que ser negros y parece que eso sólo cambia lentamente gracias a gente como Eminem. Es un mercado muy difícil. En Estados Unidos ya no basta con trabajar para triunfar. La mayoría de la gente que va allí no pasa de limpiar restaurantes por una propina”, comenta Micky al otro lado del teléfono. El, como sus compañeros, están enzarzados en una maratoniana sesión promocional en la que atienden, con riguroso orden y reparto, a todos aquellos periodistas que se sienten interesados por su nuevo álbum.

Conversamos sobre su salto de frontera, especialmente sobre lo que supuso para la banda descubrir directamente sus influencias trabajando con Mario Caldato Jr., miembro de los Beastie Boys, como productor. Los cuatro miembros de Molotov siempre metieron a los Boys como uno de sus referentes más inmediatos y no se lo pensaron dos veces cuando tuvieron la posibilidad de que Mario echara una mano en “@pocalypshit”, un disco plagado de referencias irónicas hacia quienes creían que el mundo acabaría con el comienzo del nuevo milenio. Mientras que la mayoría de la crítica española se conformaba con ver en las canciones de Molotov efluvios de los Chili Peppers o de Rage against the Machine, sus miembros tenían muy claro que su propuesta era mucho más rica y mestiza, más acorde con grupos como los Beastie Boys que con lo sugerido dentro del entorno del rap metal.

“@pocalypshit” fue otro trallazo que consolidó a la formación mexicana a nivel internacional y que trajo consigo una gira de casi dos años. “¡Oh, sí! Hemos estado en San Petesburgo, en Checoslovaquia, en Suiza, en Italia, en Noruega… Lo conocemos todo casi mejor que México. En América hemos tocado desde Argentina a Canadá”. Con la tontería que empezó en un concurso local el cuarteto se había tirado casi cuatro años sin parar. Era tiempo para un descanso.

“Pudimos hacer algunas cosas distintas: participamos en la banda sonora de algunas películas, realizamos unos homenajes en los que nos apetecía estar e incluso montamos un pequeño estudio. Tratamos de hacer cosas que nos permitieran seguir aprendiendo. Luego nos pusimos a componer este disco, así que… no te creas que hemos descansado demasiado. Hicimos un poquito de gira y cambiamos la oficina de management, ya que en México no hay ninguna empresa que nos pueda atender bien en lo referente a las salidas internacionales. Tuvimos que irnos fuera a buscar una oficina que nos gustara”, comenta Micky. El bajista hace alusión a sus colaboraciones en las películas “Y tu mamá también” o “Atlético San Pancho” y a su participación en el disco de homenaje que varios artistas realizaron alrededor de Los Tigres del Norte, la banda de narcocorridos que tan popular se ha hecho últimamente en España.

El parón, como él mismo dice, no fue tan largo como se preveía: “Ahora sabemos que el dinero se acaba rápido y que hay que seguir trabajando. La familia la tienes siempre ahí, pero la situación que estamos viviendo no. Tenemos que seguir haciendo cosas, tanto por nosotros como por la música, ya que todavía somos jóvenes y creativos. Eso se ve en este disco: es joven y para jóvenes”. Micky habla de “Dance and dense denso”, el tercer y, hasta ahora, más reciente trabajo de Molotov, publicado en España a finales de febrero.

El disco se convierte, a partir de ahora, en el motivo de la conversación. Y es que, después de unas cuantas escuchas en el habitual CDR de adelanto, uno tiene curiosidad por saber ciertas cosas.

“Creo que tiene la misma magia que el primero. Es tan sarcástico y fuerte como aquél. Hacemos que la gente cante una problemática, pero sin lloros, sobrepasándola. A nivel de sonido no hay tanto bajo ni tan poderoso como en el segundo. Resulta más punk y tiene un poco de todo: hay canciones tipo alemán, hip hop como el de Nueva York, punk inglés… Tiene una variedad muy fuerte”, comenta Micky. Y uno, en su ignorancia, no puede estar más de acuerdo con él. Comparado con sus dos álbumes anteriores, “Dance and dense…” se presenta como un álbum más abierto, menos pesado a nivel de sonido y mucho más encuadrado en territorios abiertos que no deja de dominar el rock.

El hecho de que se parezca más (pero no tanto) a “¿Dónde jugarán las niñas?”, sugiero, puede venir dado por el hecho de haber vuelto a darle toda la responsabilidad de la producción al omnipresente Gustavo Santaolalla, protagonista en el primer álbum de Molotov y eficaz supervisor de todo en el segundo. “Es el productor idóneo y fundamental para que nuestros discos queden como queremos. La experiencia de grabar con Marco en el segundo fue buena, pero apreciamos la importancia que tiene no utilizar el mismo idioma. Marco no entendía lo que queríamos decir en las canciones y eso impedía exponer el sonido con la mejor de las posibilidades. Gustavo, sin embargo, nos entiende perfectamente. Además, su manera de hacer es muy particular: explota muy bien las voces y sabe resaltar las frases importantes de cada canción”.

Apunto a Micky la opinión de que lo que se entiende por rap metal parece haber llegado a ciertos topes de expresividad. Pocos son los grupos que mantienen una carrera larga dentro del género y, sin embargo, numerosos los avanzados del estilo que ya han exhalado su último respiro. Molotov, por su parte, parece continuar en el camino de no marcar tanto esa estética, de haber previsto la situación evitando meterse en un saco que, en muy poco tiempo, se llenó hasta la saciedad. “Cuando funciona algo en Estados Unidos siempre se termina produciendo un sobremercado y, al final, siempre te encuentras con la misma música pero con distinto nombre. El rap metal, cuando se comercializa, pierde toda su fuerza: es como el rap. El hecho es malo porque se agota y hay que esperar un renacimiento, pero también es bueno porque se deja de incidir en ello: como no se puede competir con lo que viene de Estados Unidos se generan cosas nuevas en otros sitios”, contesta.

Punto importante en la actualidad cada vez que se habla de un disco nuevo es el apartado de colaboraciones, esa práctica tan habitual que ya parece estandarizada. El cuarteto mexicano, sin embargo, no la ve con demasiado sentido: “No queremos utilizar ningún músico rentado. En la mayoría de las ocasiones ni les va ni les viene lo que tienen que tocar, no les late. Los únicos colaboradores que tenemos en el disco son Aníbal Kerpel, como productor asociado, y el mismo Gustavo, que incluyó algunas violas o guitarras. Bueno… también estuvo Rebel Robot: se supone que era un robot que iba a limpiar el estudio, pero siempre aparecía algún ruidito suyo en todo lo que grabábamos”.

“Dance and dense denso” incluye once canciones que fueron grabadas en los estudios Larabee y mezcladas en Sound Casttle. Ambos están en Los Angeles, ciudad en la que se gestó todo el álbum antes de que fuera remasterizado por Don Baker. Las mezclas del disco, cosa importante en la música de Molotov, volvieron a encargarse a Robert Carranza, quien ya operara con gusto en el anterior “@pocalypshit”.

En el disco, como en sus predecesores, un espacio de amplio peso son las curiosas letras que componen los mexicanos. Siguen con su tónica de usar el inglés, el castellano y el spanglish en “rolas” que, en más de una ocasión, requieren la aclaración del compositor. Aun así, hay mensajes tan directos como imponentes, caso de “Queremos pastel”, “Nostradamus mucho” o “Hit me”, una segunda parte del “Gimme the power” que tan popular se hizo en el primer álbum. Las temáticas inciden en la situación mexicana y en el mal funcionamiento de sus instituciones, algo que, como siempre, termina aplastando los hombros del ciudadano de a pie. “México no ha cambiado mucho en los últimos cinco o seis años. El que el PRI haya perdido el gobierno no significa que haya habido una revolución ni nada parecido, ya que ese partido sigue dominando las cámaras. Así el presidente propone, pero son las cámaras las que disponen. El presidente es un hombre honrado, una buena persona, pero…”

Pero eso no deja de ofrecer claramente el que México no pasa, ni de lejos, por su mejor momento, especialmente en lo que se refiere a la política cultural, algo que casi todos los países latinoamericanos (incluido España) parecen dejar de lado ante otros intereses políticamente más rentables. Molotov ha sufrido en sus carnes esa situación y no se cortan a la hora de expresarlo en canciones: “El primer disco fue muy prohibido y tuvimos que salir fuera. Se dice que nadie es profeta en su tierra, así que… hubo que trabajar mucho aquí. Principalmente, el hecho se debe a cómo está educada mayoritariamente la gente. Con esos live shows de televisión (‘Big Brother’, ‘La Academia’…) el público se piensa que la música es como la ven en la pantalla. Luego está el asunto de la piratería: está acabando con el arte de este país. Esa canción (‘Hit me. Gimme the power II’) es como un regaño a todos los mexicanos, a quienes creen que vale más lo de fuera que lo de aquí. En todas partes hay gente que hace cosas buenas, pero una cosa no es mejor solamente por ser norteamericana”.

Y, ahora que salen en la conversación, tampoco podemos dejar de lado la opinión de estos peculiares mexicanos con referencia a sus vecinos del norte: “¡Malditos gringos! Se enriquecen a costa de los demás, se hacen poderosos aplastando a otros. Se creen la necesidad de hacer una guerra cada cierto tiempo solamente para esclavizar a gente. El trasfondo de esa sociedad es muy fuerte: no tiene escrúpulos, especialmente su presidente. ¿Es realmente necesario que hagan todo eso?”

Bueno… no lo sé. O, en este momento, no veo la necesidad de dar mi opinión, sobre todo cuando Micky me señala que Estados Unidos seguirá siendo uno de sus objetivos comerciales en la próxima gira. “Lo principal es que la gente conozca las nuevas canciones, así que nos moveremos todo lo que haga falta para ello. En Europa haremos muchos festivales en verano y volveremos a intentarlo en Estados Unidos para ver si nos hacen caso”, apunta. El grupo desembarcará en España a primeros de marzo, aunque, a la hora de cerrar este artículo, no está cerrado su plan para la nueva visita.

Con todo, una cosa sí está clara para Micky: “no sé si tomaré su cerveza. Ultimamente me genera ardor de estómago”.

El tiempo pasa para todos: el motivo por el que Molotov participó en el citado concurso cocacolero que les vio nacer era el de beber gratis toda la cerveza que pudieran. Incluso, cuando les ofrecieron participar en un homenaje a Queen, el grupo adapto “Bohemian rhapsody” como “Rap, soda y bohemia” (una marca de cerveza mexicana). Aquello fue en el 98 y, desde entonces, el estómago y el hígado de todos los Molotov ha sufrido mucho.

E.P.

Molotov. “Dance and dense denso”. Universal

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