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Manta Ray regresan argumentando dureza y violencia. Marzo de 2003. Reivindicando el rock
“Es un álbum absolutamente influido por el entorno social. De ese modo, tiene una agresividad alimentada por todo lo que nos rodea. Pero también es una respuesta a la música cómoda y aburguesada que se escucha últimamente. Y no tanto hacia los artistas que la hacen como al público que, cómodamente, la acepta. En otros tiempos, en los 80, la gente demostraba una mayor inquietud por encontrar cosas que le satisficieran”. Así presenta Nacho Alvarez, bajista de Manta Ray “Extratexa”, la nueva obra del combo asturiano. En el disco hay suficientes elementos de ruptura como para considerarla como la consolidación de una nueva etapa que ya se dejaba translucir en “Esperanza”, su entrega del año 2000. “El anterior también era un poco así, aunque quizás un poco más amable, con esa violencia pero soterrada. Sí que hay una diferencia más sustancial respecto a los dos primeros discos, pero puede achacarse a que en aquella época éramos un poco novatos. No sabíamos bien el terreno que pisábamos”, añade. Si bien desde su aparición discográfica (los singles “Escuezme” y “The last crumbs of love”, ambos en 1994) Manta Ray parecía la bandera de las tendencias más reposadas que, por entonces, podía ofrecer el nuevo pop español, en los últimos tiempos la formación ha girado lo suficiente como para que aquella imagen desaparezca por completo de sus mentes. “La etiqueta que menos me gusta de todas las que nos han puesto es ésa que nos señala como un grupo de ambientes y paisajes. Con ‘Extratexa’ queremos romper definitivamente esa imagen. Somos un grupo de rock y una banda de directo y, particularmente, me siento más identificado con grupos como Black Sabath que con todos los Can o Neu con los que nos han relacionado. Además, ni siquiera conocía a esos grupos cuando ya nos decían que teníamos influencias de ellos. El otro día me alegró comprobar que, cuando la opinión no está contaminada, las cosas se miran más objetivamente: leí una crítica de nuestro álbum en una revista holandesa y decía que éramos como Queens of the Stone Age pero mejores. No es que esté yo muy de acuerdo con ese parecido, pero, evidentemente, se acerca más a lo que reflejamos en nuestros discos que a lo que siempre se nos ha apuntado por aquí”. “Extratexa” es, por tanto, “un disco en el que todo está muy presente. Refleja rabia, intensidad, violencia… Eso es lo que queríamos y creo que lo hemos conseguido. Puede que el resultado venga dado por haberlo grabado casi en directo, del mismo modo que fue compuesto. En él queda reflejado exactamente lo que queremos y plasmamos las inquietudes que actualmente tenemos”. ¡Qué cosas! Me viene a la cabeza la entrevista que, hace poco más o menos un año, realizábamos a Australian Blonde en la que también ellos señalaban un cambio de actitud y estilo una vez amanecido el nuevo siglo. Ellos comentaban que se habían tirado toda la vida queriendo ser un grupo de Rock de Lux hasta que descubrieron que lo que les gustaba era, precisamente, lo contrario: ser una banda como las que aparecen en Ruta 66. Nacho sonríe cuando se lo comento y no se apodera del comentario para hablar de Manta Ray, pero sí se esfuerza por clarificar el cambio de las cosas. “Nuestra propuesta siempre ha sido un poco abstracta, pero no éramos muy conscientes de ello cuando empezábamos. Puede que, para la gente más clásica, fuéramos un grupo algo difícil, pero, en realidad, pienso que ni lo éramos tanto como algunos nos señalaban ni, tampoco, una banda tan buena como nos apuntaban otros. Lo que intentábamos era crear nuestro lenguaje, nuestro propio camino, pero siempre con el referente del rock, de esa parte de la cultura del siglo XX”. No estaría mal hacer un poco de historia para entender la evolución que, a lo largo de diez años, ha traído y llevado Manta Ray. El grupo, que se presentó en sociedad con un tema aparecido en un recopilatorio del sello Waco allá por el 93, provenía de las casi cenizas de bandas como Yellowfinn o Eliminator Jr., propuestas que se encuadraron en su día en el “Xixón sound” y que, como casi todas las que iban en el saco, tenían poco en común con sus compañeras. La idea era dar sentido a aquel movimiento indie que reclamaba un concepto musical absolutamente distinto del que imperaba, aunque, con el tiempo, ha ido quedando claro que, como casi en todos los sitios, el asunto resultó más una moda que una verdadera aportación a la música española. “Fue una evolución lógica. Muchos de esos grupos estaban ahí para pasar el rato y otros estábamos para algo más, ya que creíamos en lo que estábamos haciendo. Surgieron cosas muy buenas, aunque también había mucho niñato. Los grupos que han quedado hacen ahora muy buenos trabajos, mucho mejores que lo que ofrecían entonces. En aquellos tiempos había mucho humo que con el tiempo ha sufrido una depuración. Con el tiempo terminas conociendo tu lenguaje, lo procesas y te quedas con lo que verdaderamente tienes”, apunta Nacho. Manta Ray, sin embargo, fue de las que duró, ofreciendo al cabo de este tiempo obras suficientes como para que su propuesta obtuviera parabienes y respuesta por parte del público. Primero fue con sus dos singles lanzados por Subterfuge, después con su triunfo en el Villa de Bilbao y un poco más tarde con otra colaboración para un nuevo recopilatorio de Waco (“Gijon goes to movies”, disco en el que hacían una versión de… ¡Chris Isaak!). No fue hasta el 96 cuando el grupo, formado por entonces por José Luis García, Nacho Vegas, Isaías Sanz y nuestro interlocutor, pudo firmar su primer álbum. “Eramos casi primerizos trabajando en el estudio, pero tiene cosas que, en mi opinión, aún podrían considerarse como vigentes. Fue, ante todo, una manera de abrir camino”. Con “Manta Ray” el grupo se cubrió de elogios, pero, con las mismas, fue mirado con bastante desconfianza por numerosos sectores de un público que deseaba algo más de ritmo en sus elecciones. Precisamente fue la diferenciación con los grupos de sonido más intenso lo que puso a los asturianos en el mapa convirtiéndose en una de las apuestas más firmes para quienes defendían el boom indie. La banda recuperó, además, la figura de un maldito como Corcobado en una colaboración que, finalmente, trajo consigo un disco en el que el oscuro cantautor se entendía cómodamente con el universo musical de Manta Ray. “Habíamos tocado con él en un disco recopilatorio que promovió el Festival Internacional de Cine de Gijón y, a partir de ahí, concretamos la idea de hacer un álbum juntos. El resultado estuvo bien, pero no tanto como deseábamos. Corcobado definía mucho el espacio de cada uno y no podíamos abordar muchas cosas del modo en que queríamos. Teníamos otra idea de el disco, aunque, finalmente, quedó bastante bien”. Eran los inicios y, con ellos, llegó el primer cambio en el grupo, ya que se incorporó Frank Rudow, percusionista que se ha mantenido hasta la actualidad dentro de la banda. Con él, y previamente a la grabación del segundo álbum, Manta Ray firmó un maxisingle en colaboración con el grupo francés Diabologum, una parte de un proyecto más amplio que pasaba porque ambas bandas facilitaran la presentación de la otra ante su público natal. “Resultaba difícil hacer el álbum por aquello de que ellos eran de otro país, por lo que, al final, hicimos algo compartido para justificar las dos giras que íbamos a hacer: una en Francia y otra aquí. La de aquí la hicimos, pero la de Francia, finalmente, no”. En 1998 se llegó a “Pequeñas puertas que se abren, pequeñas puertas que se cierran”, disco en el que se consolidó un ir y venir de baterías que, finalmente, terminarían otorgando el taburete a Xabel Vegas, el hermano de Nacho, el cual, por su parte, empezaba a hacer sus pinitos en solitario firmando “Verdá o consecencia”, la banda sonora de una serie de Ramón Luis Blande. El álbum resultó un absoluto acierto a tenor de las críticas de los medios más alternativos, contó con la colaboración de miembros de Come y afianzó la idea de que Manta Ray era un grupo que se alejaba de lo, por entonces, criticado como “rockista”. “Fue nuestro disco más psicodélico y en él explayamos bastante nuestra imaginación. Era como nuestro ‘Satanic majesties request’, álbum que, por cierto, escuchábamos mucho por aquella época. Además, se grabó en Madrid en un momento de puro desfase nocturno. Aún descubro en él cosas nuevas que, en su momento, ni apreciaba”. El contrapunto era la idea de que Manta Ray era un grupo absolutamente de temporada. Ya en el 98 habían empezado a caer los efluvios positivistas del boom indie y muchos de los grupos que habían sido ensalzados como fantásticos se habían quedado en la cuneta sin que el público les hubiera respaldado. Manta Ray, cuya música no era ni convencional ni fácil de asumir, podía ser el siguiente, pero… no lo fue. Su figura contó con el beneplácito de numerosos “gurús” de los medios de comunicación y su música venía respaldada por curiosos añadidos que, poco a poco, les hacían crecer como referente. El Festival de Cine de Gijón les volvió a dar cancha y, de ese modo, nació “Score”, un miniálbum grabado en directo que, además, contó con la distribución de la revista Rock de Lux. “Era unir música nuestra con bandas sonoras clásicas. Resultó muy arduo preparar las versiones porque los temas elegidos eran, de por sí, muy buenos. Resultó un poco precario de medios y, con seguridad, podía haber quedado mejor”, recuerda Nacho. Un poco más tarde Astro, la compañía que por entonces acogía la obra de Manta Ray, y Cosmos, un sello especializado en música electrónica, llegaron al acuerdo de publicar un álbum en el que el material de “Pequeñas puertas…” era remezclado por artistas electrónicos. “Creo que ya habían hecho otra cosa similar con otro grupo y que la experiencia les animó a intentarlo con nuestras canciones. En el disco había cosas interesantes y otras que no me gustan, pero, en lo positivo, habría que señalar que supuso una experiencia diferente. Resulta gratificante ver que alguien toma tus canciones para hacer algo nuevo. Era como otra dimensión de las mismas”. Es en el 2000 cuando los miembros de Manta Ray toman su nuevo camino. Nacho Vegas abandona el grupo y se centra en una carrera que, recientemente, acaba de promover “Cajas de música difíciles de parar”, su tercer trabajo. Pero hay más cambios… y consistentes. La producción de “Esperanza” será encargada a Kaki Arkarazo, algo absolutamente rompedor con el esquema de un grupo que, como casi todos los surgidos al amparo de lo indie, habían encontrado en sus inicios a un personaje como Paco Loco como icono a seguir. Kaki ha sido también el productor elegido para “Extratexa”: “Siempre nos gustó mucho, sobre todo sus trabajos con Negu Gorriak. Sabía lo que hacía y era todo un profesional, algo bastante difícil de encontrar en España para grupos con nuestras inquietudes. Tiene muchos conocimientos y es un gran fan de la música, algo que le diferencia de aquellos productores que son, únicamente, técnicos. Quedamos muy contentos con el anterior y mucho más con éste”, apunta Nacho, quien a la hora de hablar de “Esperanza” señala que “era luminoso, pero a la vez oscuro. En esos días ya éramos un grupo consciente de lo que quería y lo que podía hacer. Quizás tocamos muchos campos y muy diversos, pero a nosotros nos resultó muy enriquecedor”. La nueva colaboración con Kaki es, por tanto, como un paso adelante dentro de la senda ya marcada: “Es la concreción. Nos hemos despojado de adornos y hemos dejado fuera todo lo superfluo. Es nuestro disco de rock”. Entre ambos discos apareció, no obstante, un recuerdo a lo difícil. Se trata de una colaboración con el grupo levantino Schwartz que se parió, prácticamente, de una convivencia surgida en el estudio. “Fue una gran experiencia. Hecho como queríamos, con continuas improvisaciones, muchos desarrollos y sacando a la luz nuestras influencias compartidas. Quedamos muy contentos con él”, recuerda Nacho sobre “Heptágono”, disco que supuso, igualmente, el fin de la colaboración con el sello Astro. A partir de entonces los asturianos han decidido pasar a formar parte del sello Acuarela por motivos muy fundados: “Astro nos proporcionaba un ámbito musical que se nos agotó, tanto a nivel de difusión como de repercusión. Con ellos tocamos techo porque no tenían posibilidad de exportar nuestra música fuera de España, algo que sí va a hacer Acuarela lanzando el disco en Europa, Estados Unidos y Japón. Astro nos ayudó mucho por cuanto ha favorecido el que actualmente podamos pensar en más posibilidades. Tanto Astro como Acuarela son dos sellos importantes y sus catálogos son, probablemente, los que más me gustan dentro de la escena alternativa. Son muy necesarios para grupos como nosotros”. La aparición de “Extratexa” y sus posibilidades de exportación han generado que Manta Ray haya puesto en marcha hace pocas fechas una gira europea que, lógicamente, también tendrá su paso por España. “Ya hicimos algo en el 98 saliendo a Francia y a Portugal, pero ahora queremos hacer algo más amplio. Nos ilusiona salir porque creemos que podemos ser un grupo exportable. Nuestro directo será como una continuación de nuestras giras anteriores, aunque, lógicamente, adaptaremos nuestro sonido a los temas nuevos. No nos resultará difícil por cuanto este nuevo álbum se ha grabado casi como si fuera un directo. Lo que sí tendremos que hacer será reescribir canciones antiguas para que casen con nuestro sonido actual. Será expresivo y agresivo, muy intenso”. Antes de despedirnos cerramos un par de cuestiones que, como otras muchas, configuran la vida de Manta Ray desde el exterior. Ambas se refieren a los grupos paralelos que los miembros de la banda han puesto en marcha. Uno es Viva las Vegas, banda en la que participan José Luis y Frank. “Les sirve para soltar otras inquietudes más intimistas que no caben en Manta Ray. Se desahogan y se involucran mucho en ello”. Bastante diferente es la propuesta de Nada, formación en la que Nacho, Frank y Xabel se unieron puntualmente a Justo Bagüeste. “Nos llamó para hacer algo en el ExperimentaClub, pero en ese momento no podíamos participar todos y tampoco queríamos dejar de hacer algo. Con ésas le propusimos que se uniera a nosotros aunque no estuviese José Luis. Era como free electronic jazz, pero es algo que, en principio, no tiene continuación. Puede que, en una nueva ocasión, hagamos algo, pero será ocasional en todo caso”. E.P. Manta Ray. “Extratexa”. Acuarela
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