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Bonnie Tyler regresa con un álbum de versiones. Marzo de 2003. Algo más que un recuerdo
Lo de “heart” viene a decir que todas las canciones incluidas en el disco son baladas y lo de “string” que, para interpretarlas, Bonnie ha contado con la colaboración de la Orquesta Filarmónica de Praga. En el álbum aparecen piezas de Springsteen, REM, Phil Collins, Richard Marx o U2 entre otros, un universo ciertamente almibarado que saca de la vocalista sus posibilidades más tiernas. “El álbum está lleno de emoción. Dentro del rock también hay baladas que infunden mucha ternura”, comentaba una espectacular Bonnie a su paso por Madrid para colaborar con la promoción del álbum. “Estas canciones son parte de mi vida. ‘It’s over’, por ejemplo, es una canción de Roy Orbison que empecé a cantar en los años 60 cuando aún estaba con Imagination. La canté por última vez en 1974 y me apetecía mucho recuperarla para este álbum. El ‘In my life’ de los Beatles es otra canción que me conmueve: me recuerda a mi madre y muchas veces me hace llorar. ‘I still haven’t found what I’m looking for’ de U2 me acompañó durante una buena temporada en todos mis viajes en coche. La ponía a todas horas”, añadía. La aparición de “Heart strings” vuelve a poner de actualidad la figura de esta rubia galesa que conquistó a la adolescencia de medio mundo a finales de los años 70. En contra de la norma, su carrera no fue flor de un solo día y Bonnie ha continuado grabando con asiduidad aun cuando sus discos hubieran perdido interés a la hora de ser promocionados por su compañía. Su última grabación hasta el momento era “All in one voice”, un álbum publicado en 1999 que ni siquiera vio la luz en España, país en el que, por contra, una recopilación suya de grandes éxitos volvió a alcanzar las listas de ventas en 2001. “Mi carrera ha tenido picos, altibajos. Algunas de mis canciones sí han tenido éxito en los últimos años, pero quizá no en España. Si te digo la verdad, cuando no tienes éxito es cuando puedes hacer realmente las cosas que te gustan. Eso te permite no estar viajando continuamente para hacer promoción y puedes dedicarte a lo que te gusta, a cantar en directo. Es paradójico que te metes en esto para cantar y cuando más éxito tienes menos cantas. Durante los años en que no era tan popular no hice nada por cambiar esa situación. Giraba y disfrutaba” Subirse a un escenario no es nada nuevo para esta mujer que está a punto de cumplir, con muy buena cara, los cincuenta años y que apenas contaba con diecisiete a la hora de comenzar su carrera. Por aquella época se hacía llamar Sherene Davis, nombre que, como el actual de Bonnie Tyler, no es el que se le colocó el día que la bautizaron en Swansea, un pequeño pueblo del País de Gales. “Empecé cantando canciones de Janis Joplin y Tina Turner sentada en la cama de mi habitación. En una ocasión quedé segunda en un concurso en el que el premio era una libra. Era poco, pero suficiente como para convencerme que podía dedicarme a cantar profesionalmente. Al principio estuve en un grupo, Bobby Wayne & The Dixies, en el que yo era una de las Dixies y hacía coros. Estuve allí dos años hasta que me decidí a formar mi propia banda. La llamé Imagination y la mantuve durante cinco años”, recuerda. Por aquella época la voz de Sherene (ahora Bonnie y previamente Gaynor Hopkins) impactaba a quien la escuchara. Era rota, desgarradora, y se exponía desde una belleza apabullante que sorprendía con una melena platino y unos ojos la mar de azules. “Actuábamos en una sala que tenía dos pisos. En el de arriba tocaba otra banda y en el de abajo tocábamos nosotros. El AR de una compañía venía ver al otro grupo, pero se equivocó de piso. Nos vio y le gustamos, por lo que nos contrató en lugar de hacerlo con el grupo al que originalmente iba a ver. Fue en 1974 cuando grabé mis primeras maquetas y dos años después la gente de RCA me propuso un contrato”. Aquel AR era Roger Bell, cazatalentos de la editorial Chappel Music, y él fue quien colocó a Bonnie (o Sherene, como quieras) en manos de Ronnie Scott y Steve Wolve, dos productores que no pudieron sino alabar el gusto de Bell a la hora de escoger. “‘My, my honeycomb’, mi primer disco, no tuvo éxito, pero después grabé ‘Lost in France’, que sí lo tuvo y me permitió actuar en el ‘Top of the Pops’. Aquello era lo más maravilloso que me había pasado en la vida: estar en el mismo programa en el que había visto a Jagger, a Rod Stewart… a todos mis ídolos”. “Top of the Pops” era, por entonces, el programa estrella de la división televisiva de la BBC británica y uno de los programas de mayor audiencia por parte de la población joven. El primer álbum de Bonnie Tyler (ya con este nombre) se lanzó en 1976 con el título de “The world starts tonight” y, aunque la puso en el mapa de la música pop británica, no supuso más que un nuevo comienzo. Fue un año después cuando apareció en el mercado “It’s a heartache”: “Mi gran momento fue cuando ‘It’s a heartache’ funcionó en Estados Unidos. Tuve mucha suerte, ya que esa canción había sido grabada por otras dos cantantes y había pasado sin apenas repercusión. Sin embargo, mi versión fue muy radiada y, cuando estuve en Los Angeles, llegó un momento en que cada vez que cambiaba la emisora de la radio la escuchaba. Me daban unas tremendas ganas de sacar la cabeza por la ventanilla del coche y gritar a todo el mundo: ‘¡Eh! Esa soy yo’. Fue fantástico”. La canción, aun cuando veinticinco años después sigue siendo un plato fijo en cualquier recopilación histórica de la música pop, no resultó en aquel momento una panacea. Dos álbumes simplones grabados con posterioridad (“Diamond cut” en el 79 y “Goodbye to the island” en el 81) animaban la idea de que la recién descubierta vocalista pasaría a engrosar la lista de “dioses por un día” que tan frecuentemente reaviva la escena del pop. Sin embargo… “Tuve unos años flacos hasta que un día la compañía me preguntó con quién quería hacer mi próximo disco. Por aquel entonces sonaba mucho ‘Bat out of hell’ de Meat Loaf y, como me gustaban mucho las composiciones del álbum, pedí trabajar con Jim Steinman. El escribió ‘Total eclipse of heart’ y fue todo un exitazo. A cuenta de él tengo un record Guinness por ser la primera mujer que entró directamente al número 1 de las listas británicas. Le quité el número 1 a Pink Floyd”, comenta Bonnie sin dejar de mover sus brazos arriba y abajo demostrando que, ante todo, es una mujer sumamente expresiva. “Total eclipse of heart” formaba parte de “Faster than the speed of night” (83), un álbum que, junto a su continuador, “Secret dreams & forbidden fire” (86), recuperó absolutamente la figura de esta rubia apoyándose en numerosos vídeoclips que convirtieron su cara en una de las más características de la escena de la época. En “Secret dreams…” Bonnie continuaba colaborando con Steinman y colocando absolutos hits, como el inolvidable “Holding out for a hero”. Convertida ya en una vocalista mainstream, la galesa continuó su carrera con nuevos altibajos y con una producción más discreta. A álbumes como “Notes from America” (88) o “Bitterblue” (91), ciertamente prescindibles, le siguió una racha mejor que trajo consigo discos como “Natural force”, “Angel heart” (ambos en el 92) o “Silhouette in red” (93). Bonnie había dejado de ser una estrella, pero mantenía su carrera con una extraordinaria dignidad y con continuos cambios de compañía discográfica. El resto de su producción de los 90 (“Bonnie Tyler” en el 94, “Lost in love” en el 95, “Free spirit” en el 96 y “All in one voice” tres años después) no podía competir con las continuas recopilaciones que se ponían a la venta anualmente con sus grandes éxitos de los primeros 80. “Hay un cierto movimiento retro que por un lado está bien, pero en el que yo, particularmente, no pretendo entrar. No me veo recuperando la imagen de los 70 o aquella manera de trabajar”, dice Bonnie con ardientes deseos de hablar más del presente que del pasado. Y con ésas nos encontramos en 2003, con una Bonnie más madura y con una voz mucho más hecha, tanto que ya puede enfrentarse con serenidad y sutileza a toda una orquesta sinfónica. “Fui a Praga a conocer la orquesta y enseguida me parecieron fantásticos. Yo iba con una guitarra acústica y tocaba las canciones tal y como las había adaptado. Luego ellos las ensayaban un par de veces y… daba la impresión de que llevaran tocándolas toda la vida. Después de los primeros ensayos les dejé y ellos siguieron con su trabajo. Cuando volvimos a vernos aquello tenía una fuerza impresionante”, apunta refiriéndose al resultado de “Heart strings”. El álbum, como casi se puede suponer, entra dentro de la dinámica habitual que, actualmente, siguen los artistas maduros; una manera de cambiar de público y que, habitualmente, es sugerida por quienes entienden mejor de estas cosas de mercadotecnia. “Soy cantante y no escribo mis canciones; he tenido suerte de tener siempre a grandísimos compositores a mi disposición. La compañía me sugirió que podía hacer un disco de este tipo y la idea no me pareció nada mal”, señala Bonnie, quien, desde su fuero interno, ve en el disco una nueva posibilidad de hacer lo que, en el fondo, más la gusta: “El objetivo del álbum no es otro que volver a girar. Hace diez años que empecé a disfrutar con ello y no quiero parar de hacerlo. A finales de abril comenzaré una nueva gira y me encantaría tocar en España”, añade antes de explicar el porqué de dicha espera: “Mi banda actual es fantástica, aunque necesitamos un tiempo de ensayos para engrasarlo todo. En este álbum hay elementos orquestales y electrónicos que necesitan una cierta adaptación para llevarse al directo”. Con respecto al material elegido hay algunas cosas que, por curiosidad, requieren aclaración: “Son canciones que, casi en su totalidad, no cantan mujeres. Hay como tres estilos diferentes, tres arreglistas, tres modos de orquestación…”. En principio, la selección no sorprende en demasía, aunque se evitan los tópicos que, debido a la profusión de este tipo de grabaciones, aparecen con mucha frecuencia dentro del repertorio de otros vocalistas. “En el álbum no hay solamente rock; también hay canciones de obras de teatro, blues o gospel. Ahora que lo pienso… me gustaría hacer un día un álbum solamente de blues”, apunta Bonnie, quien, con su respuesta, anima a plantear el porqué del corte melancólico que, últimamente, integra casi toda su producción. “Hay canciones que necesitan una determinada interpretación y, en ese aspecto, yo soy como una actriz: si la canción rezuma melancolía es lógico que la cante transmitiendo eso. Pero no es que yo sea así, melancólica”. Viéndola en persona, “melancólica” es la última palabra que a uno se le pasaría por la cabeza para describir a una mujer como ésta. Su dinamismo a la hora de contestar es palpable y su locuacidad extrema. Si a ello añades el hecho de que, físicamente, Bonnie sigue estando imponente, no es difícil entender la envidia que su persona despertó entre las periodistas presentes en la sala. Hubo quien no se resistió a preguntar por su secreto recibiendo una respuesta de lo más femenina: “Tengo un marido acojonante, una familia estupenda y hago lo que deseo y lo que más me gusta hacer. Quizás es por eso por lo que tengo este aspecto. Llevo bien el paso del tiempo, pero eso de pensar que ya voy camino de los sesenta me aterroriza”. Antes de despedirnos aparece también la pregunta de rigor, su visión sobre los problemas que, actualmente, está sufriendo la industria discográfica: “Soy consciente de que la piratería dificulta el lanzamiento de nuevos artistas por cuanto quita royalties. Pero, la verdad, no es algo en lo que piense mucho”, señalaba. El motivo por ese desinterés resultaba, como en la mayoría de los casos en que aparece esta pregunta, obvio: “Cuando era joven yo también me grababa los discos de los amigos o copiaba canciones de la radio. Me hacía mis propias cintas, sacaba las canciones con la guitarra, copiaba las letras… pero cuando encontraba ‘mi’ canción me compraba el disco. Lo que pasaba era que, entonces, casi todos los discos eran buenísimos, de principio a fin. Ahora, en la mayoría de ellos, apenas valen un par de canciones y eso no anima mucho a que la gente los compre. Con los míos no pasa eso, claro: son buenos de principio a fin”. E.P. Bonnie Tyler. “Heart strings”. Capitol
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