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Folk

Aliento de tradición

Conste que la idea de resumir en diez propuestas lo mejor de un género musical a lo largo de un siglo es, además de divertida, fundamentalmente perversa. Su instigador sabía, al pergeñarla, que la tarea resultaría tan poco viable como la de ponerle vallas al mar océano, así que el ejecutor asume de antemano todas las imperfecciones que el aficionado advertirá en esta relación, ordenada cobarde y púdicamente, por lo demás, según los dictados del alfabeto.

Porque, a todo esto, ¿qué cosa es ésta del folk o folklore si se quiere huir --aunque sea batalla perdida-- del imperio de lo "cool", los "freaks", el "mainstream", el "backstage" y, por supuesto, los "phoners", infinitamente más sustanciosos que las muy vulgares entrevistas por teléfono? Digamos que el folklore es todo aquello que se guía por el aliento de la tradición y los ancestros, lo que no facilita nada las cosas. Hay pinceladas de este tenor, en mayor o menor medida, en buena parte de las etiquetas o géneros que puedan imaginarse. Para simplificar, aquí se ha querido reducir la búsqueda a los continentes europeo y americano, pero reivindicando que tan folklórica puede ser una pieza de hace cuatro siglos como una de este último verano y, por supuesto, que no tiene por qué haber un ápice de aroma rancio en toda esta página. A partir de planteamientos folklóricos han nacido discos de rabiosa contemporaneidad mientras que más de un rockero de última generación --dicho sea sin ánimo de que nadie se arranque la cabellera-- ha evidenciado planteamientos que compiten en conservadurismo con los de la señora Tatcher en sus mejores tiempos.

En fin. Todo es muy difícil. No se moleste, pues, el censor vocacional, el dogmático pasional o el tiquismiquis ocasional en poner el grito en el cielo por culpa de esta listita porque razones encontrará, sin duda, para pasarse todo el día taladrándole los tímpanos a su distinguido vecindario. Falta en esta relación, qué poca vergüenza, el gran Woody Guthrie, todas y cada una de las luminarias del Brasil, los abuelos y bisabuelos del son cubano, los maravillosos Inti Illimani, el tango --por qué no-- del inimitable Carlitos Gardel" Se menciona a unos portugueses de la última hornada para silenciar a la divina Amália y hasta al padre de la revolución, don José Afonso. Y, en el colmo del agravio, la inclusión de un representante ibérico se hace a costa de minar la moral patria, donde bien habrían merecido reseña los vascos Oskorri, los gallegos Milladoiro, los astures Llan de Cubel, el intenso aroma a salitre mediterráneo de la mejor María del Mar Bonet y tantos y tantos otros. En fin, un desastre. Pero el vilipendiado escribidor del malévolo encargo sólo levantará un hilo de voz para dejar dicho lo que sigue: a fe que estas diez pequeñas muestras del ingenio humano merecen un hueco en cualquier acopio guiado por el mimo y la emoción; y a fe que el coleccionista obtendrá de ellas cerca de medio día de placeres sonoros intensos. Que no es botín tan desdeñable.

"Mountain tale". Angelite. (1998)
Las Voces Búlgaras --para entendernos-- entrelazan sus armonías prístinas con el Moscow Art Trio y los cantos guturales de Huun-Huur-Tu llegados desde Tuva, en el corazón mismo de Asia. Arte puro.

"The times they are a-changin'". Bob Dylan. (1964)
De acuerdo. El señor Zimmerman puede aparecer en otros capítulos de esta encuesta, pero el gremio folky también reclama su parte. Nada sería igual en este siglo sin esa soflama profética o sin la vitriólica "With God on our side".

"Rock & reel". La Bottine Souriante. (1999)
Las hordas quebequesas de Yves Lambert llevan en danza veinticuatro primaveras y cada vez mejor. Canción francófona, metales traídos de Nueva Orleans, sustratos bucólicos" En su último disco sólo sobra ese título tan idiota.

"4". The Chieftains. (1973)
Los Jefes son los jefes y tienen más de un disco merecedor de figurar en cualquier discoteca esencial. En éste, grabado en la época de "Barry Lindon", se produce un pleno inusitado: cada pieza es un clásico. Sin excepción.

"Existir". Madredeus. (1990)
Por más que se rebusque es difícil encontrar una pieza tan hermosa como "O pastor". Y, desde luego, pocas voces suscitan tanta admiración como Teresa Salgueiro. ¿Es folk, música de cámara o nuevas músicas? Qué más da. Es una bendición del cielo.

"The best of". Márta Sebestyén (1997)
La voz de la húngara tranquila se eleva y desparrama por cada recoveco del salón. No hay un solo disco regular en la discografía de Sebestyén, así que parece buena idea empezar por este delicioso recopilatorio.

"We shall overcome". Pete Seeger. (1963)
Gran parte de las genuinas esencias norteamericanas están atrapadas en este concierto en el Carnegie Hall. "Nosotros regresaremos" algún día". ¿Alguien conoce un himno mejor?

"Ó Riada". Seán Ó Riada. (1969)
Casi nada de la presente algarabía celta habría sido posible sin el trabajo vindicador de este hombre. Ó Riada moriría sólo dos años después de esta grabación, en la que las flautas corrían por cuenta de un casi bisoño Paddy Moloney.

"Farewell to Ireland". Varios artistas (1999)
La fecha es engañosa. En esta caja de cuatro discos se agolpan ochenta canciones registradas a lo largo del primer tercio del siglo que cruzaron el Atlántico por la vía de la emigración. Hay otra colección interesantísima de esta naturaleza, "The voice of the people", pero comprende la friolera de veinte volúmenes.

"Aitara". Värttinä. (1994)
Es casi imposible sustraerse al encanto de estas finlandesas que se enredan en melodías endiabladas, auténticos trabalenguas sonoros de fin de siglo. Por cierto: "Tumala" es infinitamente más divertida que cualquier cancioncita adolescente.

Fernando Neira

 

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