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Bersuit Vergarabat. Junio de 2003

Que les devuelvan la bolsa

“No tiene maquillaje: es lo que somos, nada más”, comienza diciéndonos el frontman de Bersuit sobre el nuevo trabajo que acaban de publicar.
Los argentinos Bersuit Vergarabat se han ido ganando un nombre y un respeto con el paso de los discos. Aterrizaban aquí en el 98 con “Libertinaje”, aunque para ésas ya tenían tres trabajos funcionando al otro lado del charco. Tras aquel álbum llegó “Hijos del culo”, la última producción en estudio que han publicado. Si echamos las cuentas nos encontramos con los cinco dedos de la mano abiertos y con su nuevo disco en directo completando el cuadro. “De la cabeza” presenta en concierto a los inesperados y urgentes Bersuit, un picante zumo tropical de realidades puntiagudas y grumos nostálgicos. La grabación se realizó en su terreno, en el estadio Obras Sanitarias, porque, aunque aquí llenan por tres días la Gruta 77, en la Pampa revientan estadios a la mínima ocasión. Empezamos la charla con su peculiar y carismático líder, el pelado Gustavo Cordera, alguien que sigue flipando cuando oye que la gente corea sus canciones (el famoso narco hip hop del “Señor Cobranza” se lo despacha el respetable sin mayor reparo), cosa de la que da fe el disco en directo. “Siento un gran asombro. Es como una comunión con mucha gente que observamos y sentimos el mundo desde el mismo lugar. A veces te mete un poco de presión y, por mi parte, tengo que ser muy cauteloso con el tema del ego para que no se inflame y se vaya de foco, pero la energía que te vuelve es tan grande que, si la tomas con agradecimiento, es más lo gratificante que lo doloroso”. El disco está grabado en una sola noche de noviembre de hace dos años. Nuestro entrevistado cuenta irónicamente cómo fue la decisión de registrar un directo para su posterior publicación: “advertimos que no tocábamos bien escuchando las grabaciones, así que trabajamos mucho para encontrar el alma de las canciones, su centro, su corazón , sin euforia ni abulia. Y ahí está”.
Bersuit nació en 1987 fruto del típico encuentro entre inquietos músicos argentinos que tratan de cambiar el mundo y todo eso. “Fue en un concurso en Cemento, un antro muy popular para la vida de las bandas en la Argentina. La sensación de aquella primera vez que tocamos era la de una voracidad capaz de comernos el mundo: desesperación, placer, odio, venganza, magia, poder y tantas otras cosas que hoy ya ni recuerdo”. El cambio se fue dando y de pequeños garitos pasaron a grandes superficies, a dar gigantescos recitales y a vender miles de discos. Gustavo Cordera recuerda aquellos días: “sentí un potente y frío resonar. Digo frío porque, por primera vez, extrañé el calor de la gente, la transpiración, el poder mirarlos a los ojos… cosas todas que para nosotros son muy importantes, casi vitales. Estando en Costa Rica, y yendo por primera vez, nos encontramos con la graciosa y terrible noticia de que nos esperaban en un estadio unas cuarenta mil personas. Finalizando el concierto, frente a una asombrosa histeria generalizada, un animador ocasional quiso gastar una broma exhortando: ‘¿quieren más Bersuit, quieren más Bersuit?’ La gente respondió ‘¡sí sí sí sí!’ Una contraorden de la organización creyó que era conveniente terminar el concierto en ese momento y, en ese instante, abruptamente dice: ‘pues no hay más Bersuit’. Comenzaron a tirar toda clase de cosas sobre el escenario, pero lo que más caía eran lagartijas, ranas y sapos”. El disco no deja apartados su temas emblemáticos, los cuales revisan acertadamente. Por ahí aparecen “El viejo de arriba”, “Vuelos”, “Yo tomo”, “Se viene”, “La bolsa” o “Murguita del sur”.

La situación social (y, por ende, política) en Argentina siempre está presente en los discos de Bersuit. Aunque ya no esté en los titulares la crisis argentina, imaginamos que algo quedará: “Está mejorando, se está estabilizando; creo que nos estamos haciendo cargo de nuestro propio destino. Es una transición con la que el poder está cambiando de lugar. El neoliberalismo es tan despiadado que la gente ya no quiere padecerlo más porque, de última, termina dañando a quienes se benefician con él, no sólo a los marginados o separados del sistema. En Argentina hasta los bancos le han robado el dinero a la gente. En fin: creo que vamos a mejorar”. Siguiendo con su tierra, preguntamos por el tipo de público que se encuentra a un lado u otro del charco: “el argentino vive un sentimiento de destino trágico, como que todos los días cambia el rumbo de su vida. Por eso el agite, la pasión, la locura… Nada está resuelto más que por un instante. El público español se nota que tiene las cosas más resueltas: eso relaja de alguna manera, pero también merma el deseo, la pasión. Esto es para charlar largo y tendido: viven la música de distintas maneras, más espectador que partícipe”.

Regresando a “De la cabeza” y sus dieciséis canciones, Cordera nos cuenta el proceso de elección del repertorio: “estas canciones fueron las titulares indiscutidas en toda la historia de la banda: fueron elegidas por el público. Fue un regalo para la gente y, como todo regalo, lo único que pensás es en que gustará a quien lo recibe, así de simple”. El disco guarda una sorpresa para quienes aguantan con paciencia a que el disco termine y gire un ratito más: un bonus track: “es un remix de ‘Diez mil’, una canción que no nos gustó cómo estaba realizada. Preferimos hacer una experiencia con un DJ mexicano que salió, por lo menos, interesante. En fin: esas cosas. Caprichos del artista, dicen”.

Turrón & Babas

Bersuit Vergarabat. “De la cabeza”. Universal