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Madonna
Es algo agradable pensar que conocer nuevas culturas influye a los artistas a la hora de crear. Madonna, desde hace un tiempo, ha cambiado su residencia en los EE.UU. por una vida burguesa en Inglaterra y eso, por lo que parece, la ha hecho conocer una cultura que ha influido decididamente a la hora de abordar el trabajo en su nuevo “American life”. Admitamos una cosa: dentro del pop, esta mujer ha conseguido marcar tendencia durante la mayor parte de su vida artística. Y lo hacía, principalmente, porque renovaba el pop norteamericano con elementos de rock, hip hop o música electrónica siempre que lo consideraba necesario y pertinente. Cuando Madonna no inventa no interesa, porque presenta únicamente la faceta más convencional de su música. Y eso es lo que la ha pasado en su nuevo trabajo. Inglaterra es mucha Inglaterra como para no dejar huella dentro de una artista de pop. En el nuevo álbum Madonna ofrece una visión de la vida americana desde una posición de lustre y, encima, lo hace colocando sus canciones en terrenos tan blandos que uno duda, en ocasiones, de estar oyendo a la Madonna real. Más parece una de las vocalistas de esos grupos “tontitos” del brit pop, susurrando y quejándose de lo mal que la vida les ha tratado. No seré yo quien ponga en duda el que esta mujer puede cambiar cuando y como le de la gana, pero tampoco es cuestión de callar que este cambio, en concreto, lleva a la artista para atrás, como los cangrejos. “American life” se vuelve previsible al segundo tema, se empieza a repetir en el cuarto y pierde interés más allá del sexto. Si acaso alguna canción, bombardeada por las radios, puede terminar calando en tu cabeza. Pero nada más. Un fiasco viniendo de quien viene. E.P.
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