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Macy Gray
Bueno… Ya han conseguido que la Macy Gray pose desnudita para la portada de su nuevo álbum. Peligro. No dejo de desconfiar (no sé exactamente por qué) de las niñas que, para vender su disco, siempre ven interesante el aligerarse de ropa, jugar al rollo “sexy” y pensar que todos somos “torrentes” que sólo pensamos en carne. El caso es que con la Gray se me pasó el mosqueo enseguida: fue escuchar una vez su álbum y ver que su sentido musical sigue intacto. Si esta chica comenzó con el soul de corazón caliente nada me habría disgustado más que, en un plis plas, se volviera de esas glaumourosas de lentejuelas que entran, de cabeza, en lo que los norteamericanos llaman r’n’b: música negra de lo más mainstream plagada de banalidades amorosas. Macy tiene, por sentido estético, que crecer en cada disco. Y ella orienta su carrera como quiere. En “The trouble with being myself” hay veces en las que resbala, en las que entra en terrenos trillados en los que ni su voz responde ni la canción supera lo hecho. Pero en otras, la mayoría, vuelve a mostrar que tiene un talante interpretativo impresionante, una voz gloriosa (siempre recordará a Nina Simone, ¿no?) y un criterio enorme a la hora de elegir a sus compositores. Puede que la Gray aún no esté a la altura de una Aretha o de una Roberta, pero, con todo, es la mayor aproximación a ese estilo dentro de lo que se da ahora. Lo suyo es soul, sin necesidad de recurrencias de viento o de espectáculo macarra: vivo, caliente, directo. Es una joya esta chica. Y sus discos siguen mostrando una progresión creciente que permite seguir creyendo en ella. Aunque se desnude en su portada, aunque pase de la prensa musical y se concentre en la mayoritaria, sigue siendo una joya. E.P.
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