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Hevia
Se suele decir que el tercer disco es el que marca, como referencia, las posibilidades de crecimiento de un artista. Creo que, en el caso de José Angel Hevia, esa función ya la hizo “Al otro lado”, su segunda obra, publicada en 2001. Allí el asturiano dejaba claro que su discurso podía soportarse más allá del exitazo que tuvo su debut (“Tierra de nadie”, 98), que lo que ofrecía aportaba belleza y, además, cumplía una labor importante. Hevia es, actualmente, la conexión del pop español con la música tradicional (y no al revés). Su concepto musical no pasa tanto por fusionar el folk con otras músicas como la de abrir el pop a sonoridades de raíz. Y el asunto funciona: abre campos, cala en la gente y facilita que ésta se aproxime sin prejuicios a otro folk más puro. Lo que hace Hevia no es, ni de lejos, lo que hace Carlos Núñez: el asturiano se mueve en territorios populares, parte del concepto de canción (aunque haga muchos instrumentales) y lo adapta a su sapiencia en lo referente a la gaita. “Etnica ma non troppo” no es, por tanto, otro experimento, sino la continuación de un proyecto musical que, ahora mismo, hasta es necesario. Ofrece sonoridades diferentes a la música mayoritaria y compite con ella en los medios masivos, expone instrumentos tradicionales adaptados a los canales juveniles y conjuga una música asequible que evita cualquier tipo de comunión precedente entre el público y una determinada etiqueta estilística. El álbum ahonda en lo ya expuesto en las obras anteriores y sus diferencias con aquéllos son más anecdóticas que de otro tipo. Aquí, si acaso, se le quita preeminencia a la gaita, pero es que hay que empezar a darse cuenta de que, en el proyecto de Hevia (como en el de Núñez), la gaita es sólo un medio, no un fin. E.P.
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