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Bill Frisell

“The Intercontinentals”. Nonesuch. Junio de 2003

En España siempre ha habido un público para los guitarristas. Es cierto que la mayoría de ese público es ciertamente rockero y adora a los guitarristas corremástiles que, para tocar, necesitan apoyar un pie en el monitor y echar la melena para atrás. Pero no todos son de ésos: personajes como Pat Metheny o Bill Frisell son respetados y tenidos en consideración. Y no sólo como guitarristas (que eso es lo bueno), sino como músicos.

Metheny y Frisell siempre han tenido extremos que se tocan: los dos son capaces de tocar cualquier cosa y de desenvolverse en terrenos de lo más diverso siempre y cuando se imponga un alto nivel de calidad. Frisell, sin embargo, tiene un “algo” de Ry Cooder que no tiene Metheny: mira más allá del mundo americano, fija su vista en la música mucho más allá que en los parámetros formales de la música.

Eso le ha llevado a colaborar con músicos de los cinco continentes y, como en el caso que nos ocupa, con el fantástico Vinicius Cantuária. Juntos han equilibrado un proyecto que, además, mira a Africa, a su riqueza rítmica y a su variedad instrumental. Ambos se involucran de lleno en un proyecto que termina sabiendo como a una especie de banda sonora del oeste localizada no en las Rocosas, sino en las laderas del Monte Kenya.

“The Intercontinentals” es un disco enorme. Nada de jazz (fueron los principios de Frisell), pero da lo mismo. La guitarra de este hombre se convierte en una especie de banjo subsahariano y la aportación de sus compañeros de banda en un elenco blanco que mira a Africa con sus ojos azules pero que no deja de influenciarse por su poder y el de su tierra.

Es un álbum transcontinental, más propio (se ha dicho antes) de un tipo como Ry Cooder que del ambivalente Frisell. Pero éste también lo borda.

E.P.

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