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Bidaia
Habitualmente (¿a qué negarlo?) cuando los músicos de rock entran en el territorio del folk suelen hacer verdaderas barbaridades. Siempre hay alguno que se salva, pero, por lo general, los esquemas rítmicos del rock sólo recogen de la música tradicional las sonoridades exóticas y pintorescas o las formas bailables más populares, algo que siempre termina en pastiches dicharacheros con muy poco que reseñar. El caso de Bidaia es diferente. Si bien algunos de sus componentes proceden del rock, es la música tradicional el terreno en el que realmente se han encontrado a gusto. Y no sólo eso: han sabido mantener del rock y de sus formas interpretativas aquello que puede aportar algo al proyecto musical que ahora defienden. Este, mostrado en el reciente “Oihan”, parte de la música de Euskadi pero con una lectura progresista y abierta. No se queda solamente en Euskal Herria, sino que, con el uso de los esquemas rockeros, introduce en las composiciones formas y sonidos provenientes de los lugares más exóticos. En “Oihan” puedes reconocer música celta, vasca, castellana o, sencillamente, propia. El hecho de utilizar la guitarra acústica como hilo conductor de todo es otra de las novedades que el grupo aporta. No estamos, por tanto, ante las formaciones clásicas que impone la tradición norteña, sino ante una extracción de contenidos que Bidaia utiliza en su propio interés. Escuchar, por ejemplo, “Binangobarri” ilustra la idea: la canción parte de coplas tradicionales que se cantaban en una especie de “pasacalles limosnero”. Bidaia impone a la composición un ritmo marcado, suelta la guitarra y se involucra en un terreno instrumental que recordaría, por momentos, a las formas genuinas del heavy metal, eso sí, con sonoridad tradicional. E.P.
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