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Amadue Adell
Resulta ya evidente que la aparición del sello Omix está suponiendo un revulsivo impresionante dentro del jazz valenciano. Y el hecho es de los que merece celebrarse por cuanto, como señala José Luis Galiana en el libreto interior de este “Innsbruck”, la Comunidad está pasando por un momento dulce en el que una nueva generación de músicos está encontrado una manera tan sólida como personal a la hora de expresarse. Valga como botón de muestra éste, el primer álbum del contrabajista Amadeu Adell. En él hay el posicionamiento clásico que se puede esperar, pero, más allá de eso, es un disco que entronca directamente con un jazz contemporáneo y, en cierto modo, propio. Adell, con su grupo (Miquel Casany, José Luis Granell y Juanjo Garcerá), no se somete a la tiranía de lo ya hecho, de lo aprendido y ejecutado durante años, de lo académicamente correcto. El escucha en su mundo y su mundo no es el del bebop ni el del free jazz, sino el de la música realizada durante su vida. Amadeu es, como tantos otros compañeros de generación, de los músicos que se inició en esto dentro del rock y que, antes de decantarse por el jazz, ha participado en álbumes de folk o de música clásica. Es, a partir de entonces, con unos conocimientos abiertos y una depurada técnica instrumental, cuando se puede empezar a crear. El contrabajista firma todos los cortes del disco y rechaza de plano introducir versiones de clásicos que, probablemente, aunque admire, no le reflejan como creativo. Si se tratara de poner pegas uno echa en falta un poco más de animación rítmica en alguno de los temas del compacto, pero, con un poco de suerte, ya tendrá tiempo Amadeu de mostrarse en esa faceta en trabajos futuros. E.P.
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