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Bloc de notas Por Diego A. Manrique. Julio de 2003 Madonna ha sabido reactualizar su música recurriendo a productores flexibles. Pero hace años que sus decisiones extramusicales revelan a una diosa que vive en ese raro Olimpo de las superestrellas y que, parece, no se entera de la realidad. Su última bajada de pantalones demuestra que se acojona rápido. La cobardía de Madonna
Ella es, sencillamente, el modelo dominante, el patrón de estrella pop. Recientemente el “management” de David Bowie encargó un estudio de mercado entre adolescentes de alrededor de catorce años. Bowie quería saber qué futuro tenía, en potencia, entre ese público. La encuesta preguntaba por los favoritos de los críos entre los artistas de rock clásico; para su pasmo, la figura más votada era Madonna, seguida de Michael Jackson y Prince. Dado que Madonna siempre ha torcido el morrillo ante la idea del rock --¡machos tocando guitarras eléctricas!-- resulta pasmoso que haya colonizado la imaginación de los chavales hasta hacerles creer que ella encarna una música arrogante y provocadora. ¿Provocadora? Cada vez menos. Madonna anunció que autocensuraba el vídeo de “American life” por “respeto a las tropas “(las anglo-americanas, se entiende)” luchando en Irak”. ¡Cágate, lorito! El mismo vídeo que su equipo promocional venía inflando desde febrero: que si director de prestigio, que si denuncia de la violencia, que si sátira de los desfiles de moda… La justificación de la retirada del vídeo en su página web es atómica: “se filmó antes de que comenzara la guerra y no era apropiado emitirlo en este momento”. ¡Cuánto cinismo! En “American life” tienes que creerte una nueva reencarnación de la “material girl”. Ahora cargando --en la letra-- contra el materialismo integral al estilo de vida estadounidense y --en el vídeo-- atacando el mundo de la moda (ella, que es vestida gratuitamente por las principales marcas). Las imágenes de bombardeos y niños refugiados eran la concesión a los sentimientos antibelicistas; la guinda consistía en un actor encarnando al presidente Bush como un simplón satisfecho de sí mismo al que le cae una granada de mano y sabe que es broma, que se trata de un encendedor. Demasiado hiriente para tiempos de guerra, según Madonna y su equipo. Perdida en el Olimpo
Y pudimos leer en “Hola!” (14/10/02) estremecedoras confesiones de la pareja. Guy: “es un problema dirigir a tu mujer en escenas amorosas viéndola en brazos de otro”. Este chico… ¿es tonto o se lo hace? ¿Cree que Madonna acaba de salir de un convento? ¿Ha visto las fantasías “hardcore” de “Sex” o se lo ha prohibido Madonna? La actriz principal aseguraba haber “sufrido” por revolcarse con Adriano Giannini, prodigioso arrebato de pudor: “todo fue extraño porque, al fin y al cabo, Guy es mi marido y la única persona con la que hago esas cosas. Pero… ¿sabes qué? Soy una profesional y he conseguido superarlo”. Las carcajadas todavía resuenan por Hollywood. “Swept away” tal vez no fuera mucho más horrible que ese cine comercial que nos ponen en los aviones y que uno no puede entender a qué mente jibarizada --que no esté encerrada en un tubo a diez mil metros sobre el mar-- puede interesar. Pero la hostilidad general, manifestada en taquillas ridículas y premios insultantes, confirmaba que Madonna no es creíble como actriz, y menos en manos de su marido, un pijazo que va de duro, de experto en películas de gangsters londinenses. ”Lady Madonna, children at your feet”
“American life” es otro gesto vacío de una superestrella políticamente esterilizada. Es hora de brindar por la otra Madonna, aquélla que se enfrentaba al Vaticano y a todos los bienpensantes en el siglo XX. Es hora de recordar los pasmados versos de Machado: “aquel trueno, vestido de nazareno”. También puedes leer la crítica de "American life"
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