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Hedningarna, el grupo de folk sueco y finlandés, volvió a girar por España para presentar su primer álbum recopilatorio. Julio de 2003 El norte también existe
“Lo que queríamos en principio era trabajar con música e instrumentos tradicionales, pero llevando esa música un poco más allá de lo habitual. De ese modo desarrollamos instrumentos que ya no existían y los acoplamos a un concepto musical que tuviera un matiz más actual. No queríamos hacer música de la edad de piedra, sino acompañar su sonido con los aportes de la tecnología. Luego nos encontramos con las vocalistas, que trabajaban también en un terreno que no era muy habitual dentro del folk finlandés. Vimos que, uniendo nuestras fuerzas, podíamos reunir dos estilos: el folk finlandés y el folk sueco”. Quien habla es Anders Stake, uno de los tres componentes originales de Hedningarna. El intenta, junto a Tellu Turkka (de soltera era Paulasto y así aparece en los créditos de los primeros discos del grupo) y Liisa Matveinen, explicar a la prensa española lo que es Hedningarna, algo que parece que sobra cuando estamos hablando de un grupo que se toma un respiro dentro de una gira de seis fechas por nuestro país y que cuenta sus actuaciones por éxitos de público. Anders fue, junto a Björn Tollin y Hâllbus Totte Mattsson, quien puso en marcha este peculiar proyecto a finales de los años 80. Escuchándolo hoy uno puede identificar el invento de aquellos tres estudiantes con lo que, en su día, hicieron los miembros de Dissidenten, pero, en el fondo, hay bastantes más diferencias. Hedningarna no partía de la música foránea (Dissidenten orientaron su propuesta sobre la música africana), sino que se conformaba, y no es poco, con actualizar el sonido de la música tradicional sueca. El folklore sueco parte, principalmente, de la música de “bordón”: “Este tipo de música siempre tiene una nota sonando en el fondo. Es como vuestra zanfona: tocas una melodía pero siempre tienes algo ahí detrás. La música de bordón se da mucho en la música folk: en la árabe, en la india, en la escandinava…” A partir de ahí al trío se le planteó una dificultad añadida: no existían instrumentos para recrear esa música. Los que se usaban dentro de la música tradicional que ellos querían recrear habían desaparecido y lo único que les valía como referencia eran los conservados en museos o reproducidos gráficamente en libros antiguos. Ni cortos ni perezosos, y contando con la maña de Totte, se pusieron a reproducirlos. “Un instrumento tiene un alma propia. Puede que te guste o no el sonido que genera, pero tiene su propio ser. Lamentablemente, también tiene un volumen y no podemos llevar en nuestras giras toda la colección de instrumentos que tenemos, así que sampleamos las partes que ocupan y las usamos así en directo. De todos modos, nosotros tomamos esos instrumentos como puntos de partida para enriquecerlos con las posibilidades tecnológicas que se dan hoy en día”, comenta Anders. Con aquellos mimbres se grabó “Hedningarna” (89), su primer disco. “Era una producción muy básica y barata. Apenas dos micrófonos y nosotros tocando. Era nuestra primera experiencia en un estudio de grabación”, recuerda Anders, quien, como sus compañeros, se asombró al ver la repercusión que tuvo aquella grabación. Hoy, quince años después de la formación del grupo, su emblema discográfico es un recopilatorio escondido tras el título “Hedningarna 1989-2003”. “La recopilación marca un alto después de una carrera de quince años. Es hora de celebrar lo conseguido porque la idea con la que nacimos como grupo permanece y funciona. Estamos orgullosos de lo conseguido”. Echemos un vistazo a “lo conseguido”. “Al principio hacíamos únicamente música sueca y Totte quería una aportación vocal para enriquecerla. Un día descubrimos a Tellu y supimos que era lo que necesitábamos. Su música era muy fuerte, mucho más de lo que es habitual en la música tradicional sueca, que es como más blanda, más suave”. Tellu es una vocalista finlandesa que trabajaba, habitualmente, con su compañera Sanna Kurki-Suonio. Ambas entraron a formar parte de Hedningarna y tomaron parte en la grabación de “Haksi!” (92), su segundo álbum. “Vimos que el público del folk era pequeño y que vendría bien ampliar nuestra propuesta a una audiencia mayor. Queríamos llegar más allá y vimos que la tecnología nos podía ayudar para hacer una música de más amplio espectro”, apunta Tellu. Lo que proponía “Haksi!” era una absoluta innovación dentro de la música popular; era como una mezcla de house y música de bordón con un plano principal dedicado a vocalistas que cantaban en un idioma ininteligible para la mayoría del público que no fuera escandinavo. El disco no sólo rompió moldes y esquemas, sino que generó la exportación de la música de Hedningarna y les sirvió, incluso, para ser nominados a los premios Grammy. “Haksi!” es un disco inolvidable para todo quien haya tenido posibilidad de escucharlo. A España llegó muchos años después gracias a la distribución de Arpafolk y causó la misma impresión que había causado en toda Centroeuropa o Estados Unidos. El hecho se repitió con “Trä”, su entrega del 94. “Mejoramos nuestra dinámica y comenzamos a usar loops y samplers. Fue un disco que tuvo mejor producción, más instrumentos y más canciones”, recuerdan. De hecho, fue el disco de su confirmación. Deseosos de recrear su música en los ambientes más adecuados para ella organizaron abundantes conciertos en medio de los bosques suecos a los que iban, en una especie de peregrinación, numerosos amantes de su música. Lo que comenzaba como un concierto terminaba siempre generando una enorme rave que, a la luz de las hogueras, mantenía bailando hasta el amanecer a un montón de jóvenes que escuchaban, pasmados, música de sus ancestros actualizada con elementos tecnológicos. Aquel disco, incluso, generó la aparición de “Sasha mixes”, un maxi en el que DJ Sasha remezclaba algunos temas de “Trä” orientándolos a las pistas de baile. “Soy un gran fan del techno”, dice Anders, “y el proyecto me encantó. Sí es cierto que la primera remezcla que escuchamos no nos gustó nada, pero el hecho de explorar las posibilidades que nuestra música ofrecía en manos de otra persona era algo que nos resultaba excitante. A mí me parece que lo que salió publicado tiene un gran atractivo. Me gustó mucho”. La repercusión de la música de Hedningarna cruzaba fronteras rápidamente. El grupo llegó, incluso, a tener su peculiar aventura americana. “Fire” (96) aglutinaba en su interior una selección de los temas de “Haksi!” y “Trä” y fue un álbum pensado únicamente para el público de Estados Unidos. “Bueno… Eso ocurrió hace tiempo y fue una experiencia de la que ni nos acordamos. En principio se iba a montar allí una gran compañía que, entre otros proyectos, quería lanzar nuestra música. De ese modo se hizo un recopilatorio con el material de ‘Haksi!’ y ‘Trä’ para poder presentarnos allí, pero el proyecto no prosperó y todo se fue al garete. Aquella gente, además, quería que nos cambiáramos el nombre para trabajar en Estados Unidos; decían que los americanos no sabrían pronunciarlo y que era preferible que nos llamáramos ‘The Hiddens’. Obviamente, nada de eso tenía sentido. Unos años después giramos por ese país con el nombre de Hedningarna. Lo que puede pronunciar un finlandés lo puede pronunciar un americano”, comenta Tellu, quien añade eso de “cosas de los americanos” dejando bien claro su concepción de la industria discográfica del otro lado del Atlántico. El siguiente proyecto discográfico de Hedningarna fue “Hippjokk” (97). “Iba a ser nuestro disco techno, pero con la particularidad de que queríamos grabarlo con instrumentos acústicos. Era, de algún modo, como volver a la base pero utilizando aquello que habíamos aprendido alrededor de los ritmos programados”, comentan. En aquel álbum, curiosamente, se prescindió de las vocalistas, quienes, por aquella época, eran Tellu y Anita Lehtola, que había sustituido a Sanna. “Fueron cuestiones familiares las que nos hicieron prescindir de vocalistas en ‘Hippjokk’, ya que las chicas estaban convirtiéndose en madres y tenían otras preocupaciones. Pero no fue el único motivo: el disco se gestó muy lentamente, sin pasar apenas por el estudio, en nuestras casas. Queríamos un concepto más musical. Y eso nos causó muchos problemas”, apunta Anders. Hedningarna iba, además, modificando su formación del mismo modo que iban cambiando sus objetivos musicales. Diversos músicos entraban en un disco y salían en otro, se incorporaban a una gira o desaparecían en la siguiente. “Todos los miembros de Hedningarna colaboramos en proyectos diferentes aparte de la banda. Eso es bueno, porque el músico de folk ha de coger siempre de fuentes diferentes, pero tiene una parte mala: es complicado arreglar nuestras agendas cuando queremos hacer algo juntos”, reconocen los tres músicos sentados alrededor de sendas tazas de café mientras muestran, contrariamente a lo que es habitual con la gente que llega del norte, que ellos no tienen ningún inconveniente en probar con asiduidad la nicotina. “Hippjokk” generó un nuevo maxi de remezclas (“Remix project”, también en 1997) y supuso un nuevo y considerable empujón en la carrera internacional de la banda. En “Hippjokk” residía una música hipnótica, tremendamente audaz y bailable, que conquistaba por nueva y revolucionaria. El público que asistía a los conciertos de la banda se quedaba pasmado viendo instrumentos inimaginables encima del escenario mientras que dos figuras femeninas cantaban y danzaban algo que, contagiosamente, atacaba a las neuronas del oyente. “La magia de la música está ahí. Y no es algo que se perciba a nivel intelectual, sino a un nivel físico. Es algo que llega al alma, no a la cabeza”, comenta Lissa, la vocalista que sustituiría a Anita tras la grabación de “Karelia visa”, el último disco que, hasta el momento, ha grabado Hedningarna dentro de un estudio. Aquel álbum no se grabó, como los anteriores, en Suecia, sino que llevó al grupo a la región rusa de Karelia con el fin de intercambiar sus experiencias nórdicas con las de los músicos tradicionales de la región oriental y esteparia. “Con él se nos planteó la posibilidad de viajar y de ver nuevos sabores y colores dentro de la música tradicional. ‘Visa’, además, es un juego de palabras que identifica muy bien el concepto del álbum: quiere decir ‘visado’, pero, en sueco, también significa ‘suave’. Fuimos a Karelia y nos planteamos grabar un disco acústico”, dicen. Desde entonces, el grupo no ha vuelto a entrar en un estudio salvo para recoger los dos temas nuevos que se incorporan en su reciente recopilación. Mirándolo desde fuera, a uno le puede parecer poca producción cinco discos en quince años, pero estos escandinavos, de piel fría y corazón caliente, no piensan así: “Necesitas tiempo para hacer un buen álbum. Nosotros vivimos en países diferentes y nos gusta trabajar sin prisa. Nos juntamos cuando tenemos las ideas muy claras y así nos centramos más en lo que es la mera grabación. Si quieres disfrutar de una fruta no puedes cogerla del árbol antes de que esté madura”, dicen. Con todo, a uno le surge la curiosidad de saber qué anda por dentro de estas cabezas nórdicas en relación con su próximo proyecto de estudio. Si un viaje a Karelia trajo consigo un álbum tan magnífico como “Karelia visa”, ¿qué no podrá traer una gira internacional continua de más de dos años? “Aún es un proyecto. Nos gustaría colaborar con otros músicos que nos ofrecieran cosas de otras culturas, pero lo cierto es que aún no sabemos ni como plantearlo ni a quién proponérselo. Primero tenemos que descubrir cómo podemos adaptar eso a la música de Hedningarna. Después ya buscaremos a los músicos” afirman sin desestimar la posibilidad de que en ese nuevo proyecto se convoque a músicos españoles. De hecho, su repercusión en este país crece cada vez que se acercan a él y solamente una distribución limitada y una promoción demasiado escogida les impide saltar a cotas más altas de mercado. “Cuando la gente coge la música desarrolla mucha energía. Es fabuloso ver cómo bailan con las piezas animadas y escuchan atentos cuando viene algo más lento. Nosotros siempre necesitamos un feedback con el público y aquí lo notamos en todos nuestros conciertos”, comenta Liisa refiriéndose al público español. La propuesta de Hedningarna es otra de las que pone de manifiesto el hecho de que la música escandinava se está espabilando a la hora de traspasar fronteras. Si durante una época solamente los músicos de pop y rock de Suecia y Noruega eran capaces de echarse a la carretera y salir del frío, los creadores de la música tradicional están siguiendo sus pasos poco a poco. “Cuando empezamos no creíamos ni siquiera que nuestro proyecto fuera a hacerse popular en Suecia. Fue cuando, por primera vez, visitamos Alemania cuando vimos que el público aceptaba nuestra propuesta de buen grado y que a la gente le gustaba. Entonces vimos que esto podía crecer y… míranos: ahora estamos en España y es la tercera vez que venimos aquí. Esta música tiene futuro y hasta en Estados Unidos tiene una cierta proyección”, dice Anders con evidente cara de satisfacción. El porqué del crecimiento de esta música lo explica Liisa: “En Finlandia la música tradicional se estudia igual que la música clásica. Eso la hace ser valorada por la juventud y, al mismo tiempo, modernizarse. La música tradicional contemporánea tiene mucha repercusión allí”. Lamentablemente, esas posibilidades se empequeñecen cuando las compañías discográficas se ven envueltas en crisis que dificultan su trabajo de distribución. En España los músicos que no trabajan dentro de las corrientes mayoritarias tienen enormes problemas para hacer llegar sus propuestas a un público amplio. Los escandinavos no van a ser menos, pero no es una cuestión de calidad sino, simple y llanamente, de mercado. Hedningarna es de los grupos que parecen predestinados a cambiar esas cosas. E.P. Hedningarna. “Hedningarna 1989-2003”. Resistencia
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