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Joaquín Sabina

“Diario de un peatón”. Ariola. Julio de 2003

¿Hay algún motivo, que no sea el meramente económico, para que quien quiera comprar lo inédito de “Diario de un peatón” tenga que comprar, también y obligatoriamente, “Dímelo en la calle”? No se me ocurre. Es más: considero la incidencia de haber publicado este estuche como uno más de los timos que tan a menudo surgen en este ambiente. Probablemente, dentro de unos meses el álbum podrá adquirirse por separado y, de ese modo, el número de estafados crecerá considerablemente. Primero, porque habrá quien se comprará la edición original de “Dímelo en la calle” y se la tenga que volver a comprar ahora. Después, porque se darán cuenta del engaño, uno de éstos que viene a demostrar que Sabina, últimamente, hablará como un poeta pero piensa como un banquero. Ahí están sus últimas ocurrencias con el himno del Atleti, su campañita pro-PSOE, su intolerancia hacia los Verdes y todas las demás cosas que este señor viene haciendo.

El caso es que “Diario de un peatón”, el disco que contiene material en teoría descartado para otros discos del de Ubeda, resulta ser un álbum brillante, de ésos que facilitan el que Sabina continúe manteniendo su buen nombre entre las clases altas. Y eso hace pensar que, a la hora de hacer “Dímelo en la calle”, todo estaba lo suficientemente medido como para hacer esta jugada: primero te doy lo malo, lo pagas, luego te doy lo bueno con lo malo, y así me pagas lo malo dos veces. En “Diario de un peatón” vuelven la ocurrencia, los temas originales, las historias de la calle y el canto a la desesperanza. El universo, en suma, que ha colocado a Sabina donde está, muy lejano del que ahora maneja vestido de boxeador.

E.P.

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