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Deftones
Dentro de los terrenos metálicos a uno siempre le da la impresión de andar pisando huevos. Todas las bandas que obtienen una cierta relevancia desaparecen en un suspiro después de haberse repetido más que un ajo. Deftones es de las bandas que, de momento, no cumplen la norma. Es de las pocas que mejora en cada entrega y, de momento, sigue girando con una consistencia inusual en estos terrenos. “Deftones” llega después de un álbum tan exitoso como “White pony”, disco que implicó el tan anhelado descanso para las bandas que, aprovechando lo que no saben si se va a repetir, se dan la panzada de tocar en cualquier lado concediendo horas y horas a los viajes y a los hoteles. Los chicos del grupo se dieron a sí mismos unas vacaciones de seis meses, pero, por lo que sea, no han podido aguantar. De todos modos, lo que sí es cierto es que, a la hora de concebir el nuevo álbum, lo han hecho sin prisas y, sobre todo, con un criterio de autoexigencia que se les agradece. “Deftones” no es un álbum que corte la trayectoria habitual de la banda, pero sí uno en el que cada pieza ha tenido que pasar un control de calidad. En él aparece el recurrente universo de los gritos y los ambientes cargados, pero en esta ocasión se exponen con una producción cuidadísima que premia cada detalle. Hay, también, tiempos medios y lentos en los que la banda se defiende con criterio y, sobre todo, una linealidad que no desemboca en un parón que siempre deja alguna canción por el camino. El álbum está en la línea de la banda y supera sus creaciones anteriores, aunque, eso sí, exige del oyente un gusto por la potencia, por la tensión y por lo oscuro, es decir, que te tiene que gustar el metal apretado y denso para disfrutarles. E.P.
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