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Iron Maiden Plaza de Toros de las Ventas. 12 Junio de 2003 Comenzaba el cielo a vestirse de noche cuando los Maiden hacían su aparición en la castiza plaza de toros de Las Ventas. Con un público que ya llevaba jaleando y poniendo el puño en alto desde que los pipas ultimaban detalles en el escenario, los ingleses no iban a tenerlo difícil. Suena la ya clásica introducción recitada de “Eddie”, el preámbulo al “The number of the beast” y tres seises gigantes se iluminan detrás del escenario: el coso se viene abajo. Para apuntalar la jugada continúan con “The trooper” y, a partir de ahí, todo es coser y cantar para la mítica banda de heavy metal. El sexteto muestra una profesionalidad milimétrica, los temas suenan exactamente igual que en los discos y la gente, que es lo que quiere, los corea uno sí y otro también (excepto un par de temas nuevos de un venidero disco para septiembre). Bruce Dickinson mantiene con bastante buen hacer su papel de corredor y jaleador impenitente meneando banderitas (de su país) o caderitas y dirigiéndose al público de vez en cuando, bien para presentar temas o para pedir ovaciones. El resto del grupo mantiene firmes las posiciones y las todavía envidiables melenas, que no ocultan las curradas arrugas de tantos años de trote. “Eddie”, como era de esperar, es el héroe silencioso y tenebroso de la noche: grandes cortinajes con diferentes y conocidos dibujos suyos se van sucediendo detrás del escenario dando a veces la orientación aproximada de a qué época o a qué disco pertenece cada tema interpretado. Por supuesto, el muñecajo aparece en escena, una vez vestido de rey (como uno de esos cabezudos de las fiestas populares) y, al final del concierto, con otra monumental figura suya a la que se le abre la cabeza y se le mete un cerebro (¿?). Pese a todo, sobre las tablas mandaron mucho más las canciones y la firmeza del grupo que cualquier tipo de circo, y eso es de agradecer. Como final del único bis, “Run through the hills”, ¿no es eso saber meterse al personal en el bolsillo? Kike Buitre
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