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Greenwich Village Suristán. 29 de mayo de 2003 En Madrid siempre hay algún sitio en el que, todos los años, se celebra el cumpleaños de Dylan. En éste, la sala Suristán quiso añadirse a la celebración y montó, aprovechando los jolgorios de su propia onomástica (las salas también cumplen años), un concierto de Greenwich Village, un grupo ocasional creado por músicos de varias formaciones que toma su nombre del barrio folkie neoyorquino en el que el músico de Minnessota dio sus primeros pasos. En el Village, Dylan llegó como un paleto caído en la ciudad con una guitarra a la espalda y se fue como la máxima esperanza del folk norteamericano. Allí fue ensalzado por el público del barrio y descubierto para su posterior carrera discográfica. El grupo formado para la ocasión realizó versiones muy libres sobre el repertorio más conocido del "abuelo Bob". Pero no faltó ninguno de los himnos que este hombre aportó a la historia en sus primeras épocas. Allí estuvieron, casi de forma irreconocible, “Blowin' in the wind” o “Girl of north country”, e incluso apareció, como sorpresa, un tema tan impresionante como “My back pages” aun cuando no sea de los que el maestro suele tocar con frecuencia. Cayeron también los ineludibles “Like a rolling stone” o un “Rainy day women #12 & 35” que fue de lo más coreado gracias a su estribillo facilón (“Everybody must be stoned”). Otros temas, como el largo “Hurricane” o el inédito (en la discografía oficial de Dylan) “Seven days”, tuvieron una cara menos acertada, pero, en conjunto, la noche se surtió con lo que en principio se deseaba y facilitó a los fans del norteamericano un rato agradable y reconfortante. Terminada la actuación, Diego A. Manrique se colocó en los platos y comenzó una sesión de lo más peculiar en la que aparecieron versiones curiosísimas que infinidad de bandas han realizado a partir de la obra de Dylan. Todo muy evocador, como era la idea inicial. E.P.
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