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Festimad

Móstoles. 30 y 31 de mayo de 2003

Lo cierto es que todo el mundo parecía conocerse de memoria el mapa geográfico del festival porque, como en años anteriores, todo seguía colocado en el mismo sitio (es ya el séptimo que se celebra en el Parque de El Soto de Móstoles) contribuyendo al buen entendimiento entre el público y todo lo que el evento ofrecía. Una masa tremendamente multicolor (pelos, ropajes, piercings y tatús) de casi veinte mil personas se meneaba de un lado a otro entre los seis espacios escénicos, las cincuenta actuaciones y las poco más de cuarenta y ocho horas para disfrutar de todo ello. Abrían el festival, con incansable solanera habitual, diferentes bandas estatales de corte neo metálico como Kannon, Revelbeat, Coilbox o Uzzhuaia, pero no sería hasta la salida de Hamlet que se vería la primera afluencia seria de público a uno de los escenarios. La banda madrileña presentaba su disco en directo y demostró estar en un tremendo momento de fuerza (como casi siempre), haciendo un bolo profesional y chulesco donde sobraban, más que nada, tablas. Disturbed punkrockearon sin excesivo calado, en tanto que Skin, ébano larguirucha, demostraba clase sobrada, arrogancia y un tremendo saber estar, algo que ganó por la mano a los esperados Evanescence, quienes, si bien se lo comieron todo gracias al tremendo éxito que cosechan últimamente, a veces adolecían de un cierto descoloque (si lo comparamos con Skin). Deftones hicieron una entrega sudorosa y machacante, tal vez repetitiva en exceso en modos y maneras, pero muy bien acogida por los miles de seguidores que agradecían la caída de la noche tras el caluroso día.

Con bastante retraso empezó la actuación de Marilyn Manson y uno se daba cuenta de que este año era el que más peña reunía el Festival madrileño por excelencia. Mr. Manson salió triunfal ante una explanada repleta hasta la línea del horizonte. Precedidos por una promoción apabullante, fijarse en los detalles de la parafernalia era un tanto ridículo, pues está ya machacada en las numerosas sesiones fotográficas que se llevan exponiendo desde hace meses. Lo que se contemplaba en la lontananza era un aguerrido grupo industrial con una puesta en escena agresiva y profesional, gobernada por el berraco de su líder, que repasó lo más malévolo de su repertorio haciendo hincapié, lógicamente, en su último trabajo, “Golden age of grotesque”. Por las tablas hubo streaptease, espectáculo a raudales y movimiento, mucho movimiento, que es lo que se esperaba del súbdito americano y sus secuaces. ¿Una critica? Falta de volumen, lo de todos los años, y hay quien pedía algo más de circo sadista y menos cabaretero.

Tras ellos, todo el mundo se repartía entre las carpas, teniendo gran éxito las pequeñitas que poblaban los aledaños del escenario principal. Todos al camping.

El segundo día de festival venía amenazado por una inoportuna nube que hizo de las suyas, aunque, la verdad, el asunto no importó demasiado a la peña. Si no nos fallan la neuronas, todos los años ocurre algo por el estilo. Ese día nos acercamos primero a ver al Tío Calambres (con un disco debut recientemente publicado por Zero), una súperbanda formada por componentes de Vaca Azul o Super Skunk entre otros. Gustaron por su música contagiosa para el baile, una suerte de ragga vacilón acolchado por una lluvia de scratch. También Asian Dub Foundation levantaron al personal, una multitudinaria banda con muchas tablas en este tipo de grandes escenarios. Su actuación se desarrollaba justo en el momento en que la lluvia hacía acto de presencia, lo que sirvió de calentamiento extra tanto para los músicos como para el respetable, que disfrutó abiertamente de sus pegadizos y radiados singles. Los Ojos de Brujo, en ese continuo peregrinar por todos los festivales importantes de la península, se lo llevaron de calle una vez más, metiéndose a la gente en el bolsillo con un espectáculo que, por visto, no deja de ser efectivo. También era obligado compadecer ante los Enemigos Públicos. Estos, en plena gira y con el territorio nacional ganado tras su regreso al redil (en territorio nacional sería en el Espárrago Rock de hace un par de años), deslucieron un tanto su buen hacer, quizá por regodearse excesivamente en sus clásicos. Flavour, el sempiterno bufón del reloj al cuello, nos deleitó con sus gracias, llegando a tocar el bajo y la batería, cosa que interrumpió, en cierta manera, el desarrollo de su repertorio. El MC H. Barriga, compañero de fatigas del DJ Lord (el nuevo pincha de los Public tras la muerte de Terminator X), no dudó en salir con ellos a despacharse una canción. Después ambos darían una sesión magistral en la sesión dance, algo que también haría una parte de los Asian Dub.

Otra cosa destacable de ese espacio fueron los Plump DJs que, alejándose del típico tumba-tumba-tumba, pincharon con magistralidad funky y soul con fuerza. Creo que ellos mismos hacen la música que luego utilizan para pinchar. Otros destacables, que por el accidente meteorológico cerraron el festival, fueron Radio 4, que actuarían, contra pronostico, detrás de Molotov, quienes, por cierto, volvieron a demostrar que aquí reside una importante parroquia de su religión, ésa de los slogans broncas y pegadizos enganchados hasta la muerte por la hecatombe de su anterior trabajo. Radio 4, por la lluvia, fueron trasladados al final del festi y gustaron en lo que puede considerarse una actualización de legado The Clash. Incluso un amigo decía que aquello era como si los Clash hubiesen conocido los clubs de baile actuales y mezclasen su queja social y su rock crudo con éxtasis y música actual. Audioslave, la cabeza de cartel de este segundo día, demostraron que esto nada tiene que ver con la voracidad y urgencia de Rage Against the Machine. El cambio de cantante lógicamente afecta al resultado y muchos querían ver lo que no era. Las formas vocales con tendencia al lamento y al estiramiento agónico del ex voceras de Soundgarden poco favorecían a la visceral música creada por los de Tom Morello. Por si fuera poco, los problemas de sonido les acompañaron en la primera parte de su ponencia, desluciendo el conjunto de su propuesta que, como digo, está un tanto perdida entre el quiero y el puedo.

Otro escenario, horas antes, lo cerraban los madrileños Sugarless, que hicieron lo que Sôber o Dover han hecho en otras ocasiones en ese mismo escenario: tomar la alternativa y demostrar que son una banda potente que puede hacer sombra a muchos nombres guiris. Los chavales se lo pasaron de la leche disfrutando de un escenario grande y un publico muy numeroso.

Poco más nos dio tiempo a disfrutar, así que nos marchamos a las raves que, un año más, pueblan los alrededores del Soto de Móstoles. Mucho calor en esos momentos en que el sol se empeñaba en recordarnos que llega el veranito. El año que viene más.

Kike Babas, Kike Turrón y DJ Lupas

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