|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Corcobado Caracol. 21 de mayo de 2003 Television Arena. 21 de mayo de 2003 Que la capital es un continuo hervidero de propuestas en directo no lo duda nadie, pero ya fue mala suerte que coincidieran en el mismo día y a la misma hora dos propuestas a priori tan interesantes y, en cierta manera, inexcusables. Por un lado estaba el regreso a los escenarios ibéricos de Javier Corcobado tras un retiro a tierras mexicanas, de donde se ha venido con el disco “Fotografiando al corazón”. Por otro la primera visita a nuestro país de Television, la mítica y enigmática banda liderada por Tom Verlaine, que fuese punta de lanza de los ambiguos albores del punk neoyorquino a mediados de los 70. Como la distancia en metro no era tanta, los firmantes decidimos jugar a hacer doblete y ver si podíamos, al menos, disfrutar en parte de dos propuestas tan personales como cargadas de emotividad. Lo de Corcobado no daba pie a la nostalgia: Javier, enlutado y mágicamente sereno, dio buena prueba de que tiene muy claro lo que hay que hacer en un escenario. Con una banda mixta (dos chicas, tres chicos) compuesta por teclados, guitarras, bajo y batería, e importada directamente de tierras aztecas, supo hacer chirriar sus canciones con profundidad y alevosía. Con un sonido nítido, ora molesto ora solemne, que le permitía pasar del alarido al susurro y de la bossa a la no wave, coordinaba todo ello a través de su personalidad y de su omnipresente voz mientras narraba historias de cicatrices en el cielo y amores secuestrados pretendiendo ver siempre el fondo del mar de todos los corazones. Unas paradas de metro más allá Television desilusionaban de lo lindo con un set desganado y desmitificador a partes iguales, con sonoros errores en las entradas y salidas de unas canciones que exigen un tremendo nivel de comunicación entre los componentes del grupo (y no cada uno mirando para un punto cardinal distinto). Así pues, toda la sutilidad, toda la magnífica gama de matices, tanto rítmicos como guitarreros, que exigen las canciones de un grupo como éste, se fueron dando de bruces allí mismo: los impresionantes duelos de seis cuerdas que otrora protagonizaran Tom Verlaine y Richard Lloyd se deslucían no sólo por un sonido pobre a rabiar, sino porque no parecían entenderse entre ellos. Y ¡ojo!, que era imposible dudar de la calidad técnica de los cuatro miembros sobre las tablas, ya que individualmente lo demostraban muy bien. Lástima oír en esas condiciones temas tan desgarradores y míticos como “Marquee moon”. ¿Fue simplemente un mal día o es que no se entienden? Entonces, ¿para qué se juntan? Kike Babas & Kike Turrón
|