|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Patacho El Sol. 15 de enero de 2003 Si comentaba Patacho en esta misma revista que nadie le habría publicado actualmente un álbum doble alguien podría haberle advertido, con las mismas, que dos actuaciones en El Sol en noches invernales también resulta un deseo más que ambicioso. Pero así se programó y el resultado del primer día, a nivel de público, resultó, cuanto menos, desolador. El hecho no tendría demasiada importancia (había otra noche para desquitarse) si no fuera porque cosas así afectan (y mucho) a quienes se suben al escenario esperando tener delante de sí otra cosa que no sea un vacío de cinco metros hasta el primer espectador. La propuesta de Patacho, que venía avanzada por su álbum “Fuga de vocales”, pasa por la participación de mucha gente, vocalistas que entran y salen del escenario y que, como cualquiera, necesitan un “algo” para entrar en calor. Si ese “algo” no existe la noche va desgajándose sin ánimo y con el único latido que supone el mantenerse profesionalmente encima de las tablas. El ex de Glutamato presentó una banda amparada en tres guitarras, mucho contra lo que luchar cuando se habla de vocalistas entrantes y salientes, y eso marcó la noche del día 15 hasta bien entrada la madrugada. Su pop, básicamente sesentero y de corte naif, se aliñaba con algún que otro instrumental en el que lo sureño se entretocaba con lo psicodélico para que la temperatura subiera algunos grados. Cuando aparecían las canciones, sin embargo, la primera parte del set resultó debilucha y casi de compromiso, con la presencia de algún que otro invitado que, echando una mano, salía rápidamente del escenario sin necesidad de saludar a quienes aplaudían. Lo mejor es que el concierto fue de menos a más, dejando para los últimos minutos los cortes de ritmo más pesado y aquellos que hacían posible un cierto ambiente rockero. Fue en ellos en los que los vocalistas (pareja de chico y chica) cogieron calor, sintieron mejor sus cuerdas vocales y se plantearon echarle un pulso al tridente guitarrero. Entre lo uno y lo otro, el concierto quedó ciertamente coqueto, aunque desangelado por la falta de público. La medida de los dos días resultó pelín exagerada y el resultado final lo notó. E.P.
|