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King Putreak + Doctor Deseo Gruta 77. 20 de diciembre de 2002 Era de esperar un resultado satisfactorio, pero… el doble cartel que Gruta 77 se sacó de la manga para el pasado 20 de diciembre superó cualquier tipo de expectativa positiva. Cabía pensar que Doctor Deseo cumpliría su cartel de superestrella en Euskadi aun cuando no se prodigue demasiado por estas tierras. Del mismo modo, queda claro día a día que King Putreak es una de las formaciones que mejor conjuga la trasgresión escrita con la presencia escénica. Pero lo que sólo se podía imaginar de refilón es que, en una noche mágica, las dos formaciones se echarían un pulso tácito que derivó en un resultado arrollador. Había quien discutía el hecho de que los bilbaínos ejercieran de cabeza de cartel. Obviamente, su fama y calidad les precede, pero, con las mismas, la consolidación que en directo sigue acrecentando King Putreak hacía que el público se decantara entre uno y otro grupo como favorito para la noche. El trío madrileño no tardó en poner sus cartas encima del escenario demostrando que, a la hora de ponerse delante de la gente, no basta con posturitas y arropo instrumental. Ellos ofrecen una visión del mundo tan obvia como sorprendente, unos textos tan marginales como comprensibles, unas temáticas tan brutales como familiares y una actitud tan extrema como elegante. Piezas como “Quiero ser camello” retratan una realidad tan pasmosamente evidente que asusta cuando te la muestran de cara, envuelta con traje cruzado y pantalón con raya planchada. El mundo de Doctor Deseo, sin embargo, es diferente. Vive del arrabal, del desamor y del desencanto, abunda en los días grises y en las almas atormentadas. Y ello se expresa con una presencia en directo capaz de convertir la sala en un callejón bilbaíno en el que cada cual se encuentra a solas con sus sueños rotos. Mientras que King Putreak muestra el mundo de fuera, Doctor Deseo escarba en el de dentro sin encontrar nunca la felicidad. Y, lo mejor, las dos bandas trasladan su pasión por la poesía a una actuación tan vivida que uno termina olvidando que está en una sala de conciertos. Lo único malo de este concierto es que servía para convencer a los pesimistas de que el tiempo que viene no es demasiado bueno: sea por lo que sea, un pedazo de grupo como Doctor Deseo no es capaz de llamar la atención de los medios fuera de Euskadi y King Putreak, por su parte, no consigue trasladar su credibilidad ganada ante el público a las orejas de un AR que adore el riesgo. Dos bandas tan inmensas que serían reconocidas por cualquier amante de lo diferente no son capaces de explotar de una vez y llegar a públicos masivos a los que impresionar. Siguen retratando su película poética en locales de mediano aforo dejando a quienes los ven con ganas de más. Al fin y al cabo, ni King Putreak ni Doctor Deseo son vecinos de lo convencional. Y ésa sigue siendo su mayor virtud aun cuando haya que buscarla como si fuera un tesoro. En cuanto a cómo vieron los demás el pulso… Mi chica, madrileña de pro, dio como vencedores a los KingPu. Mi amigo, el de Bilbao, piensa que no hubo otro ganador que Doctor Deseo. E.P.
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