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La problemática de las salas de actuaciones sigue creciendo. Febrero de 2003

¿Es posible una sala de conciertos en Madrid?

En una esquina del cuadrilátero los vecinos y el ayuntamiento; en la otra, diversos melómanos y grupos. En medio, los dueños de las salas. Pero en este caso no están ejerciendo de árbitros, sino recibiendo hostias a tutiplén. No parece sencillo ni rentable invertir pasta en un antro para conciertos de música, aunque se va salvando la papeleta. Pasamos la voz a los dueños del circuito madrileño de salas de concierto.

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Más allá de los aforos, todos estamos de acuerdo en que se trata de ofrecer unas mínimas condiciones a un evento musical (principalmente, buen sonido y que no se abuse en las barras), proporcionar una programación continuada y de calidad. ¿Es posible esto en la capital del estado? ¿Se puede poner a funcionar una sala dedicada en especial a los conciertos? "Con la normativa actual es complicado. La verdad es que no conozco ninguna. Programar música es como un reclamo publicitario o una marca en la tendencia de la sala, pero no conozco ninguna que gane dinero con la música en directo. Puede que a los espacios tipo Arena o Macumba les sea rentable, ya que alquilan sus espacios hasta las doce de la noche y después se transforman en discotecas", comienzan explicando desde la céntrica sala Suristán, para delimitar que un espacio único y exclusivo para conciertos es prácticamente imposible de concebir. Empezamos bien.

Antes de meternos de lleno, prestemos atención a lo que dice Nacho, encargado de la mítica sala El Sol: "la normativa es muy exigente. El local tiene que cumplir unos requisitos importantísimos y lograrlos todos es prácticamente imposible. Yo partiría no ya de un local virgen, sino de unos planos; eso sería lo mejor si se quisiera montar una nueva sala. Tanto la insonorización como la seguridad tienen unos grados brutales de exigencias, muy costosos".

Pues empecemos por ahí, por tantear lo que tenemos y no tanto por hacer en nuestra imaginación la sala ideal. Primero trazaremos una escala de recintos donde celebrar conciertos según la magnitud o el aforo de éstos. Partimos de un bar para aproximadamente ciento veinticinco personas que regenta Tekila en Vallecas; luego pasaremos por el Suristán, donde caben doscientas almas; después nos trasladaremos a Gruta 77 y a El Sol, con trescientas aproximadamente, para llegar al Aqualung, con dos mil quinientas, y terminar en La Cubierta de Leganés, con diez mil quinientas localidades. Algunas de estas estancias, como veremos y como nos han dicho en Suristán, simplemente alquilan el local a un promotor. Otras llevan su propia programación y algunas ponen sus planificaciones en manos de agencias de management.

Más datos: ¿sabes el personal que se necesita para quitar el cierre de la puerta y empezar la función? Aqualung, que funciona desde el 92, habla de aproximadamente treinta personas: seguridad, hostelería, mantenimiento, taquilla, ropero, limpieza y DJ. Desde la Suristán nos dan la carta: tres porteros, técnico de sonido, DJ, camareros por turnos, encargado de personal, guardarropa, limpieza, encargado de artistas" Y cualquier noche en Gruta 77 contabilizamos portero, DJ, técnico de sonido, guardarropa, limpieza y camareros.

Otra cosa: ¿tienes curiosidad por saber cómo demonios llega a tocar Alice Cooper en La Cubierta? Uno de los responsables de la organización del concierto, Ramón del Precinto, a quien después presentaremos mejor, nos dibuja el boceto de una gestión por su sitio: "primero: según lo importante que sea el grupo, se decide el local. Segundo: al grupo te lo ofrecen las oficinas de contratación. Tercero: se acuerda un caché por su actuación y, en caso de que sea un artista extranjero, se deposita una cantidad de dinero, el 25 o 30 por ciento del caché. El resto se empieza a pagar según acuerdo con la agencia con la que se haya contratado. En ningún caso el artista actuará hasta que no haya cobrado: de eso se encarga el road manager. Cuarto: se empieza a montar la producción: carteles, pegada, venta de entradas, contratación de equipos de sonido e iluminación (en caso de que no lo ponga el grupo), personal de seguridad, personal de descarga de equipos, seguros de responsabilidad, pago a la Sociedad General de Autores" Un responsable de producción se encarga de todo: horarios, catering, etc."

Más cosas. Imagina que tú, querido/a lector/a, eres quien conoce a Eminem por la calle Fuencarral y le quieres montar un bolo en condiciones. Te estarías convirtiendo en promotor: ya sólo tienes que hablar con Ramón del Precinto y pedirle día en La Cubierta. "El promotor es la persona o empresa que paga todo lo que cuesta organizar un concierto. Casi siempre pierde dinero y, cuando hay una oportunidad de que gane, el artista y el manager incluyen una cláusula en el contrato para que no gane demasiado. Para alquilar recintos de gran aforo uno necesita darse de alta como autónomo o tener alguna empresa dedicada al show business, ya que es imprescindible tener seguros de responsabilidad que cubran cualquier imprevisto que pudiera ocurrir durante el desarrollo de un concierto". ¡Uff! Nos estamos yendo de temática.

Definir espacios, presentar licencias

"Café Concierto. Con esta licencia podemos programar música en directo y cerrar a las seis de la mañana, como las discotecas. Pero procuramos conservar el espíritu de un pub musical", nos dice Indio, encargado del Gruta 77 de Carabanchel. Indio nos hace historia, que puede servir de ejemplo a quien esté inquieto por montar un espacio en el que programar música, de Gruta 77, un acondicionado local donde el escenario toma protagonismo y donde el ambiente rockero se prolonga terminado el concierto: "Desde hace diez años intenté, con diferente gente, montar una pequeña sala. Finalmente se consiguió un contacto. Después de presentar treinta proyectos, con inversores dispuestos a montar locales de ensayo, se les convenció para poner en marcha un local para conciertos en la planta baja. Económicamente, para que no interfieran en estilos musicales, ambiente, etc., se les propuso la explotación de dicha planta en régimen de alquiler. Y aquí estamos: con las manos libres para programar y apoyar las músicas que más nos interesan. Hacer rentable esa gestión es complicado, pero no imposible. Se trata de hacer las cuentas claras con los grupos, managers y promotoras. ¿La mejor amiga? La calculadora, entradas no muy caras y copas a precio de pub".

La inversión no es ninguna broma y tener los papeles sin arreglar supone una amenaza increíble. "Este es un negocio en que cualquier día, por mucho que lo intentes hacer bien, siempre hay alguien que no está de acuerdo. Si alguien se empeña en que cierres, cierras. Nosotros hemos tenido suerte, quizá por estar encima de la normativa: incendios, seguridad, limpieza, etc. Hemos estado siempre adelantándonos a lo que exige la Comunidad o el Ayuntamiento. Es fundamental tener la documentación al día. Tenemos un cuadernote visado por Protección Civil con las licencias, seguros, planos" todo en limpio y al día, abierto para que lo revisen si reciben instrucciones de arriba", relata Nacho, de El Sol de la calle Jardines, un local que lleva en activo desde el año 50, que comenzó a programar música en el 79 y que, aproximadamente, ofrece ciento ochenta actuaciones al año. Así mismo, nos encontramos con Tekila y su bar, donde trata de dar cabida a grupos aun jugándose el lomo. Nos explica su posición: "No hay suficientes espacios para música. En Madrid capital no hay ni una sola sala con aforo de más de 2.500 personas. Eso en cuanto a locales grandes. En cuanto a locales pequeños, casi nadie tiene las licencias necesarias aunque cumpla las normas, y eso hace que las programaciones sean casi furtivas y de boca en boca, sin promoción".

Claro, que hay veces que, aún teniendo mil ojos, te puedes llevar el susto. Es evidente que todo no se puede controlar, y menos si van a pillarte. Eso lo tienen bien marcado los responsables de Suristán: "Este año el Ayuntamiento ha recuperado un impuesto adjunto al IAE de espectáculos (las salas también pagan un IAE por su actividad de hostelería) por el cual nos han pedido, con carácter retroactivo de cinco años, unas 2.000 pesetas (12 euros) por concierto realizado en la sala y considerando que un DJ mezclando discos es también un concierto. El Ayuntamiento no había cobrado este impuesto desde hace más de quince años y nadie estaba al corriente de ello. Parece que, como va a desaparecer el Impuesto de Actividades Económicas, han querido hinchar sus recaudaciones para, seguramente, recogerlo por otro lado. El susto en nuestro caso fue en torno a dos millones de pesetas (luego se negoció a la baja) entre sanciones, impuestos atrasado, recargos, etc. La mayoría de salas con programación estable ha recibido también este requerimiento". Valiente en su ponencia el portavoz de la sala porque" no se dicen los pecadores. Hemos de mostrar el talante de este artículo y comentar que algún consultado (y no es que aparezca en este artículo) rehusó responder al cuestionario al ver referencias al Consistorio y su temible látigo.

Los Manzanos del madroño

Calibremos ahora el tamaño del marrón al que se enfrenta una sala que no está en orden con sus permisos y licencias. La cosa es evidente, por lo que nos cuenta Tekila: "pues, por lo pronto, te prohíben las actuaciones permanentemente en el local o te precintan las sala (acordémonos de Sala Alien, una temporada de la Caracol, la amenaza constante a la Boca del Lobo, etc). En ningún caso el Ayuntamiento se sienta a dialogar e intentar buscar una salida al problema. Por todo esto, las actuaciones en las salas pequeñas se promocionan con una programación de cartelería, o sea, con flyers en el local y con alguna radio del barrio. Recuerdo una vez, en una inspección de la policía municipal, que intentamos convencer al agente que lo de los carteles no eran conciertos, sino películas que poníamos todos los viernes. Creo que no me creyó".

Ramón del Precinto ha colaborado en la organización de más de mil conciertos. Es, como hemos dicho, actual director de contratación de La Cubierta de Leganés y ex-director de las salas Universal Sur y Aqualung. Además, es promotor de conciertos de la zona sur de Madrid, lo que le supone trabajar muy de cerca con el Ayuntamiento de aquella localidad. "La Cubierta es de propiedad privada mediante una concesión administrativa del Ayuntamiento de Leganés. A la hora de realizar un concierto no tengo ningún impedimento para poder realizarlo. El Ayuntamiento de Leganés colabora en la organización de eventos en la plaza y nos presta ayuda siempre que se lo solicito. Además, también patrocina". Nacho, que lleva diez años al frente de El Sol, dice sobre la amenaza del Consistorio, sentirse "afortunado, aunque con miedo en el cuerpo. Las mayores amenazas en este negocio son vecinos y ayuntamiento, en fin, las mismas que en cualquier otro".

El Ayuntamiento, según nos dicen de Suristán, tiene una extraña política que, en el caso del distrito Centro, se acentúa: "el mensaje actual es que ya no se dan licencias para bares en la zona Centro, aunque día a día se ven nuevos locales (en muchos casos franquicias) que se abren". La vigilancia del Ayuntamiento para hacer cumplir las leyes no es algo virtual. "Al abrir y solicitar licencias definitivas aplican con mucho escrúpulo la normativa de Bomberos y Protección Civil, cosa que no siempre ocurre a los locales con licencias más antiguas. Visitan a las salas más céntricas de modo rutinario". Todos los dueños están de acuerdo en cumplir con las normas de seguridad, que para eso es un servicio público, pero sin que se esté encima por el hecho de programar música en directo, más aún teniendo en cuenta que se trata de un producto para que, mayoritariamente, disfrute (y consuma) la juventud.

Ahí entraríamos directamente en otro tema interesante y preocupante para muchos de los consultados: la famosa, controvertida y novísima Ley Antibotellón. De ella y de su repercusión nos hablan desde Suristán, un espacio para conciertos variados donde se hacen exposiciones y se pincha música: "El tema de los menores también es serio. Con la Ley Antibotellón los menores de 18 años no pueden asistir a ningún concierto. A las salas tampoco pueden entrar ni acompañados de sus padres. Creo que existe algún tipo de discotecas donde, por supuesto, no se sirve alcohol, que tiene horarios especiales para los menores de 18 años". Nos completa esta explicación el Indio, que programa en su sala, por encima de todo, punk, ska, hardcore y todo tipo de cócteles enérgicos y contestatarios, es decir, grupos que consumen los inquietos jóvenes: "Los menores de 18 años no puedan asistir a un concierto, un espectáculo en café teatro, cabaret de variedades" La llamada Ley Antibotellón prohíbe a un chaval ir a ver a su grupo favorito para apartarle del alcohol, provocando así que se quede en el parque bebiendo, cosa que, por otro, lado me parece perfecto". Un razonamiento comprensible ante una ley pacata que emula los tiempos de la Ley Seca: esperan que los jóvenes salgan huyendo como ratas del centro y muevan su sucio culo a la periferia, que es donde no molestan y donde se les pone el gueto. Así, el centro quedará limpio para que las fotos salgan bonitas. "Voilá".

Para terminar con los impedimentos que propone el Ayuntamiento para liquidar la música en Madrid invitamos a responder a Tekila, desde su bar de copas que acoge a grupos: "básicamente hay dos leyes que me parecen fatales. La primera es la que rige los horarios. Mientras el resto de comercios va hacia una liberación de horarios como las grandes superficies, a los bares de copas se nos exige el cierre a las dos y media, aunque se cumplan todos los requisitos en cuanto a licencias, insonorización adecuada y se ponga especial cuidado en el exterior del local. La segunda es la Ley de Impacto Medioambiental, con la cual, después de haber realizado todas la obras para la apertura o cambio de licencia del local, te pueden desestimar la licencia haciendo un estudio de la zona basado en el numero de locales con licencias parecidas a las tuyas. Sinceramente, creo que el estudio es el del "pinto pinto gorgorito"".

¿Y la SGAE y los músicos?

Pues" poco pintan en este escrito. Empecemos por los músicos y tengamos siempre en cuenta el interés del público por la propuesta que se ofrece; él es (y sus euritos), en definitiva, el artífice de que esto tire para adelante. Partamos de una hipótesis que ha madurado el Indio: "tengo una teoría sobre que en Madrid hay tres mil personas interesadas de verdad por el rock en vivo y cinco mil tocando en grupos. Cuento con bastantes probabilidades de que esta suposición sea cierta". Tras exponer, razona: "el músico quiere básicamente dos cosas: buen sonido y buen trato. Y el público quiere otras dos: buenos grupos y buenos precios de taquilla y barra. Toda mi vida he sido público y muchas veces músico (por decir algo) y eso me ayuda mucho. El resto es hacer los números para que esto sea viable". Es decir, el Indio (voz en los Tarzán) nos está hablando de algo preocupante. Nos viene a decir que, por mucho que se abran salas en Madrid, los espectadores que acudirán a ellas, los aficionados a la música en vivo, serán siempre los mismos.

Nacho, de El Sol, se muestra un tanto escéptico con el panorama, tanto de sala como de grupos; se preocupa por mantenerse en su sitio: "Pienso que hay pocas canchas donde jugar y, como responsables de El Sol, tenemos que trillar el material que nos llega. La verdad es que hay cola para tocar, aunque tratemos de dar cancha a todo el mundo. Nosotros alquilamos la sala por cincuenta mil pelas. ¿Es que el grupo no tiene cincuenta colegas que vengan a ver el concierto y que paguen para cubrir eso? A cambio ofrecemos un sonido de la hostia, un técnico de sonido, de escenario y otro de luces del carajo".

Desde Suristán se regaña a las bandas de una manera sutil y modesta. De algún modo se reincide en la teoría del Indio, o sea, exceso de gente con ganas de subir a un escenario y poca gente con ganas de estar debajo contemplando el show: "sitos hay; pocos pero hay. Lo que también hay es una enorme oferta de artistas y, con la falta de espacios, cuesta mucho conseguir una fecha en los locales existentes. Muchos artistas noveles han de poner los pies en tierra y pensar que las salas no pueden ser los agentes que les promocionen artísticamente. Eso es trabajo del propio grupo, de sus managers, de sus compañías de discos" Las salas somos el eslabón más pequeño de esta cadena (no el menos importante)".

Otra opinión más: "No creo que hagan falta más salas de conciertos en Madrid. Lo que faltan son nuevos grupos que renueven la escena musical en España, pues hace tiempo que apenas sale nada nuevo. El problema que tienen los grupos al tocar está en que los propietarios de los locales sólo contratan a aquéllos que son económicamente rentables para sus salas. Los Ayuntamientos podrían subvencionar a los locales y todo tipo de grupos actuarían. Y saldrían nuevas propuestas musicales", puntualiza quien juega en la primera división de espacios haciéndose cargo de La Cubierta de Leganés. El mismo Ramón nos habla de las ventajas de trabajar con gente exitosa, con bandas que, sin demasiado esfuerzo, reúnan al publico suficiente para cubrir la inversión y salvar el negocio, que de eso se trata, y mucho más cuando se habla de espacios enormes. "Creo que sí existen todo tipo de locales para que actúen grupos en todo el país. La diferencia de trabajar en un local de aforo medio de dos mil personas o un recinto de diez, veinte o cincuenta mil personas es que aumenta toda la producción (seguridad, personal de carga y descarga de equipos, escenario, seguros de cancelación, grupos electrógenos, etc.) y para el promotor supone mucha más responsabilidad en caso de que ocurriera algún incidente o tuviera que suspender el espectáculo por causas de fuerza mayor".

Tras estos puntos, vayamos a por el titular de este apartado: ¿Ayuda en algo la SGAE a las salas de conciertos? Parece que sí: a vaciarse el bolsillo. Esa es la respuesta de todos los encuestados. Empecemos por el Gruta 77: "no nos pone las cosas fáciles y no apoya iniciativas de salas para promocionar nuevas bandas: está exclusivamente al lado del rico. Estamos solos con nuestro público y los músicos, pero, al menos, eso no nos falta". Lo mismo firman en Suristán, donde nos hacen una idea aproximada de lo que la sociedad llega a sacar de salas como ésta (suma las que pueda haber en toda España, multiplica y saca la cuenta): "nosotros ingresamos, hace dos años, aproximadamente dos millones de pesetas en las arcas de la SGAE. Desde el principio se ha cumplido estrictamente con ellos, pero no han hecho nada por las salas de música en vivo cuando, en realidad, son espacios donde se genera nuevo repertorio, nuevos artistas, se mueve el repertorio actual y se promociona la música. Jamás hemos recibido una ayuda de la Sociedad General y tampoco tenemos noticias de artistas que lleguen con una subvención o ayuda de ésta que permita negociar con ellos de forma más relajada". El Sol secunda lo dicho: "Deberían ayudar en algo, pero la SGAE está sólo para poner la mano, única y exclusivamente. Prefiero no hacer comentarios, pero la verdad es que sólo sabemos de ellos para pagar. Esas son sus iniciativas con las salas. Recuerdo que, un año, la AIE nos concedió una discreta subvención. Desde luego, está claro que no te informan: las tienes que pillar al vuelo. Si apoyan algo es a la Operación Triunfo, lo de siempre".

Todos piden y algunos se ajuntan

En este último tramo de ruegos y lamentos llamamos a que los responsables de salas o de espacios para conciertos a fin de que nos den una solución, para que nos digan qué falta realmente para poder disfrutar de excelentes bandas en recintos apropiados. Para empezar, Suristán habla echando un vistazo al histórico patio madrileño de salas de directo. Nos recuerda auténticos templos que hubo en Madrid por donde pasaron un montón de conciertos históricos: "¿Dónde fueron a para Rockola, Marquee o Morasol? Y, sin embargo, los promotores de conciertos se quejan de la falta de espacios profesionales en Madrid para sus conciertos. Si miramos a Barcelona la oferta es mucho más amplia, profesional y variada".

También Ramón tiene su particular visión: "Creo que en Madrid existen distintos tipos de locales según la convocatoria que tenga el grupo. En todo caso se echa en falta un local de aforo de cinco mil personas. Si no pasan por Madrid grandes artistas es porque los tres campos de fútbol que hay son muy caros y sólo en algunas ocasiones, y dependiendo de qué tipo de artista, se alquilan. En cualquier caso, valen muchísimo dinero. Las salas de conciertos necesitan realizar otro tipo de actividades además de programar música en directo, ya que suelen tener muchos gastos". Seguro que, tanto en esta intervención como en la anterior, cada aficionado tiene un grupo en qué pensar, una banda que visitó cualquier otro lugar de la geografía, pero que no recaló en Madrid.

Nacho, metiendo el dedo en la llaga, vuelve a pedir cierta comprensión, aunque sea mínima, por parte de las autoridades: "Creo que, con ayudas y con la implicación de las santas instituciones, se podrían hacer más cosas. Me refiero a que, por ejemplo, el Ayuntamiento monte un local de actuaciones a medias con una empresa. Seguro que hay muchos espacios, en plan polideportivos de colegios o cines, salones tremendos que están cerrados y que están en lugares donde no se molesta a nadie. Todo eso se podría utilizar para estas cosas, aunque" quizás que se usan para otras. El Ayuntamiento organiza el Villa de Madrid en El Sol sin tener ninguna relación especial con ellos. Y es que" ¿lo harían en el Conde Duque? Ahí los conciertos son terribles: sonido, visibilidad, instalaciones"" Además se aventura a saber por dónde verle color al asunto: "en Madrid es imprescindible un sitio de mil. En la hostelería, los gastos se rompen a partir de esa cantidad; ahí entras en tema. Mientras no rompes gastos los ingresos son pequeños, te dan para ir tapando. Cuando al hacer un concierto vas a empresa la cosa manda cojones: el pico de la SGAE, cartelería" ¡Uff!" Desde Gruta 77 también lanzan su dictamen: "que los menores de 18 no puedan ver conciertos es intolerable y acaba con el futuro del rock. Estoy por un horario libre en hostelería en general". Tekila nos cuenta su teoría, porque, por desgracia, toda posibilidad de una verdadera sala de conciertos queda en teoría: "da igual la inversión que hagas en tu negocio. Depende de las condiciones en las que te encuentres el local. Puede ser un local con diez plantas de vecinos encima, un local sin vecinos, o estar en una zona de oficinas" todo eso da igual. Hoy en día es prácticamente imposible que te adjudiquen una licencia de actuaciones en directo. Un amigo de Castellón me comentaba que iba a abrir una sala allí y que el único requisito que le ponían era alejarla de la ciudad situándola, por ejemplo, en un polígono. Eso en Madrid, hoy en día, es imposible".

Finalizando este somero repaso a las salas madrileñas nos queda por informar de un intento de asociación que está habiendo entre algunos clubs. De ello nos habla Armando, uno de los tres responsables de Suristán: "se llama "La Noche en Vivo" y es una asociación de ámbito nacional que quiere dignificar nuestra actividad y que se regule de forma coherente para poder desarrollarla dentro de la legalidad más igualitaria. De momento, en la junta directiva están Galileo, Clamores, La Boca del Lobo, Café Central, Tunk (Irún), Clavicémbalo (Lugo) y Suristán. Se van adhiriendo Siroco, Tabóo, Café de La Palma, Moby Dick y otras salas de directo englobadas en la Asociación de Bares de Huertas, donde hay otros ocho miembros más. En Cataluña existe una asociación, ASAC, con la que estamos en contacto".

Kike Turrón & Kike Babas

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