Bloc de Notas. Febrero
2003.
¿Es necesario ser un apasionado
de la música para dirigir una compañía de discos? Según los capitostes de
Sony, ni siquiera tienen que haber trabajado en el negocio de la música, lo
cual tal vez no sea buena idea para los amantes de la música, a los que constantemente
se nos intenta recortar la oferta de sonidos no obvios.
Por Diego A. Manrique
La caída de Mottola y el nuevo modelo
de discográfica
También en el mundo del disco manda
la gente de los números
El
pasado 9 de enero Thomas “Tommy” Mottola (en la foto de la derecha) anunciaba
que abandonaba su puesto de presidente de Sony Music Entertainment. Nadie
lo quiere reconocer, pero fue un despido: el muy insensato quería renovar
su contrato, que expiraba en 2004, cuando Sony ya llevaba contabilizados 132
millones de dólares en perdidas dentro de su división musical. Aunque lo presentan
como un acuerdo amistoso --el finiquito son 20 millones de dólares y Sony
se ha asociado con Mottola para el lanzamiento de su futuro proyecto discográfico--,
su marcha hace temer un período de inestabilidad en la compañía. Los máximos
directivos eran hombres de confianza de Tommy y están repensándose su futuro.
La incertidumbre se ha contagiado a otras empresas del mundo del ramo: si
Mottola, con sus 14 años (mayormente) triunfales al frente de Sony Music,
ha perdido la batalla nadie está seguro en su puesto.
Los
titulares en Estados Unidos han sido inevitables: “El fin de una era”. Y lo
es. Sony no quiere directivos que salgan en las revistas del corazón o que
--siguiendo sus instintos-- persigan a una camarera que les ha pasado una
maqueta (y así fue cómo Mottola pilló a la gran vendedora de los noventa,
Mariah Carey, que también se convertiría en su esposa, pero es otra historia;
actualmente está casado con la mexicana Thalía). En lo alto de Sony Music
está ahora un directivo acostumbrado a desenvolverse en las sombras, sin afán
de protagonismo ni vocación de cazatalentos. Y ninguna relación con el negocio
musical: el nuevo presidente es Andrew Lack (en la foto de la izquierda),
que dirigía la cadena NBC desde junio de 2001 tras haber sido responsable
de sus servicios informativos.
Llegaron las vacas flacas
Aparte de sus malos modos (sólo volaba a
Tokyo si se lo pedía el máximo capo de Sony Corporation, el honorable Nobuyaki
Idei), Mottola ha sido una víctima de los tiempos cambiantes. Aunque Estados
Unidos no sufre una piratería de dimensiones tan colosales como México o España,
la copia privada y los intercambios por Internet han erosionado el negocio
tradicional de las discográficas. Sony Music está bien posicionada en los
géneros más difundidos --el rap, el rock duro, el country para todos los públicos--,
pero sufre el lastre de los altos costos operativos: sus contratos y sus campañas
de mercadotecnia son más propios de los años de vacas gordas, cuando las discográficas
históricas se beneficiaban de la sopa boba de las reediciones digitales de
discos ampliamente rentabilizados. Incluso dentro de una industria acostumbrada
a los excesos escandalizaban casos como el de Jennifer López, una protegida
de Mottola cuyas ventas son relativamente modestas: realizaba viajes promocionales
por Europa --ya lo hemos contado aquí-- con un sequito de más de treinta personas.
Pero Mottola había sido músico y venía del negocio del management --llevó
las carreras de Daryl Hall & John Oates o John Mellencamp-- y prefería
mimar al artista.
Mottola, que cobraba siete millones de dólares
anuales (más un porcentaje de los ingresos que suponía muchos millones más),
no quería hablar de recortar gastos. Su fórmula para salir de la crisis pasaba
por involucrar a Sony en otras áreas del negocio de la música, incluyendo
el “management”, el “merchandising”, el “branding”, la promoción de conciertos
e Internet; se supone que su nueva compañía --donde Sony se ha comprometido
a invertir veinte millones de dólares-- desarrollará ese concepto de negocio
integral que puede tener problemas derivados a la legislación “antitrust”:
en el país de los “business” se contempla con desconfianza que la misma mano
controle distintas ramas del mismo negocio.
Las músicas que prefieren
que no escuches
Fuera de las radiofórmulas existen
DOCENAS de músicas
Estábamos charlando sobre lo que en España
se considera como músicas minoritarias. La gran paradoja: resulta que los
principales artistas de Cuba, Africa, Brasil o los Balcanes llenan en España
cuando --generalmente, en meses veraniegos-- vienen de gira. Sin embargo,
esas figuras nunca ocuparán las portadas de las revistas y los suplementos
musicales “made in Spain”. Por el contrario, en esos lugares destacados sí
aparecen grupos o solistas anglosajones que, cuando llegan a España, apenas
convocan a unos centenares de personas.
Está claro que alguien ha decidido que la
música principal, el “mainstream”, es el pop anglosajón y lo que se hace en
España sigue sus esquemas. Y es una decisión que tiene consecuencias a todos
los niveles: es la música que tiene preferencia en las radios, en los medios
escritos, en las tiendas. Las demás sencillamente se consideran “músicas especializadas”
y ocupan un peldaño inferior, un lugar subordinado que comparten con músicas
anglosajonas que --ay-- también son tratadas como minoritarias: el jazz, el
blues, el soul, el gospel, el country, las vanguardias… Por decreto divino,
se “prohíbe” que todo lo que no sea “mainstream” llegue al gran público. No
es anecdótico: conozco casos de discográficas que han intentado entrar en
radiofórmulas --es decir, que estaban dispuestas a pagar lo que fuera necesario--
y se han encontrado con una negativa: “es que ese artista no encaja en nuestro
perfil”.
Las deficiencias de nuestra dieta mediterránea
El
resultado es que los españoles tenemos una dieta musical mucho más pobre que
la del resto de la Unión Europea. Esas restricciones influyen inevitablemente
sobre el mercado discográfico. Hay músicas que pueden tener gran presencia
y que luego, misteriosamente, desaparecen. Sería bueno tener estadísticas
y comprobar cuántos discos se han editado el pasado año en España conteniendo
reggae, música africana, salsa, folk, merengue o música cubana. Lo de Cuba
es especialmente sangrante: después del boom parece como si en la isla se
hubiera dejado de hacer música o de investigar a los archivos. Parecido ocurrió
con aquella miniinvasión de cantantes griegas: renuentes a conceder licencias,
los sellos griegos insistían en exportar sus discos y éstos eran muy caros.
Fin del boom. Visto y no visto.
Casi todas las variedades del rock y la música
electrónica están bien representadas en España: gozan de un entramado de pequeños
sellos y agencias que se ocupan de que nos llegue --en disco y en persona--
todo lo interesante de Detroit, Melbourne o Munich. Desdichadamente, no ocurre
lo mismo con otros géneros. Aunque parezca paradójico, dependemos en buena
parte de las multinacionales para nutrirnos de música brasileña, africana
o cubana y (en menor medida) jazz y blues. Y, advierto, todo es posible: que
los discos de blues desaparezcan cuando fallezca B. B. King (más o menos la
misma suerte del reggae tras la subida de Bob Marley y Peter Tosh al cielo
de los rastas).
En las compañías grandes suele haber una
mínima infraestructura para lanzar música clásica, jazz y lo que han dado
en llamar “world music”. Y está bien, pero no es bastante. Se me ocurren muchas
preguntas, que comparto con el lector:
1.-
¿Sabemos lo que están creando los artistas brasileños que no graban para multinacional?
2.- ¿Cuánta música jamaicana recién hecha has escuchado
últimamente?
3.- ¿Somos conscientes de que los discos africanos
que nos llegan no son precisamente los que se escuchan en Africa?
4.- ¿Han encontrado los irlandeses un substituto
para esos Chieftains consagrados al “crossover”?
5.- ¿Ha sobrevivido la salsa a fenómenos como Marc
Anthony?
6.- ¿Se graban en Cuba discos que no lleven la etiqueta-de-calidad-retro
que es “Buena Vista Social Club”?
7.- ¿Se reduce el mundo del narcocorrido a Los Tigres
del Norte (en la foto de la derecha)?
9.- ¿Es Franco Battiato el único solista válido
de Italia?
10.- ¿Cuántos artistas hindúes conocemos que no
vivan en el Reino Unido?
11.- ¿Se acabó el merengue y la bachata tras Juan
Luis Guerra?
12.- ¿El tango electrónico es una exclusiva de Gotan
Project?
A eso último puede responder cualquiera que
haya comprado el último número de esa revista-con-disco que se llama “Zona
de Obras” (descarada cuña publicitaria, lo reconozco). A las demás preguntas…
tú mismo.