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Lou Reed vuelve a terrenos conceptuales con “The raven”. Febrero 2003. Un saque de béisbol
”Es mi bola rápida, un saque de béisbol a 95 millas por hora”, dice Lou sobre “The raven”. La última obra de Reed, que se editará en España a principios de febrero, es, con mucho, lo mejor de lo que el neoyorquino ha hecho a lo largo de los últimos años. Escrita como obra conceptual dispuesta a ser llevada a los escenarios, “The raven” investiga y busca dentro de la obra de Edgar Allan Poe con los ojos que solamente un personaje como Lou puede poner. “Entré verdaderamente en el mundo de Poe cuando participé en una celebración de Halloween en la iglesia de St. Anne junto a Hal Willner, mi coproductor. Cuando recité ‘The tell-tale heart’ logré entenderlo de una forma completamente distinta y me di cuenta de que mi comprensión de Poe había sido hasta entonces totalmente superficial”. El buceo dentro de la obra del poeta romántico dio como resultado una obra que, en su versión discográfica, podrá adquirirse en dos formatos: el primero contendrá todas las canciones de la obra y tres diálogos hablados; el segundo, que se publicará como doble disco, no tendrá más canciones, pero aportará otros quince diálogos. “Vamos a publicarlo en su formato original, que contiene la versión completa, con una gran presentación, y también en una versión más corta para quienes no quieran escuchar las dos horas o que prefieran probar con ella antes de lanzarse a escuchar la más larga. Así que está la gran versión y la más pequeña y exquisita”, comenta Lou. Aparte de lo que pueda dar de sí “The raven” en el terreno literario, el apartado musical no es, en absoluto, despreciable. En el álbum aparecen Laurie Anderson, Elizabeth Ashley, David Bowie, Steve Bucemi, Ornette Coleman, The Blind Boys of Alabama, Willem Defoe y Kate & Anna McGarrigle como colaboradores, mientras que la banda de soporte sigue formada por los habituales Fernando Saunders, Mike Rathke y Tony Smith, que vienen acompañando a Lou en los últimos tiempos. Con estos precedentes no es extraño suponer que “The raven” marque un hito dentro de la carrera compositora de Lou, y él así lo admite: “supone la culminación de absolutamente todo aquello en lo que he venido trabajando tiempo atrás, excepto la fotografía. Todas las ideas que tengo sobre sonido, mezclas, escritura, ritmo y rima están contenidas aquí. Es la culminación de todo lo anterior, todo”. Viéndolo desde fuera cabe entender la obra como el mayor acercamiento entre música y poesía que Lou ha realizado como obra conceptual. Y no es extraño que este momento haya llegado ahora: “Desde los catorce años he estado tocando en grupos, pero nunca he abandonado la escritura. Mientras estaba en el instituto tuve como tutor a Delmore Schwartz, y eso me influyó profundamente. Y después conocí a Andy Warhol, que también fue una gran influencia. Y todavía formo parte del Proyecto de Poesía de St. Mark, que dio a mucha gente joven (entonces yo era joven) la oportunidad de formarse y leer todo lo que escribían, que en mi caso eran letras de canciones, y presentarlo como si se tratase de literatura, como si se tratase de algo importante”. “The raven” ha de entenderse, además, como una prolongación de la obra de Reed, no como un punto y aparte. A lo largo de “The raven” se recogen y explayan apartados que ya han podido escucharse en su discografía. Prueba de ello es la aparición de dos canciones antiguas (“The bed”, del “Berlin” del 73, y “Perfect day”, del mítico “Transformer” del 72) y una pieza instrumental de experimentación electrónica que deriva, en gran modo, de su obra más controvertida, grabada allá por 1975. “’Fire music’ es una pieza intensa que grabamos tres días después del 11 de septiembre. Cuando la gente me dice: ‘¿qué piensas de lo ocurrido?’ Yo les digo eso: eso es lo que pienso, ese tema lo define. Es imposible que no te afecte. He estado tocando instrumentos electrónicos durante mucho tiempo y quería conectar con el punto en que lo dejé en ‘Metal machine music’. por fin lo he conseguido”. “The raven”, que en su versión “corta” incluye veintiuna pistas, sirve también para aglutinar en torno a Lou a muchos de sus ídolos musicales. Aparte de la aparición de Laurie Anderson o del recitado de Willem Defoe (“Su voz es como chocolate. Podría quedarme escuchando a ese tipo toda la vida”, afirma Lou), es sumamente llamativa la aportación de los Blind Boys of Alabama, la reaparición de Bowie en la carrera de Reed (nada habría sido lo mismo si el “Camaleón” no le hubiera producido “Transformer” en plena explosión glam) o el logro que ha supuesto para el neoyorquino tener, por fin, a su lado a Ornette Coleman. “Le seguía por todos los clubs, aunque no podía pagar la entrada, por lo que ha sido la ilusión de mi vida trabajar con él”, comenta Lou al habla del saxofonista, un personaje ineludible en el universo musical de Reed desde los tiempos de la Velvet Underground. Lou define su disco con palabras acertadas, probablemente las mejores para entender su contenido: “Poe escribió un ensayo titulado ‘The imp of the perverse’ en el que se pregunta por qué nos sentimos atraídos hacia cosas que sabemos que nos dañan, y ese tema recorre toda su obra. Es cierto que se trata de un tema universal y yo me siento muy identificado con esa idea”. R. Lou Reed. “The raven”. Reprise
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