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Kuraia
En principio, Kuraia se planteaba únicamente como un proyecto de amiguetes que, además de manejarse en sus propias bandas, daban con este proyecto rienda suelta a su parte más bestia. El año pasado lanzaron su disco y pretendían cerrar la puerta una vez que éste hubiera sido llevado al directo. Ahora, con considerable sorpresa por mi parte, aparece una segunda entrega que viene a decir que el plazo previsto para el entierro se ha ampliado. Y me parece bien a tenor de lo ofrecido en “Iluntasunari barre”, un álbum que empieza a definir una personalidad que aún no estaba en el debut del grupo. Aquí ya hay un sonido que, además de poderoso, es grueso, consistente, sumamente profundo y perfilado. Como podía preverse escuchando el primer álbum, la evolución gira hacia terrenos duros, muy duros, pero sin agotar por entero el territorio de la melodía vocal. En la música de Kuraia manda una guitarra demoledora, aplastante, fijada seriamente con los anclajes de una base rítmica que parece un cañón. Ante eso, la figura del vocalista no puede ser la principal, sino que juega más con un concepto complementario que termina llevando las canciones a un acabado muy correcto. Juntos, el cuarteto aparenta ser una máquina bien engrasada, preparada para largos recorridos y con gasolina de alto octanaje. Cada una de sus canciones es una impresión sonora que fotografía el aire y, con las mismas, mide tu fuerza vital a la hora de recibirlas. Sumamente contundentes, mandan con derecho intimidando al más pintado, aportando en su álbum una sonoridad que remata un trabajo de producción muy adecuado para sacar a cada uno de los componentes de Kuraia lo más fiera de sí mismos. E.P.
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