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The Mission Aqualung. 7 de noviembre de 2003 Bien es cierto que el rock gótico tiene a un público fiel que, siempre que tiene que aparecer, aparece. Pero, con las mismas, no es un público tonto. Sabe muy bien lo que quiere y quién se lo puede dar. A estas alturas, The Mission puede dar bien poco y es lógico, por tanto, que lo que antaño fuera un público entregado y seguidor hoy se haya convertido, con respecto a esta banda, en uno de discos y sofá. La actuación de los británicos en su último paso por Madrid fue poco menos que una visita de hospital: cumplir, saludar y… poco más. Ya no hay ni voluntad ni talento para nada más. El grupo, que recuerda bien poco al que surgiera de las cenizas de Sisters of Mercy, es, actualmente, una colección de trabajadores: toman su lugar en el escenario, despliegan su pequeño telón en el fondo del mismo y buscan entre su discografía para encontrar algunos títulos que puedan interpretar con cierta solvencia. Estos apenas aparecen, pero no porque no los haya, sino porque ya empieza a escasear la solvencia: las bases programadas van ganando terreno y los músicos evitan salirse de un guión mínimo. Son, enteramente, una banda de versiones, una caricatura del grupo que impresionaba a finales de los 90. Nada de potencia, nada de improvisación, nada de espectáculo. Los sonidos telúricos y ambientales que antaño acompañaban todas las canciones del grupo no son ahora sino pintorescos arreglos perdidos entre los riffs de guitarra y las sonrisas del vocalista. Actualmente, The Mission apenas llega a comunicar más allá de la tercera fila. El grupo decepcionó considerablemente y sólo consiguió algún que otro beneplácito en su bis, momento en el que el escenario se llenó de humo, las guitarras entonaron con cierta dignidad y el público reconoció alguna canción. Después… mutis por el foro y a otro lado. E.P.
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