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Emociona Jazz resulta un absoluto éxito en todas sus facetas. Diciembre 2003 Sólo faltan recintos más grandes A la hora de escribir esto ya se ha pasado el ecuador del programa de “Emociona Jazz” y todos los conciertos celebrados hasta el momento han resultado en un tremendo éxito, tanto a nivel musical como en asistencia de público. Habrá que admitir, lógicamente, que la programación tenía un excelente nivel. A tenor de lo visto, podría tenerse en cuenta una cosa para la edición del año que viene: la idea pasa por aumentar los aforos de los recintos y, en lo posible, disminuir los precios. Eso permitiría una mayor asistencia de público y colaboraría a popularizar una música que, por lo demostrado, no es tan minoritaria como siempre se pinta. Muchos de los eventos programados en la muestra han colgado el cartel de “no hay billetes” y eso se ha debido, principalmente, a lo restringido de los recintos elegidos. Si éstos hubieran sido más grandes habría asistido aún más público y se hubiera facilitado el que aficionados “no militantes” también se acercaran a alguno de los conciertos programados. El programa de “Emociona Jazz” de este año contaba con dieciséis conciertos, a los que se sumaba el cartel de lo organizado por el Club de Jazz del colegio mayor San Juan Evangelista (cinco conciertos más), el Festival de Ciudad Lineal (otros cinco) y el programa de clubs (cuatro más). Era una oferta consistente, importante y, a priori, espectacular, y sólo tenía como defecto el haber contado mínimamente con proyectos españoles dejándolos relegados ante lo extranjero. Por otro lado, la enorme concentración de conciertos en muy pocas fechas ha impedido a muchas personas asistir a todos los espectáculos que hubieran deseado dado que, si bien los precios no eran excesivamente altos, cuando se juntaban tres o cuatro entradas, cualquier bolsillo se resentía.
Muy diferente resultó lo que, tres días después, presentaba Mike Stern, de nuevo, en el Auditorio del Conde Duque. El guitarrista, que acepta cómodamente la etiqueta de jazz rocker, partió su concierto en dos dejando el rock solamente para el final. Sus primeros temas justificaron ampliamente su inclusión en el cartel del festival y le mostraron en su faceta más clásica. Su guitarra, que eludió efectos y cábalas tecnológicas, cuadró perfectamente con sus compañeros y se dedicó a ejercer de solista recordando a sus maestros. La segunda parte, sin embargo, derivó en terrenos más rockeros y llevó al instrumentista al límite de sus posibilidades de digitalización. Fue entonces cuando Stern se exhibió y mandó ante sus compañeros con una propuesta más dura y composiciones más cerradas. En un recinto más pequeño, concretamente en la sala Clamores, apareció unos días después Jason Moran, pianista que se presentaba en formato de trío y que ofreció un concierto en el que el jazz se tiñó de vanguardia y recuperó su formato más clásico. Moran, acicalado con chaqueta y sombrero, hizo de la sala su habitación para perderse en un mundo propio que en ningún momento rechazaba la improvisación. Su forma de tocar, tratando a veces al piano como si éste fuera un instrumento de percusión, consiguió muy buenos frutos en una noche la mar de inspirada.
También de absoluto éxito hay que considerar el nuevo paso por Madrid del guitarrista John Scofield, ubicado esta vez en el auditorio del San Juan Evangelista. Su presencia hizo que faltaran butacas, pasillos y sitios donde acomodar a todo el público que abarrotó el recinto hasta en su último metro cuadrado. El concierto, planteado n en formato de trío, no decepcionó un ápice. Scofield, que se mostró más comunicativo que en ocasiones anteriores, dejó para otro día sus tendencias más novedosas y completó su repertorio con clásicos y evoluciones de un gusto indudable. Su guitarra, que sigue siendo reconocible gracias a unos fraseos personalísimos, encajó perfectamente en la pequeña formación y generó diálogos preciosistas con bajo eléctrico y batería. Steve Swallow y Bill Stewart, sus compañeros, se unieron a él en un núcleo perfectamente compacto que desarrolló una actuación de una altura excelente. Junto a lo citado, también formaban parte del cartel del “Emociona” gente como Maria Schneider (que dirigía a la Danish Radio Orchestra), Nils Wogram, Elvin Jones o David Sánchez. En el momento en que se escribe esta nota aún quedan por celebrarse los conciertos de Lizz Wright, Chick Corea, Manuel D’Oliveira, Ximo Tébar y del guitarrista Juan Manuel Cañizares, quien se presenta, en esta ocasión, junto a Miroslav Vitous y Enrico Rava. En nuestro próximo número aportaremos información sobre ellos (haz ckick aquí para leerlo). E.P. Fotos: Sergio Cabanillas.
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