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Elliott Murphy

Arena. 4 de noviembre de 2003

Volvía el norteamericano por estos lares y, en contra de lo que pueda parecer, sin cansar. Bien es cierto que la generosa competencia que ha tenido el mes de noviembre a nivel de programación y la presencia de Murphy en Madrid cuatro veces en este año hicieron resentirse la asistencia del público, pero, aun así, el cantautor ha consolidado ya una base fiel de seguidores que parece perdonarle hasta los excesos.

Y es que él, con su sombrerito a cuestas y con su acústica colgada, parece tener el misterio de la continuidad: rara vez realiza dos conciertos iguales, y menos cuando viene presentando un disco tan abrumador como su nuevo “Strings of the storm”.

Murphy dejó hace tiempo el formato eléctrico. Al principio se echó de menos, pero el neoyorquino ha sabido consolidar con el tiempo un sonido que agrupa la poderosa presencia del rock con el preciosismo propio de lo acústico. Si bien en sus primeros experimentos en este campo su figura había girado hacia el formato solitario propio del storyteller, en los últimos años Murphy ha armado una banda de lo más solvente que entiende perfectamente su propuesta y que le respalda de una manera espectacular. La aportación que hace a la idea el guitarrista Olivier Durand es considerable y el tándem junto con Murphy es, en directo, una de las máquinas más engrasadas que se puede ver ahora encima de un escenario. Olivier puede llegar a ser el tipo más heavy del mundo, pero siempre afincado desde la sonoridad acústica y dejando de lado la distorsión y los efectos.

El concierto, como no podía ser de otro modo, se saldó con un resultado espectacular, con un repertorio que encuadró a la perfección los temas nuevos y con una banda que, en la actualidad, parece una sola persona. Si cada vez que Elliott Murphy viene a España hace esto… que venga muchas veces.

E.P.

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