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El saxofonista Perico Sambeat vuelve a brillar en “Friendship”. Diciembre 2003

El saxo universal

Si hubiera nacido en Nueva York se lo rifarían los programadores, estaría contratado por un sello como Verve o Blue Note y tendrías que hablarle en inglés. Pero es valenciano y, como tal, se ve envuelto en la enorme dificultad de demostrar continuamente que es un músico de calibre impresionante. Por ahí fuera ya se han dado cuenta (hace tiempo) y su último disco ha sido lanzado por Act, una compañía alemana.

Mi primer contacto con Act fue cuando me llamaron para formar parte del proyecto ‘Jazzpaña II’, en el que tuve el placer de tocar con Michael Brecker, tremendo músico y gran persona, muy generosa y humilde. Después participé en una grabación de Ramón Valle para el mismo sello y a raíz de eso surgió la posibilidad de realizar un proyecto propio. Fueron muy entusiastas y receptivos en todo y lo único que no me hizo muy feliz fue el empeño que pusieron en que el disco se llamase ‘Friendship’,ya que, en un principio, iba a llamarse ‘Eterna’. Pero… en fin: yo al final acepté y ya me he ido acostumbrando. Act es un buen sello porque cuida mucho sus productos y tiene buena distribución internacional. En este sentido, creo que fue una pena que el disco anterior, ‘Perico’, no fuera editado más allá de nuestras fronteras”. Sambeat habla de un mal endémico, una norma casi aceptada por la cual ningún músico de jazz español será profeta en su tierra. El, con todo, está en el pelotón de cabeza dentro de nuestro territorio, entre el grupo de escapados. Su trayectoria ya le ha consolidado como nuestro mejor saxofonista y sus discos cubren de calidad la casa en la que se escuchan. El último de ellos es “Friendship”, un fabuloso trabajo en el que se ve arropado por un elenco de lujo: Brad Mehldau, Kurt Rosenwinkel, Ben Street y Jeff Ballard. “Hace algunos años que tenía en mente volver a hacer una grabación con Brad tocando mis temas. La última antes de ésta fue en el 95, en un disco mío que se llama ‘Ademuz’. El resto de músicos son, sencillamente, algunos de los mejores que hay hoy en día, aparte de ser amigos míos. No dudé a la hora de elegirles”, comenta el valenciano, al que no le falta razón. Mehldau lleva unos años consolidando un papel impresionante; sus álbumes, plagados de intimismo y sensibilidad, le han servido como tarjeta de presentación para aparecer numerosas veces en España y dejar a todo el mundo con la boca abierta. Rosenwinkel, por su parte, es un valor al alza y está ganando enteros entre los aficionados al guitarrismo virtuoso. Sus dos últimos trabajos (“The nest step” en 2001 y “Heartcore” este mismo año) no han hecho sino acrecentar su figura. Street es un buen conocido suyo, ya que ambos han tocado juntos numerosas veces. El bajista mantiene en activo dos formaciones (Orange then Blue y Sephardic Tinge) y siempre ha mostrado un gusto especial por las tendencias más vanguardistas del jazz. Ballard, por último, es el batería de Origin, uno de los grupos que actualmente mantiene en funcionamiento Chick Corea. “Con Brad es con quien más he tocado, desde principios de la década pasada, cuando vivía en Nueva York, pasando por algunas giras que hice algunos años después por Inglaterra, España e Irlanda. Con Kurt también he trabajado bastante en cuarteto. Recuerdo un bolo en Barcelona, hace algunos años, con Kurt, Ben y Jeff. Jeff vivió en España una temporada y tocamos mucho juntos. Además, los dos formamos parte de la mini big band de Tim Garland, con la que hemos grabado y tocado por Inglaterra”. Juntos hacen un quinteto de lujo que en “Friendship” se rige a las composiciones de Sambeat. “Muchos de los temas los escribí pensando en los músicos que iban a interpretarlos. Creo que existe cierta afinidad entre nosotros que les hace perfectos para tocar mi música. Cada músico de jazz aporta su personalidad en una grabación y, en este caso, estaba claro para mí que su aportación iba a ser tremenda, tal como se oye en el disco”.

“Friendship” es, además, uno de esos álbumes que narra cosas sobre su autor. Muchos están acostumbrados a catalogar a Perico como un músico que trabaja habitualmente buscando relaciones jazzísticas con el flamenco, pero no es así. Su campo de acción es sumamente amplio y su discografía le avala en este sentido. La diferencia entre sus grabaciones del año pasado (“Perico” y “Cruce de caminos” junto a Gerardo Núñez) y ésta es considerable. “Nunca me planteo a priori hacer las cosas en determinado estilo. Me dejo llevar y hago lo que me apetece. Entiendo esto que dices de los saltos estilísticos, pero concibo el jazz como una música que abre muchas puertas, un lenguaje con el que puedes entenderte con otros músicos en muy distintos contextos sin dejar de ser tú mismo. Y eso es lo que intento hacer. El jazz, hoy en día, va mucho más allá del concepto de swing”. “Friendship” no puede verse, entonces, más que como otra etapa dentro de una carrera amplia y abierta. “Creo que es lógico, ya que me ha salido así de forma natural. En el fondo, no hay tanta diferencia entre dos temas míos tocados por distintas formaciones, aunque uno sea una bulería y el otra un tema ‘staight ahead’. En esencia, estoy convencido de que es lo mismo. Mi música, para bien o para mal, se mueve por cauces parecidos, tiene muchas similitudes aunque el contexto sea distinto”, afirma el saxofonista.

Lo comentado no es sino una confirmación de una discografía extensa y de una solvencia en directo más que reconocida. Ahí están, por ejemplo, el “Punto de partida” (91) que unió a Perico junto al legendario Tete Montoliú y al siempre sorprendente Wallace Roney, o aquel “Dual force” (96) que le presentaba en directo en el Ronnie Scott londinense, o ese “Some other spring” (99) en el que Perico medía su saxo frente al piano de Bruce Barth y su cuarteto… “Cada grabación que he hecho me ha aportado algo positivo, desde aquella primera con Colina, McGill y Bover (que sólo fue editada en vinilo) hasta esta última. Recuerdo todas con bastante cariño, quizá porque hasta hoy he sido yo el único responsable del resultado musical de mis discos, sin dejarme guiar por productores o factores comerciales. Eso implica un enorme esfuerzo a la hora de plantearte una grabación. Quizá recuerdo con especial cariño la producción de ‘Ademuz’ (98), que fue bastante dura a nivel de trabajo y después no acabó de recibir buenas críticas pese a que yo, hoy en día, pienso que es uno de los mejores discos que he hecho”.

A lo largo de sus obras siempre ha defendido un concepto libertario de la música, el ver a ésta como un balcón al que asomarse continuamente para ver lo que ocurre en la calle de enfrente. “No creo que haya un experimento que pueda destacar más que otro, pero hoy en día disfruto mucho tocando con Cruce de Caminos junto a Gerardo Núñez y otros grandes músicos. Es una aproximación del jazz y el flamenco que me gusta mucho”. Otro proyecto singular, otra prueba de lo apuntado, es la participación de Perico en una experiencia multicultural: “es un grupo que hace música ‘gnawa’, del norte de Africa. Hicimos una grabación bajo el nombre de Perico Sambeat y Gnawa Alfein de la que quedé muy contento, pero que, por distintas razones, nunca fue editada”. Su pasión por este arte no parece tener límites y, cuando se le pregunta por sus más recientes descubrimientos, apunta nada menos que a Símion Zlötick, “un búlgaro que toda el ud. Es increíble, una música de gran frescura y virtuosismo”.

Con este currículum no puede extrañar que el talento de Perico sea requerido más allá de nuestras fronteras. “Suelo hacer colaboraciones esporádicas fuera de España. Cada año toco en noviembre en Portugal con una Big Band europea que invita a distintos directores. El año pasado fue Maria Schneider. En Portugal colaboro también con otros muchos músicos. Hace poco grabamos un disco con Rodrigo Gonçalves en el que también participó Mark Turner. Con Cruce de Caminos hay prevista, de igual modo, alguna gira por fuera y con mi sexteto he estado en Uruguay y Argentina el pasado agosto. Mucho frío”, comenta el músico, quien es plenamente consciente de la situación que el jazz vive en nuestro país. “No sé. Me apena un poco tener en España tan poco trabajo como líder, sobre todo en Valencia. Creo que muchos músicos me aprecian y respetan, pero muchos críticos y programadores siguen viendo con mejores ojos lo que viene de fuera y aún existen prejuicios a la hora de valorar el jazz que no se hace en Estados Unidos”.

Aun así, el valenciano no para: “Tengo un proyecto con el sexteto con el que llevo trabajando algún tiempo y en el que tengo mucho material original. Creo que es un grupo que suena con mucha fuerza. Además, estoy preparando un repertorio de onda más flamenca para quinteto”. A la hora de elegir colaboradores para sus próximos proyectos Perico tiene, como todos, sus sueños: “Hay muchos músicos a quienes admiro cantidad y con quienes me gustaría tocar, pero, por mi experiencia, creo que me siento mejor tocando con músicos de mi generación. Esto no quiere decir que no me gustaría tocar con Elvin Jones o Roy Haynes, por ejemplo. Con Roy estuve a punto de hacerlo cuando vivía en Nueva York”.

El futuro aún está por escribir, pero el presente es obvio. El jazz, además, tal y como dice el propio Perico, todavía tiene que escribir muchas páginas de color diverso y nos encontramos ante un panorama en el que los revivals de las formas clásicas se entremezclan en el mercado con novedosas tendencias de fusión que llegan a incorporar aportaciones de corte electrónico. “Creo que el jazz, hoy en día, tiene facetas muy creativas y, felizmente, hay grandes músicos diseminados por todo el planeta. Ya no es como antes, que la mayoría se concentraba en un pequeño territorio. En nuestro país está creciendo enormemente el nivel, hay jóvenes que tocan que no veas y tienen cosas que decir. En cuanto a la cuestión de estilo, antes yo era un poco contrario a los ‘revivals’, como tú los llamas. Ahora he cambiado de opinión y escucho con gusto a músicos que recrean el pasado si lo hacen con rigor y honestidad. Lo mismo cabe decir de tendencias más modernas: hay algunas que no me hacen muy feliz, pero otras, ya sea combinando la electrónica o lo que sea, creo que son muy positivas”.

E.P.

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