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Laseda

“Dulce arañazo”. Oihuka. Abril de 2003

¿Alguien duda de que Raúl, el futbolista del Madrid, pueda algún día jugar en el Barça? Yo, por lo menos, no. Cosas más increíbles se han visto. Y esto de Laseda le da mil vueltas a la metáfora balompédica. ¿Alguien podría pensar que Carlos Creator podía dejar temporalmente su afamada faceta de productor de rock contundente y liarse montando una banda de… techno pop? Pues ahí le tienes. Con un par.

Laseda es el trío que Creator ha conformado junto a Juani Montañés y Txarli Cuevas, ambos también con experiencias anteriores y con una evidente (ahora) añoranza por tiempos pasados en los que la música española comenzaba a inmiscuirse en terrenos “modernotes” y noctámbulos. Su álbum de debut es lo que hubieran hecho Alaska y sus compañeros de los 80 si hubieran sabido lo que era manejarse en un estudio. Y la cosa, admitámoslo, tiene su gracia.

De un tiempo a esta parte, el pop ochentero español ha pasado a ser reivindicado como contraposición de la etapa “indie” en la que todo el mundo miraba para afuera. Si bien la idea resultaba agradable (nunca es negativo mirar a nuestra historia), los resultados pecaban de infantilismo y de una postura tan amateur que pocas veces se concretaba en obras de alguna valía. Ahora, y en esa misma tesitura, un disco como el de Laseda demuestra que aquel concepto puede ser no sólo reutilizable, sino mejorable, cosa que la mayoría de los grupos con esos referentes ni se atreven a intentar. Lo que hace Laseda es volver las tornas, demostrar que el sonido no se acaba en las tan entronizadas (por entonces) guitarras eléctricas y que, en el pop para bailar, el sonido tiene un componente fundamental que hay que revisar con cierta frecuencia.

E.P.

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