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Blue Alien’s Temple
Siempre se agradece que un músico crea en su obra hasta el punto de que, si no consigue encontrar una compañía que se lo edite, al final lo ponga en la calle autofinanciándose. El sistema, hay que admitirlo, no da demasiados frutos en nuestro país dado que poner un disco en la calle no implica, ni por lo más remoto, que la gente se vaya a enterar de ello, pero, cuanto menos, apunta a una actitud que no es muy frecuente en una comunidad tan llorona como la musical. Siempre es más fácil echar a los otros la culpa de lo que tú no te has atrevido a hacer. Viene esto a cuento porque la gente que montó Mr. Jefferson ha terminado convirtiéndose, con el tiempo, en Blue Alien’s Temple, una banda que, a tenor de lo ofrecido en este primer disco, va a tener difícil lo de encontrar compañía en los tiempos que corren. Ello es debido, principalmente, a que la banda genera una propuesta absolutamente vanguardista, alejada de cualquier tópico posible y en modo alguno complaciente con cualquier tipo de oyentes determinado. Ellos unen un concepto singular del rock con un uso muy esquemático de la electrónica, y eso genera una música a medio caballo de diez o doce estilos pero sin terminar de montarse en ninguno. Que no se entienda mal: lo que hace este trío no es una música de fusión. O, por lo menos, no tal y como se concibe esa etiqueta. Lo suyo es un planear ciertamente etéreo en el que los instrumentos abonan piezas con una construcción muy singular, imaginativa y, por momentos, brillante. En otras ocasiones la experimentación se va hasta puntos poco comprensibles que, quizás, funcionan mejor con el público delante asistiendo a una pasión explosiva. El resultado es interesante para quienes dicen estar siempre buscando algo nuevo bajo el sol. E.P.
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