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Dusminguet

Sala Arena. 6 de marzo de 2003

El aforo de la sala estaba animadísimo (y a rebosar) desde el inicio del concierto por tres motivos fundamentales: los catalanes presentaban nuevo trabajo que, para suerte de sus fans, está cortado por el mismo sastre que los dos anteriores, sólo que con más estilosas y sabias líneas de corte. Otra razón es que traían nuevo bajista en la formación (un orondo moreno que maneja las cuatro cuerdas con mucha habilidad), y la última es que todos sabemos que saben (¡toma redundancia!) manejarse cara a cara con las audiencias más inhóspitas. Este no era el caso: la animación de la concurrencia partía de una primera observación. De primer plato, el publico fue degustando las canciones nuevas: el grupo las arrojaba y, sin tiempo para pensárselo dos veces, ya estaba la siguiente encima con ese saber hacer rico en intensidades y ritmos que gastan los Dusminguet. De segundo y postre, esa cuquísima colección de hits que se han ido currando.

El caso es que Madrid ha sabido captar la onda de estos músicos, apreciar las inmensas posibilidades que ofrecen desde sus, a priori, simples planteamientos de marchita mestiza enrollada. Y ellos, lejos de dejarse llevar por cualquier fiesta o amilanarse ante un bolo en pleno centro de la capital, canalizan el desparpajo de sus canciones, las dosifican sin dejar una gota en el austero, aunque autentico, envoltorio que los caracteriza, o sea, acordeón al frente y que-viva-la-madre-que-nos parió.

Mientras periodistas, músicos y demás faranduleo profesional nos asomábamos desde la lontananza de la sala al luminoso escenario, el respetable se sudaba a bote pronto cada una de sus composiciones. Un grupo humilde, a su bola y con un saber propio que, en breve, tras cumplir con los compromisos estatales, se lanzará a una nueva aventura europea.

Kike Buitre

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